Daniel Morcate

¿Quién tiene la culpa de Donald Trump?

La pregunta resuena como un aldabonazo de un extremo a otro del país: ¿quién tiene la culpa del surgimiento de Donald Trump? Algunos se la achacan al Partido Republicano. Otros al público. Y en los últimos días el dedo acusador apunta hacia los medios de información. Algo llevo dicho sobre el tema desde que arrancó la contienda por la Casa Blanca. Pero hoy quisiera reincidir en él para subrayar que los tres grandes inculpados tienen responsabilidad en el fenómeno que ha acercado a un personaje narcisista, irresponsable y zafio a la nominación presidencial republicana, dividido a uno de los dos grandes partidos de la nación y lo que es peor agitado el resentimiento y la discordia entre los norteamericanos en general. Donald Trump es culpa de casi todos, con énfasis en el “casi”, para no ser injustos con quienes lo han denunciado desde el principio como el rey desnudo y purulento que en realidad es.

Empecemos por el último incriminado, los medios, porque a lo mejor debió ser el primero. La semana pasada muchos finalmente se quitaron los guantes de seda y le hicieron preguntas difíciles al magnate de bienes raíces devenido aspirante presidencial; presentadores y reporteros cuestionaron con firmeza sus afirmaciones desinformadas; y hasta reprocharon a sus representantes pagados su defensa incoherente de las barrabasadas que profiere su empleador. La andanada crítica fue el resultado de que, en días previos, Trump había extremado su chabacanería y matonismo al retuitear un fotomontaje denigrante de la esposa de su rival Ted Cruz, defender a su jefe de campaña acusado de maltratar físicamente a una periodista y proponer castigos para las mujeres que abortan, propuesta esta última que viola el espíritu y la letra de las leyes y denota una asombrosa insensibilidad hacia las mujeres indigna de cualquier líder público.

Pero antes de la semana crítica de Trump, muchos medios, especialmente los angloparlantes, le dieron tribuna libre para que expusiera sus ideas simplistas, xenofóbicas y racistas con mínima o ninguna oposición. El billonario neoyorquino ha gozado de más tiempo al aire en televisión que todos los demás candidatos republicanos juntos y por lo menos tres veces más que sus principales rivales partidistas, con la ventaja agregada de que no ha tenido que pagar por ese tiempo. La firma mediaQuaint estima que las cadenas de televisión le han obsequiado en airtime el equivalente a dos mil millones de dólares desde que comenzó la campaña. Por lo general esa cobertura se ha basado más en el deseo de los medios de lograr buenas audiencias, en vista del show mediático que Trump representa, que en su compromiso inherente de informar en forma responsable al público sobre el candidato para que pueda calibrarlo mejor y tomar decisiones educadas a la hora de votar.

Como he sostenido en columnas previas, el Partido Republicano comparte la culpa del surgimiento del candidato que ahora lo divide y amenaza con privarle de la Casa Blanca durante otros cuatro años. Su obstinada oposición a todas las propuestas importantes del presidente Obama, la exageración con que ha pintado los males del país y, sobre todo, su pertinaz coqueteo con racistas y xenófobos han sido el caldo de cultivo en el que se fermentado el fenómeno Trump. Y culpa tienen también los seguidores fanatizados del magnate, quienes han rechazado irracionalmente las evidencias que se les han ofrecido sobre su personalidad abusiva, su discurso excluyente y su ignorancia del funcionamiento de nuestro gobierno, abdicando así de su responsabilidad como ciudadanos de nuestra democracia.

Para los medios, el caso Trump ilustra el peligro de llevar demasiado lejos la equivalencia entre información y entrenamiento, algo que en nuestro giro llamamos infotainment. Los medios, especialmente los angloparlantes, se han ocupado más de “entretener” a sus audiencias con el circo diario de Trump que en exponer críticamente su trayectoria controversial, sus necedades y contradicciones y las consecuencias potencialmente nefastas de elevarlo a la silla de gobierno más influyente del mundo. Con infotainment algunos nos ganamos el pan mientras divertimos a un público abrumado por innumerables ofertas mediáticas. Con información seria y veraz todos nos ganamos el derecho y la posibilidad de seguir viviendo en democracia.

Periodista cubano.

Siga a Daniel Morcate en Twitter: @dmorca

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