Daniel Morcate

DANIEL MORCATE: Duelo a garrotazos

Numerosos independentistas se concentran en la plaza de Sant Jaume de Barcelona, durante la firma del decreto de convocatoria de la consulta por la soberanía de Cataluña el sábado pasado.
Numerosos independentistas se concentran en la plaza de Sant Jaume de Barcelona, durante la firma del decreto de convocatoria de la consulta por la soberanía de Cataluña el sábado pasado. EFE

Barcelona – En el Museo del Prado de Madrid volví a contemplar el otro día el Duelo a garrotazos, el poderoso cuadro de Goya que simboliza las eternas rencillas entre españoles. Muestra a dos hombres curtidos que se disponen a lanzarse un violento zarpazo. Ambos tienen los rostros desfigurados por el estilo que utilizaba el ilustre artista durante su etapa de pinturas negras, precursora de gran parte de la pintura moderna. Los combatientes parecen más concentrados en asestar el primer porrazo que en esquivarlo. Y tienen las piernas enterradas de tal modo que ninguno puede huir. Si esta interpretación metafórica del cuadro fuese válida, es como si Goya nos hubiera querido decir que los españoles no pueden o no quieren dejar a un lado sus divisiones regionales y étnicas. Esto último es un decir, claro está, pues aquí el que no tiene de visigodo tiene de celta, de árabe, de sefardita y ahora también de negro africano, para no hablar de esa amalgama que los etnólogos llaman “raza mediterránea”.

Cataluña protagoniza ahora un nuevo acto de rebeldía contra el poder central de Madrid. Me he topado con una Barcelona en plena efervescencia independentista. La Generalitat de Cataluña, el gobierno de esta región autónoma, aprobó una consulta para preguntarles a los catalanes en noviembre si quieren llevar la soberanía hasta las últimas consecuencias. Lo que eso significaría no está del todo claro, salvo para los independentistas tradicionales. Para ellos sería dar un primer paso importante con el propósito de dejar atrás de una vez y por todas la dependencia política del gobierno central español.

El gobierno conservador de Mariano Rajoy, desde luego, no tiene intención de reconocer la validez de la consulta. Se ampara para ello en un inciso de la Constitución española de 1979 que reserva para el gobierno central la facultad de convocar referendos populares. También se apoya en el hecho histórico de que una abrumadora mayoría de catalanes acepto esa Constitución. La mesa queda servida así para otra enconada pelea entre dos sectores de España, una de tantísimas batallas étnico regionales de las que llenan el día a día de este país.

Los resentimientos y resabios que estos enfrentamientos suelen dejar en la siquis de muchos españoles no deben subestimarse. Se reflejan en los prejuicios, ideas y actitudes que algunos desarrollan hacia otros. Le dan colorido al lenguaje popular. Se filtran en la literatura y el arte de cada región española. Pero, a la vez, los conatos autonómicos e independentistas de ciertas regiones sirven para que se destaquen más y se reconozcan mejor sus singularidades: sus lenguas originales, culturas autóctonas y peculiaridades idiosincrásicas. Esta ha sido una constante de la nueva España que sucedió al franquismo. Y, paradójicamente, ha sido un factor clave en la consolidación y estabilización de la aun joven democracia española.

Rajoy ya anuncio que recurrirá el “grito” independentista de Artur Mas, el líder de la Generalitat catalana. A su vez Mas se ha parado en sus trece. Los principales medios españoles ostensiblemente se inclinan hacia el centralismo. Y no es casualidad que hayan comenzado a escarbar con furia en las finanzas de líderes catalanes para buscarles trapos sucios. Los tribunales españoles probablemente resolverán esta última disputa constitucional con gruesos ribetes regionalistas. Pero la nueva bronca ahondará la desconfianza crónica entre dos sectores de España. El Duelo a garrotazos del gran Goya habrá confirmado así su eterna vigencia.

www.twitter.com/dmorca

  Comentarios