Daniel Morcate

Devolver lo ajeno

Una nube oscura se cierne sobre la luna de miel del gobierno del presidente Obama con la familia Castro: el serio problema de las propiedades hurtadas por los castristas. Tras bastidores las presiones aumentan sobre Washington para que trate el espinoso tema. Los negociadores norteamericanos están debidamente entrenados para bailar alrededor de la cuestión engorrosa de los derechos humanos. En esta materia su sobada tesis es que dos años y medio de negociaciones y casi un año de relaciones no se comparan a más de 50 de hostilidades. O sea, apelan a la eternidad. Algún día Cuba los respetará, hemos de suponer, como algún día los respetarán China y Vietnam. Pero lo de las propiedades confiscadas es harina de otro costal. Un entuerto que pasa por las entidades internacionales que prestan o regalan el dinero que ansía La Habana para preservar la dictadura. Por las empresas con las que coquetea junto con Washington para que inviertan en Cuba. Por las cortes de justicia donde están pendientes miles de reclamos. Y por los sentimientos de las víctimas que han aprendido del ejemplo de Europa del Este.

He aquí el problema en números constatables: la familia Castro y sus alabarderos les deben $8 mil millones principalmente a empresarios norteamericanos a quienes les confiscaron sus bienes entre 1959 y 1961, según el Departamento del Tesoro. Este ha certificado como válidos seis mil reclamos y descartado casi seis mil más por falta de pruebas que, con la nueva apertura a Cuba, pudieran aparecer. Otra probable complicación para el engagement. El incremento en los viajes a la isla ha producido un discreto pero creciente trasiego de documentos de propiedades que a menudo van a parar a los despachos de una docena de abogados de la Florida y Nueva York especializados en el robo internacional de propiedades.

La familia Castro se ha preparado durante años para enfrentar el asunto con demagogia. Así nació su camelo de que los norteamericanos le deben miles de millones por el embargo y “las acciones terroristas contra Cuba”. Pero ese subterfugio no abre las arcas de entidades prestamistas internacionales, ni estimula las inversiones extranjeras en la isla, ni mucho menos prospera en las cortes que ventilan demandas judiciales. Incluso ha trabado las negociaciones para que las principales aerolíneas norteamericanas viajen a la isla. Lo único que ayudaría a Cuba sería reconocer esa deuda y la que tiene con los cubanos, de adentro y de afuera, confiscados sin justificación. Y comprometerse a pagarla.

Eso es exactamente lo que han hecho los países de Europa del Este que se descomunizaron. Sin excepción. Y quienes más rápido y mejor lo han hecho, como Alemania, Polonia y la República Checa, más han prosperado. Para lograrlo se han servido o bien del Modelo de Restitución, del Modelo de Compensación o de una combinación de los dos. El Modelo de Restitución consiste en devolver las propiedades robadas a sus dueños originales o a sus sucesores. En los casos en que ya no es posible la restitución física, este esquema otorga algún tipo de compensación como dinero en efectivo, bonos o vales. El Modelo de Compensación restituye una cantidad pequeña de propiedades confiscadas. Pero crea un elaborado programa de compensación. En ambos modelos las indemnizaciones se aceleran y se hacen más eficaces en la medida en que aumenta la privatización de industrias que se había robado el estado totalitario. Y también de las que creó.

Devolver lo ajeno es requisito indispensable para crear en Cuba una próspera economía de mercado, como lo ha sido en otros países descomunizados. Es una condición necesaria para normalizar de veras las relaciones con Estados Unidos, fomentar la estabilidad política interna y estimular las inversiones extranjeras. Lo malo para La Habana es que esta solución auténtica presupone democracia; la intención y el deseo genuinos de establecer un estado de derecho, algo que ni siquiera se plantea la familia Castro y que ya no le reclama el gobierno de Obama. Esto solo sucederá cuando en La Habana y Washington surjan líderes con más visión política y mejores motivaciones éticas y humanitarias.

Siga a Daniel Morcate en Twitter: @dmorca

  Comentarios