Daniel Morcate

La acción ejecutiva y el Thanksviging

El presidente Barack Obama saluda a los asistentes al llegar a un acto en el Centro Comunitario Copernicus, en Chicago, el pasado martes. Obama visitó la ciudad para promover su orden ejecutiva sobre inmigración.
El presidente Barack Obama saluda a los asistentes al llegar a un acto en el Centro Comunitario Copernicus, en Chicago, el pasado martes. Obama visitó la ciudad para promover su orden ejecutiva sobre inmigración. AP

No era ni remotamente lo que algunos esperábamos y deseábamos. Lo de la acción ejecutiva sobre inmigración. Pero háganse cargo. Luego de las elecciones de medio término, el presidente Obama ya casi no va a ser presidente. Y si las cosas siguen por el camino que van es probable que tampoco sea Obama sino otra cosa que nunca prometió ni se propuso. De manera que seamos sinceros y pensemos qué habría hecho otro mandatario en su lugar cuando en realidad el hombre se había convertido en el rostro público del anuncio de que se realizaría una reforma migratoria para enderezar el palo torcido de nuestro sistema migratorio. La acción ejecutiva no es, desde luego, una reforma con todas las de la ley. Pero sí podría resultar otro paso significativo hacia ella, como en su momento lo fuera la acción diferida que adoptó Obama para frenar la deportación de millones de jóvenes indocumentados.

La acción ejecutiva anunciada por el presidente tiene la virtud esencial de que sacará de las sombras a más de cuatro millones de indocumentados. Y que estos serán personas que llevan por lo menos cinco años viviendo entre nosotros de manera productiva, pagando impuestos y sin haber acumulado antecedentes penales, pues éstas son algunas de las condiciones que impone el decreto presidencial. En este día de Acción de Gracias, pues, tienen poderosos motivos para darlas el 55% de los indocumentados mexicanos que se estima se beneficiarían; el 51% de los indocumentados centroamericanos que también se beneficiarían; el 41% de los provenientes del Caribe; y el 37% de los que inmigraron de Suramérica. Estos cálculos aproximados son del usualmente confiable Centro Hispano Pew de Washington D.C.

La decisión de Obama es un golpe de astucia política que busca asimismo colocar a los demócratas en la senda del triunfo durante las elecciones generales del 2016. La idea es sacar a votar a millones de hispanos y miembros de otras minorías ampliamente representadas en las comunidades inmigrantes. Pero, irónicamente, brinda a los republicanos moderados la posibilidad de subirle la parada al presidente y su partido. Los moderados han hecho hincapié en su deseo de hacer una reforma migratoria razonada y razonable, que cuente con el respaldo de una mayoría de legisladores que representan a todos los norteamericanos, que penalice de alguna forma a quienes infringieron la ley de inmigración pero a la vez les ofrezca una vía de enmienda y que frene el ingreso de indocumentados a través de nuestras porosas fronteras. Ahora que los republicanos controlarán el Congreso, los moderados tendrán la oportunidad de adoptar una reforma así para incluir a los seis o siete millones que no se beneficiarán de la acción ejecutiva. El presidente Obama probablemente la firmaría.

Pero los republicanos moderados deberán moverse con rapidez, inteligencia y efectividad. Y es que los extremistas ya lo están haciendo no solo para frustrar la acción ejecutiva sino para impedir cualquier reforma migratoria integral. Legisladores y activistas ultraconservadores han contactado al abogado republicano Kris Kobach para que entable una demanda contra Obama. Kobach es secretario de Estado de Kansas. Se ha destacado por sus ofensivas legales contra los inmigrantes, la mayoría de las cuales han echado abajo las cortes federales, la Suprema incluida. Pero el hombre es incansable. Y está que echa humo con lo de la acción ejecutiva.

Simboliza la actitud de ultraconservadores como Kobach una caricatura publicada por el Indianapolis Star el pasado sábado la cual muestra a inmigrantes hispanos aguando la fiesta del Día de Acción de Gracias de una familia norteamericana. El primer indocumentado que salta por la ventana de la vivienda lleva el bigote distintivo que lucimos muchos latinos. La caricatura es insensible y probablemente racista. Pero lo más grave es que ignora el verdadero espíritu del Thanksgiving, el cual en gran medida celebra la exitosa llegada sin invitación de centenares de peregrinos, es decir, indocumentados de antaño, a tierras del futuro Estados Unidos. Con su acción ejecutiva el presidente Obama, al cabo de muchas promesas incumplidas y demoras, ha sido por fin consecuente con ese espíritu. También pudieran y debieran serlo los legisladores republicanos cuando pronto estrenen mayoría en ambas cámaras del Congreso.

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