Daniel Morcate

Hora de debates

Los candidatos presidenciales demócratas Hillary Clinton y Bernie Sanders debatirán este miércoles por la noche en Miami.
Los candidatos presidenciales demócratas Hillary Clinton y Bernie Sanders debatirán este miércoles por la noche en Miami. AP

Esta semana el gran espectáculo en que se ha convertido la contienda presidencial llega a la Florida y en particular a Miami. En nuestra casa se llevarán a cabo dos debates presidenciales, uno demócrata y el otro republicano. El demócrata, que transmitiremos en vivo por Univisión desde el Miami Dade College la noche de este miércoles a partir de las 9, ofrecerá la oportunidad de entender por qué y hasta qué punto la batalla por la nominación presidencial demócrata ha girado a la izquierda, algo que no había sucedido desde que Ralph Nader se postulara a la presidencia en 2000. Esta no es meramente una señal de que muchos votantes demócratas e independientes se han cansado de lo mal que se está repartiendo el sabroso pastel norteamericano; también lo es de que de este lado del espectro político abundan los jóvenes que ven con alarma que mi generación y la previa –pues esos jóvenes son nuestros hijos y nietos– han comprometido peligrosamente su futuro.

Ya he hablado en este espacio de cómo el veterano senador de Vermont, Bernie Sanders, ha capitalizado ese descontento de jóvenes, idealistas y soñadores (Berniemanía, 10 de febrero, 2016). Ahora Sanders trae a nuestro estado su mensaje de estudios universitarios y atención médica gratuitos para todos y guerra de impuestos a Wall Street y los millonarios y ricos que integran lo que él llama “el uno por ciento del país”. Es un mensaje de alto voltaje populista que a menudo obliga a Sanders a responder incómodas preguntas de procedimiento, es decir, sobre cómo planea llevar a cabo sus ambiciosos y potencialmente costosos proyectos en el clima político enrarecido de Washington, donde republicanos y demócratas no suelen ponerse de acuerdo en casi nada de lo que en realidad necesita el país para fortalecer la democracia y continuar prosperando en lo económico.

Las prédicas de Sanders han desplazado a su rival Clinton a la izquierda, postura muy distinta a la que mantenía cuando era Primera Dama y luego senadora. En aquellos tiempos la moda política entre los demócratas era la infame “triangulación”, es decir, aquel engendro del entonces asesor clintononiano Dick Morris que consistía en apoderarse de la mayor cantidad posible de causas republicanas y conservadoras, sobre todo cuando se acercaban las elecciones. Nunca como entonces fue tan cierta la sentencia del avinagrado escritor Gore Vidal: “En Estados Unidos hay dos grandes partidos conservadores: el republicano y el demócrata”. La nueva Hillary Clinton lucha con denuedo por ganarse a una izquierda que nunca la ha acogido del todo. De ahí que ahora defienda los permisos familiares y médicos pagados, reformas para vigilar de cerca a los especuladores de Wall Street –cuyo dinero sin embargo acepta en su campaña–, un honorario por alto riesgo a los grandes bancos y un aumento del salario mínimo federal de $7.25 la hora a $12 la hora, algo menos que los $15 que propone su rival Sanders.

Sanders marcha a la zaga de Clinton en número de estados ganados y en el de delegados conseguidos para la convención presidencial demócrata. Por eso es de esperar que ataque con fuerza a la ex secretaria de Estado cada vez que tenga la oportunidad, como hizo el pasado domingo durante otro animado debate en Flint, Michigan, la ciudad mestiza y obrera cuya agua contaminada ha envenenado a miles de residentes, especialmente a niños. Pero hasta ahora los dos aspirantes demócratas han sabido mantener sus debates en un nivel civilizado, a diferencia de lo que han hecho algunos precandidatos republicanos. En Miami, como ha hecho en otras partes, Sanders pintará a Clinton como una político del establishment con ataduras demasiado fuertes a Wall Street y otros intereses creados. Clinton describirá al viejo senador como un llanero solitario que nunca había sido lo que ahora asegura ser y cuyas propuestas, de resultar electo presidente, se llevaría el viento de la realpolitik.

El debate demócrata será especialmente importante para nosotros los hispanos, porque será la primera y única vez en que los dos candidatos se dirigirán juntos a una de las comunidades más preteridas del país. Hablarán en inglés, por supuesto. Pero sus palabras se traducirán simultáneamente al castellano para beneficio de los televidentes de Univisión. Aquí les esperamos.

Periodista cubano.

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