Daniel Morcate

Wall Street y la impunidad

El ex secretario de Justicia Eric Holder anuncia el pasado agosto un acuerdo con Bank of America para resolver problemas legales relacionados con la crisis financiera del 2008.
El ex secretario de Justicia Eric Holder anuncia el pasado agosto un acuerdo con Bank of America para resolver problemas legales relacionados con la crisis financiera del 2008. AP

Consciente de que era uno de sus serios fallos como procurador general de justicia, Eric Holder prometió el último día que pasó en su cargo que se haría justicia con los banqueros de Wall Street que provocaron la Gran Recesión. En esa ocasión se pavoneó de que había ordenado a sus fiscales investigar a cada uno de esos banqueros y preparar un encausamiento en su contra “en 90 días”. Eso fue el pasado 17 de febrero. Los 90 días sobrepasan ya los 120 y no se ha anunciado encausamiento alguno. Ni siquiera se ha revelado el resultado de las indagaciones que hicieron los subordinados de Holder. Y la oficina de prensa de Loretta Lynch, la sucesora de Holder, nos dispara un “no comment” más grande que una catedral a los periodistas que preguntamos cómo marcha la cosa. Sus portavoces invocan lo de “no comentamos sobre investigaciones en marcha” para no contestar.

La última vez que me interesé por el asunto el año pasado la retórica del Departamento de Justicia de Holder era diferente. Sostenía que era imposible procesar a los banqueros y que era preferible recuperar el dinero de los contribuyentes que había invertido el gobierno para salvar de la quiebra a sus instituciones. El gobierno, en efecto, ha recuperado buena parte de esos fondos. Pero también ha demandado a casi 1200 ejecutivos y directores de bancos pequeños por su participación, comparativamente menor, en la debacle financiera. A los que sigue sin demandar es a los pejes gordos, aquellos a los que los expertos consideran los principales responsables. Esto ha provocado la indignación de banqueros pequeños y medianos que con razón critican la forma desigual en que el gobierno del presidente Obama está impartiendo justicia. “Estos tipos de Wall Street sacan la chequera y hacen un cheque”, dice con amargura Camden Fine, presidente de la Comunidad de Banqueros Independientes de EE.UU.

Uno de los argumentos que esgrimía Holder para no procesar a los banqueros de Wall Street era que iba a resultar muy difícil demostrar su responsabilidad en los hechos. Pero desde que invocó esa excusa, los grandes bancos a los que ellos dirigen no solo han aceptado su culpabilidad sino que han pagado enormes sumas para expurgarla. Así, por ejemplo, J.P. Morgan Chase reconoció que había falsificado la calidad de los valores (securities) que vendía usando hipotecas inmobiliarias como garantía. Y pagó $13 mil millones por ello. Citigroup abonó $7 mil millones para compensar por una infracción similar. Pero la culpa de estas instituciones tiene nombres y apellidos porque no es otra que la de sus ejecutivos que idearon, ejecutaron y encubrieron la costosísima manipulación financiera.

La incapacidad que hasta ahora ha demostrado el gobierno de Obama para procesar a los principales responsables de la Gran Recesión es uno de los mayores fracasos de la justicia en Estados Unidos en décadas. En los años 1970, cuando estalló la burbuja por los infames “bonos chatarra”, las autoridades federales procesaron con éxito prácticamente a todos los causantes. El nombre de Michael Milken viene a la memoria. En los años 80, Washington también persiguió con éxito a centenares de los protagonistas de la debacle de los bancos de ahorros y empréstitos, muchos de los cuales terminaron tras las rejas o fugitivos en otros países. Ahora el nombre de Charles Keating salta a la memoria. Y en los años 90 se hizo justicia por los fraudes que cometieron Enron y WorldCom. Sus poderosos ejecutivos, Jeffrey Skilling y Bernie Ebbers, fueron debidamente procesados.

Lynch, la nueva procuradora de justicia, anunció recientemente nuevas sanciones billonarias a bancos de Wall Street que manipularon los mercados financieros. Y con enérgicas palabras criticó por ello a sus traders veteranos. Algunos creen que sus declaraciones entreabren una ventana de esperanza de que tal vez haga lo que no hizo su antecesor: encausar a banqueros de Wall Street por su papel en la Gran Recesión, de la que aún lucha por recuperarse el país y a la cual no sobrevivieron las finanzas de miles y miles de familias norteamericanas. La posibilidad de hacer finalmente justicia queda en sus manos e, indirectamente, en las del hombre que la nombró: el presidente Obama.

Siga a Daniel Morcate en Twitter: @dmorca

  Comentarios