Daniel Morcate

DANIEL MORCATE: ¿Por qué los republicanos no sienten el calentamiento global?

Los votantes norteamericanos con tres o cuatro letras encima no paran de rascarse la cabeza ante la renuencia de los aspirantes presidenciales republicanos a aceptar el hecho científicamente comprobado del calentamiento global. Desde la primaria les hablan del consenso científico de que la temperatura media de la atmósfera se ha elevado desde fines del siglo XIX debido, primordialmente, a la actividad humana. ¿Cómo es posible, entonces, que lo nieguen o tiren a chacota casi todos los que se disputan la nominación presidencial del partido del elefante”, se preguntan. Tantos hombres y mujeres inteligentes y educados no pueden ignorar hechos constatados por la ciencia. A menos, claro está, que entre en sus cálculos electorales el negarlos. Y eso es exactamente lo que ocurre. Los aspirantes republicanos niegan o menosprecian el calentamiento global porque de lo contrario pierden el apoyo de votantes a quienes la propaganda anticientífica ha convencido de que no existe tal cosa y las donaciones jugosas de billonarios que hacen dinero, precisamente, contaminando nuestro medio ambiente.

El clásico ejemplo de lo que ocurre con los republicanos y el calentamiento global lo dio Mitt Romney. En su libro No Apology, publicado en 2010, Romney escribió: “Creo que se está produciendo el cambio climático. También creo que la actividad humana es un factor que contribuye a ello”. Cuando lanzó su campaña en el verano de 2011 reiteró estos criterios. Pero meses después, en octubre de 2011, en Nueva Hampshire, Romney estrenó escepticismo sobre el tema. “Mi criterio es que no sabemos qué está causando el cambio climático en este planeta”, subrayó. ¿Qué había sucedido? Que Romney había pactado el respaldo financiero de la red de donantes de los hermanos Koch, el grupo más poderoso de contribuyentes republicanos. Sin ese apoyo ningún aspirante republicano ha ganado la nominación presidencial en décadas. Entre los miembros de la red abundan los contaminadores del medio ambiente, billonarios como los propios Koch, Corbin Robinson, hijo, Harold Hamm, Larry Nichols y Philip Anchutz, entre otros, cuyos negocios energéticos de carbón, petróleo y gas viven en perenne confrontación con el gobierno federal porque éste los investiga, procesa y multa por contaminar nuestras aguas, atmósfera y tierra, especialmente en comunidades muy pobladas donde no residen ellos, por supuesto, pero sí millones de norteamericanos.

Ahora, gracias a la tenacidad de ambientalistas y un puñado de periodistas, la negación sistemática del calentamiento global para satisfacer determinados intereses económicos y políticos pudiera dar un giro criminal. Autoridades federales y congresistas demócratas investigan si compañías petroleras nacionales y extranjeras han conspirado para ocultar la realidad del calentamiento global, encubrir su responsabilidad en ella y desinformar al público. Hace unos días, los legisladores demócratas Ted Lieu, de California, Peter Welch, de Vermont, y Matt Cartwight, de Pensilvania, le pidieron al Departamento de Justicia que investigue si la Royal Dutch Shell conscientemente desinformó sobre los peligros del calentamiento global. Los congresistas dicen haber visto evidencias de “una conspiración entre la Shell, Exxon Mobile y potencialmente otras compañías en la industria del combustible fósil”.

Para escribir esta columna hablé con algunos ambientalistas y leí a otros que creen que la industria energética ha usado el mismo patrón de conducta criminal que hace unas décadas usaron las tabacaleras para encubrir los efectos letales de fumar cigarrillos. Me aseguran que asalariados del sector han mentido al Congreso y a las autoridades federales, desarrollado una vasta campaña de desinformación pública para “diseminar dudas” sobre el calentamiento global y organizado el financiamiento de políticos o bien ignorantes de esa realidad o dispuestos a fingir ignorancia, como hizo Romney durante su campaña presidencial. “Poderosos donantes están respaldando la campaña para negar los hallazgos científicos sobre el calentamiento global y generar dudas sobre las raíces y los remedios de esta masiva amenaza global”, afirma Robert Brulle, profesor de sociología y ciencias ambientales en Drexel University. “Como mínimo, los votantes norteamericanos merecen saber quiénes están detrás de estos esfuerzos”.

De confirmarse estas denuncias, algunos de nuestros barones de la energía merecerían los mismos castigos y descrédito que sufrieron los magnates del tabaco. Mientras tanto, los votantes merecen entender por qué tantos políticos niegan con fervor un fenómeno tan evidente como peligroso.

Periodista cubano.

Siga a Daniel Morcate en Twitter: @dmorca

  Comentarios