Daniel Morcate

DANIEL MORCATE: Obama trumpificado

El gobierno federal comenzó 2016 como si Donald Trump ya fuera presidente. Al menos en lo que respecta a inmigración. Las autoridades migratorias, con el visto bueno del Departamento de Seguridad Nacional y otras agencias federales, están llevando a cabo intensas redadas entre inmigrantes vulnerables: mujeres, niños y familias en general, hispanos casi todos, que al parecer ingresaron al país en forma ilegal en 2014 y 2015. La Casa Blanca asegura que estas redadas y las deportaciones que le siguen son consecuentes con la política más “sensible” que anunció en 2013. Pero la verdad es que esa política en teoría hacía énfasis en la deportación de indocumentados con antecedentes penales y reincidentes en la vulneración de las fronteras de Estados Unidos, no en aquellos que vinieran por primera vez, como es el caso de muchas de las personas a quienes están deteniendo y “repatriando”.

Recuerdo vívidamente la diferencia porque, además de haber leído y escrito en su momento sobre aquella política anunciada como novedosa y humanitaria, participé en llamadas telefónicas en las que la Casa Blanca nos la explicó a los periodistas. Altos funcionarios del gobierno también incluyeron entonces entre los deportables a inmigrantes que fueran atrapados durante el cruce ilegal, a quienes tenían la intención de devolver sin mayores trámites a sus países de origen. De nuevo, ese no parece ser el caso de la mayoría de las personas a quienes agentes federales están deteniendo en las nuevas redadas. Activistas y abogados que representan a inmigrantes aseguran que entre los arrestados abundan personas que habían huido de la recrudecida violencia criminal en Honduras, Guatemala y El Salvador. Y que ya se habían establecido en comunidades de Estados Unidos, a veces hasta con números de seguro social y permisos de trabajo.

Tal es el celo deportador que está exhibiendo el gobierno de Obama que sus agentes usan trampas para infiltrarse en las viviendas donde residen sospechosos de ser indocumentados. Como carecen de órdenes de registro, los agentes se hacen pasar por otra cosa para que les abran las puertas. Una vez adentro, algunos siembran el terror entre las familias inmigrantes, sin importarles si hay niños o ancianos entre ellos. También envían falsas convocatorias para que los sospechosos acudan a oficinas federales donde les echan el guante. Son tácticas similares a las que se usan en estados policíacos. Trump promete utilizarlas para expulsar del país a 11 millones de indocumentados. Pero la realidad es que Obama ya las utiliza, con tanto éxito que ha deportado a más de 2,500,000 inmigrantes, es decir, 23% más que el presidente George W. Bush. De hecho, al paso que lleva, concluirá su mandato con más deportaciones que los 19 mandatarios que gobernaron al país entre 1892 y 2000, según cálculos del propio Departamento de Seguridad Nacional.

No dudo que Obama haya asumido el rol de deportador en jefe porque considera que es su deber ante la ley y una forma necesaria de proteger las fronteras nacionales. Pero las dudosas tácticas que está empleando su gobierno contradicen el pretendido humanismo de su política migratoria. ¿Cómo compaginar la masiva devolución de centroamericanos a sus países asolados por la violencia con el plan del presidente de aceptar 10,000 sirios refugiados precisamente de la violencia? Y si el apego a la ley inspira el celo deportado del presidente, ¿por qué permite que a los centroamericanos se les niegue la oportunidad de presentar sus solicitudes de asilo? Activistas y abogados aseguran que la inmensa mayoría ni siquiera recibe orientación sobre cómo defenderse de una orden de deportación.

La nueva ola de redadas y deportaciones envía un terrible mensaje a las comunidades de inmigrantes hispanos: el gobierno del demócrata Obama hace ya lo que amenazan con hacer aspirantes republicanos de retórica incendiaria. No en vano muchos demócratas, incluyendo los precandidatos Martin O’Malley y Bernie Sanders, han denunciado con firmeza las redadas. No así Hillary Clinton, quien, con su sospechosa discreción, está enviando un mensaje de continuismo en lo que respecta a estas prácticas. “Trump verbaliza lo que ya hace Obama”, asegura la activista Olga Tomchin. Al menos en materia de inmigración, Obama, en efecto, parece haberse trumpificado.

Periodista cubano.

Siga a Daniel Morcate en Twitter: @dmorca

  Comentarios