Daniel Morcate

DANIEL MORCATE: Estados Unidos y los refugiados sirios

La periodista y cineasta Laura Morcate visitó recientemente la isla griega de Lesbos y documentó en estas fotografías el drama humano de los refugiados que llegan del Medio Oriente.
La periodista y cineasta Laura Morcate visitó recientemente la isla griega de Lesbos y documentó en estas fotografías el drama humano de los refugiados que llegan del Medio Oriente.

Ben Carson tiene el mérito de ser el primer aspirante presidencial, y el único hasta ahora, que ha visitado campamentos de refugiados sirios para conocer de primera mano el drama que protagonizan. Carson acaba de regresar de Jordania. Pero su recomendación de que Estados Unidos aumente la asistencia económica sin aceptar refugiados, aunque bien intencionada, es desacertada. Esta enorme crisis humanitaria ha costado ya más de 3,200 vidas de personas que se habían lanzado en desbandada por las fronteras de Turquía y Hungría y por las aguas del Mediterráneo rumbo a Grecia, Italia y otros destinos. La cifra de víctimas fatales aumenta constantemente. La semana pasada, por ejemplo, seis niños sirios se ahogaron al naufragar la balsa en la que se dirigían con sus familiares hacia la isla griega de Lesbos. Mientras tanto, las naciones ricas y poderosas no están haciendo lo suficiente para prevenir estas tragedias. Y una de las que deberían hacer más es Estados Unidos.

La crisis de los refugiados de la violencia y el despotismo en Siria de hecho brinda al gobierno del presidente Obama, y al que eventualmente le suceda, la oportunidad de ejercer liderazgo mundial en tres frentes: el moral, el político y el estratégico. Como una de las naciones más ricas e influyentes, Estados Unidos tiene la obligación moral de evitar por todos los medios posibles que sigan muriendo refugiados sirios durante la estampida, que a los países donde se están refugiando en masa –Turquía, Grecia, Jordania– llegue oportunamente la ayuda que necesitan para sobrevivir y que una cantidad razonable reciba amparo en suelo norteamericano. Esa obligación es tanto mayor cuanto que Estados Unidos ha contribuido a desestabilizar el Medio Oriente en general y Siria en particular con sus intervenciones armadas, hayan sido éstas justificadas o no.

Una asistencia norteamericana generosa a los refugiados sirios potencialmente fortalecería su liderazgo político en una región volátil en la que el gobierno de Obama gradualmente ha ido cediendo iniciativa a terroristas como los del Estado Islámico, tiranías como la de Irán y caudillos como Vladimir Putin. También tendría otro deseable efecto político: el de apuntalar el liderazgo de gobernantes aliados en Europa, como la canciller alemana Angela Merkel, que han apostado por un trato humanitario y generoso hacia los refugiados y debilitar a los que han optado por el trato contrario, como el primer ministro húngaro Viktor Orban, quien ha cerrado a cal y canto las fronteras de su país.

En magníficas crónicas publicadas en The New York Review of Books, Michael Ignatieff ha explicado cómo el Estado Islámico resiente la fuga de sirios de los territorios que controla y confía en que las democracias occidentales los maltraten y rechacen para alimentar así su campaña de reclutamiento. Es por eso que la asistencia a estos refugiados también reviste importancia estratégica. Sirve para desmentir la propaganda antioccidental y antidemocrática de ISIS. Y pudiera frenar su capacidad de engatusar a jóvenes marginales, confundidos o ignorantes para que se coloquen al servicio de su nihilismo homicida.

Hasta el momento en que escribo estas líneas, el gobierno de Obama ha aceptado menos de 2,000 refugiados sirios desde que estalló la violencia en su país en 2011. También se ha comprometido a recibir otros 10,000, aunque enfrenta la oposición de muchos republicanos y de algunos demócratas, especialmente como consecuencia de los atentados terroristas en París. Uno de sus autores se habría hecho pasar por refugiado sirio usando pasaporte falso. Es hora de que el presidente Obama ejerza mayor liderazgo en esta materia, explicando no solo a los políticos de oposición sino a todos los norteamericanos cuál es la responsabilidad de Estados Unidos en la crisis de estos refugiados, cómo nuestro país puede y debe contribuir más a atenuarla y por qué esa contribución rendiría dividendos políticos y estratégicos, tal vez incluso superiores a los de cualquier intervención armada. El presidente debería dejar claro que los refugiados sirios también son víctimas de los terroristas. Y que nuestro gobierno cuenta con los mecanismos necesarios para estudiar sus antecedentes. Con lo que no cuenta ya es con excusas para no hacer más por ayudarles.

Siga a Daniel Morcate en Twitter: @dmorca

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