Daniel Morcate

La oveja negra de la familia

El gobernante cubano Raúl Castro (centro) habla con el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, en una cumbre del ALBA en La Habana, el pasado octubre. Panamá invitó a Cuba a la Cumbre de las Américas del año próximo.
El gobernante cubano Raúl Castro (centro) habla con el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, en una cumbre del ALBA en La Habana, el pasado octubre. Panamá invitó a Cuba a la Cumbre de las Américas del año próximo. AP

Imagínense a una familia que, para enderezar al pariente torcido, le acoge en su seno sin incentivos, presiones ni correctivos para que cambie las malas mañas. “Sigue juntándote con depredadores, maltratando a los débiles y despreciando nuestros consejos para que mejores tu comportamiento. No te preocupes. A pesar de todo eso eres de la familia. Y la familia es la familia. Tu sangre es nuestra sangre”. Ese es el mensaje que los gobiernos democráticos de América Latina le están enviando al régimen de los hermanos Castro al invitarlo a la Cumbre de las Américas que tendrá lugar en Panamá el próximo año. La invitación simboliza la cacareada estrategia que algunos políticos y analistas proponen como alternativa al embargo y otras presiones mediante las cuales EEUU le exige a La Habana que transite hacia la democracia y respete los derechos humanos. Como era de esperarse, la respuesta del pariente retorcido es ostentar su mala conducta. Alardear de su impunidad.

En efecto, la invitación oficial que Panamá ha extendido a Cuba coincide con la revelación de que las autoridades cubanas han realizado 8,140 arrestos políticos este año, cuatro veces más que el año pasado. Y la cifra refleja solo los datos que ha logrado recopilar, con esfuerzos verdaderamente heroicos, la Comisión Cubana para los Derechos Humanos. En la práctica, sería más alta. Los activistas que promueven la democracia en la isla, quienes son los blancos principales de las detenciones, golpizas y torturas, creen que las cosas podrían ser de otra manera si la comunidad internacional no ignorase los atropellos que comete el régimen castrista. Y cuando hablan de la “comunidad internacional” se refieren, sobre todo, a periodistas y diplomáticos acreditados en La Habana. Profesionales que representan precisamente a las democracias que ahora pretenden incorporar a Cuba a su seno, como si el gobierno de La Habana fuera un miembro legítimo de la familia democrática en nuestra región.

También coincide con la invitación panameña a Cuba la revelación de que el régimen de los hermanos Castro mantuvo este año el dudoso honor de ser el primer represor de internet en las Américas y el cuarto en el mundo. Lo documenta Freedom House en su informe anual, el cual señala: “Cuba por mucho tiempo ha tenido uno de los ambientes más represivos del mundo para las tecnologías de información y comunicaciones. La mayoría de los usuarios pueden acceder a la intranet controlada por gobierno en vez de a la internet global”. Solamente China, Siria e Irán aventajan a Cuba en censura a internet y represión a los ciudadanos que intentan burlarla. El mismo reporte se suma a denuncias de Amnistía Internacional y Human Rights Watch sobre las 3,000 detenciones “preventivas” que hizo el régimen en enero antes y durante la celebración de la cumbre de Estados Latinoamericanos y del Caribe, CELAC, celebrada en La Habana.

Difícil cambiar por las buenas los malos hábitos de un depredador. Por si no bastaran los ejemplos anteriores, citemos el nuevo informe de “Landmine and Cluster Munition Monitor”, correspondiente a 2014. En él, la organización no gubernamental denuncia a la Cuba de los Castro como uno de apenas 11 estados que continúan fabricando y operando minas antipersonales en contravención de leyes y acuerdos internacionales. Y revela que en la isla hubo víctimas de esas minas en 2013, dato que por supuesto nunca reportaron los medios oficiales cubanos. Una vez más acompañan a Cuba en la lista negra de productores de minas otros regímenes parias, como China –siempre China–, Irán, Corea del Norte y Vietnam.

La participación de Cuba en la Cumbre de las Américas sería una inmerecida y peligrosa recompensa a la conducta depredadora del régimen castrista. Es cierto que en su convocatoria original, hecha en 1994, la Cumbre se propuso principalmente objetivos comerciales y económicos. Pero cada una de los ocho encuentros siempre se celebró con un subtexto político y humanitario importante para los pueblos de nuestro hemisferio: el que promovía la convivencia democrática, el pluripartidismo, los derechos humanos y la justicia social como condiciones para el progreso. Esos son los valores que pondría seriamente en entredicho la asistencia castrista a la reunión de Panamá.

www.twitter.com/dmorca

  Comentarios