Daniel Morcate

La trampa mortal de los republicanos

El candidato presidencial republicano Chris Christie, gobernador de Nueva Jersey, visita un festival griego en Manchester, Nuevo Hampshire, el 29 de agosto, en el marco de su campaña.
El candidato presidencial republicano Chris Christie, gobernador de Nueva Jersey, visita un festival griego en Manchester, Nuevo Hampshire, el 29 de agosto, en el marco de su campaña. AP

El tema espinoso de la inmigración se ha convertido en la trampa políticamente mortal que los aspirantes republicanos a la presidencia no saben superar. La intención de muchos estrategas del partido era hacer malabares alrededor del asunto durante las primarias para luego presentar una postura firme pero sensata durante la contienda final frente al nominado/a presidencial demócrata. Pero la retórica incendiaria de Donald Trump dio al traste con ese plan. En lugar de ello, los precandidatos del GOP tropiezan y se empujan entre sí para demostrar que son duros en lo que respecta a inmigración. Creen que la dureza es la mejor credencial que tienen que mostrar ante el sector antiinmigrante y antihispano del partido, la base ultraconservadora que una vez más toma como rehenes a los moderados. El problema radica en que la presidencia está en la balanza. Y la retórica antinmigrante es la forma más segura de que el GOP vuelva a perderla.

El pasado fin de semana el gobernador de Nueva Jersey, Chris Christie, opacó su imagen de conservador moderado y bonachón para hacer una radical propuesta antiinmigrante: rastrear a los extranjeros que lleguen o que ya se encuentren en el país como si fueran “paquetes de Federal Express”. “He aquí lo que haré como presidente”, dijo Christie. “Le pediré a Fred Smith, fundador de Federal Express, que trabaje para el gobierno durante tres meses en la Oficina de Inmigración y Aduanas y que identifique a esta gente”. Fue su manera de llamar la atención de los medios y votantes republicanos que sirven de caja de resonancia a las enormidades de Trump sobre inmigración y otros temas.

La burda retórica de Christie contra los inmigrantes es solo la más reciente de una retahíla de propuestas y expresiones crudas e irresponsables por parte de aspirantes republicanos. Trump, como sabemos, acusó a los indocumentados de ser traficantes y violadores y se comprometió a deportar a más de 11 millones. Ocho de los 17 aspirantes del GOP han rechazado el derecho de los niños que nacen en Estados Unidos a recibir la ciudadanía en forma automática, como exige la Constitución. El usualmente sensato Jeb Bush cayó en la trampa retórica de referirse a los “bebés ancla”, ignorando u olvidando que la expresión ofende a muchos inmigrantes y que los niños indocumentados que nacen en Estados Unidos han de cumplir 21 años antes de poder comenzar a tramitar la legalización de sus padres. Once de los 17 precandidatos quieren terminar el muro en la frontera con México. Scott Walker ha propuesto erigir otro en la frontera con Canadá. Todos, con la excepción de Lindsey Graham, han rechazado una vía clara a la legalización para los indocumentados y las ciudades santuario que prudentemente desvinculan el trabajo de sus policías del que realizan agentes de inmigración.

Estas expresiones y posturas intransigentes alimentan el rechazo a los republicanos de la inmensa mayoría de votantes de minorías. Con razón muchos saben o intuyen que la verborrea antiinmigrante va contra ellos, se inspira en la oscura historia de racismo, discriminación y marginación del país. La retórica antiimigrante, si no el último, es el más reciente refugio de los racistas y los intolerantes en este país. Frenarla y erradicarla es un deber de todo líder político responsable. En lugar de ello, la mayoría de los aspirantes presidenciales republicanos se están disputando la supremacía en el uso de conceptos hirientes para muchos inmigrantes. Nadie debería sorprenderse, entonces, si los electores de minorías vuelven a dar su apoyo abrumador, y por consiguiente la victoria, al candidato demócrata el próximo año.

Estrategas y activistas republicanos son conscientes del problema del partido con el tema de inmigración. Pero una vez más se muestran impotentes para contener la andanada retórica y ven con alarma cómo se desvanecen las posibilidades de atraer una amplia coalición de votantes que le permita al GOP recuperar la Casa Blanca. Es verdad que el surgimiento de un demagogo como Trump no figuraba en los planes partidistas. Pero tampoco puede negarse que el personaje es una consecuencia lógica de la incapacidad que ha mostrado el GOP para frenar la hegemonía de sus seguidores extremistas.

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