Daniel Morcate

DANIEL MORCATE: Hollande y los mendigos de París

En una protesta en París contra medidas del gobierno francés en el sector de la salud, un empleado de un hospital, disfrazado como el presidente Francois Hollande, muestra un cartel que dice: “Ustedes son millones, yo tengo miles de millones”.
En una protesta en París contra medidas del gobierno francés en el sector de la salud, un empleado de un hospital, disfrazado como el presidente Francois Hollande, muestra un cartel que dice: “Ustedes son millones, yo tengo miles de millones”. AFP/Getty Images

París – Se la considera la ciudad donde la gente no solo es sino que también existe. Es como tributo a la fuerza con que se arraigó y creció el movimiento filosófico, literario y artístico del existencialismo en esta hermosa capital francesa. Y poco parece haber cambiado culturalmente desde aquellos años 30, 40 y 50 en los que guiaron a varias generaciones de franceses grandes pensadores y escritores como Jean Paul Sartre, Simone de Beauvoir, Albert Camus y Maurice Merlau Ponti. Por estos días, sin embargo, a París la golpean señales de que el ser y existir se ha vuelto una verdadera pesadilla para un sector de su población.

Ante el aumento vertiginoso del costo de la vida, diversos sindicatos le han declarado la guerra al gobierno socialista de Francois Hollande. El hombre apaga un fuego laboral con ciertas concesiones y promesas solo para ver surgir otro cada vez más peligroso. El más reciente le está costando al país un ojo de la cara. Y a mí estuvo a punto de arruinarme el viaje a Francia. Lo protagonizan los pilotos de Air France, la emblemática aerolínea nacional que tiene su sede principal en los Campos Elíseos. Me dicen que las autoridades capitalinas han prohibido las protestas frente al hermoso edificio neoclásico para evitarles el mal rato a los turistas.

Pero de lo que difícilmente se salva un visitante a París en estos días es del espectáculo lamentable de la mendicidad de un sinnúmero de ciudadanos. Son las víctimas más visibles del desempleo y subempleo que, combinados, probablemente ascienden a casi 18 por ciento en toda Francia. Los mendigos piden limosnas en las estaciones del metro y cerca de los monumentos y museos frecuentados por extranjeros. El pasado lunes me tocó ver como almas caritativas alimentaban con sopa caliente y baguettes a una procesión de indigentes, entre quienes abundaban los inmigrantes de las antiguas colonias francesas, en la Place de Clichy, en pleno centro de la ciudad.

Francia tiene un corazón blando para los que sufren. Aquí la caridad empieza por casa. Organizaciones caritativas privadas despliegan brigadas de voluntarios para aliviar la pobreza de muchos parisinos. En los barrios donde se tambalea la tradicional clase media se ofrece asistencia médica gratuita, la seguridad social se hace presente y hasta se han instalado sofisticados baños públicos para quienes tienen a los parques y zaguanes por viviendas. París ya no necesita a un Víctor Hugo para contar la triste historia de los Jean Valjeans de esta época. El tema de la indigencia, la marginación y la difícil adaptación de cientos de miles de inmigrantes domina la discusión pública.

Azotado por la crítica interna y externa, el gobierno de Hollande busca en vano una salida a los problemas económicos. La deuda per capita del país se aproxima a los 80 mil dólares. La cifra es inferior a la de Estados Unidos. Pero Francia no tiene la misma capacidad crediticia de Washington. El gobierno de Alemania se lo recuerda con frecuencia desde hace un par de años. Angela Merkel se ha erigido en la crítica más vocal de Hollande, a quien le exige una austeridad que no se aviene a la retórica socialista del presidente francés.

De hecho, aquí ningún gobierno ha funcionado dentro de su presupuesto en décadas. El de Hollande no tiene intención de ser el primero. El mandatario francés acaba de advertir que no cumplirá con las metas deficitarias de la Unión Europea por lo menos hasta 2017. Su plan es más bien recortar miles de millones en impuestos a los negocios, lo que probablemente debilitará aún más el presupuesto del gobierno. La izquierda llevó a Hollande al poder. Ahora se pregunta si con su torpe manejo de la economía está poniendo en peligro al legendario estado benefactor francés.

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