Daniel Morcate

Entre cubanos

Hace ya varios lustros, los miamenses hispanos disfrutamos uno de los mejores segmentos radiales que ha habido en el sur de la Florida. Se llamaba “Entre cubanos” y lo hacía el gran poeta, ensayista y novelista Heberto Padilla. Le pregunté a Heberto por qué había escogido ese título con el que corríamos el riesgo de excluir a radioyentes que no eran cubanos. Me recordó el ensayo homónimo de José Lezama Lima, a quien él siempre admiró, pese a las profundas diferencias estéticas y temáticas que siempre hubo entre ellos. Pero también me dijo que había seleccionado ese título para enviar un mensaje a nuestros oyentes de la Cadena Azul: que el agudo problema político, social y moral de Cuba era un problema entre cubanos. Las palabras de Heberto retumban en mi memoria con un eco especial ahora que el gobierno del presidente Obama ha cometido el error histórico de reanudar las relaciones con la dictadura de los hermanos Castro sin incluir en el diálogo bilateral a la oposición interna de Cuba.

En un oportuno artículo publicado en este diario el pasado domingo, Carlos Alberto Montaner sostiene que tal vez ese sea el más grave de los errores que ha cometido el gobierno de Obama con la reanudación de relaciones con La Habana en los términos acordados hasta ahora. “El problema era entre cubanos y debía solucionarse entre cubanos”, subraya Carlos Alberto. ¿Era tan difícil que en Washington entendieran eso? No, no lo era. Durante décadas, varias generaciones de exiliados y cubanoamericanos llevaron precisamente ese mensaje a los gobiernos y presidentes norteamericanos de turno. Y todos lo captaron más o menos bien. Todavía hoy el mismo mensaje resuena en los pasillos de la Casa Blanca y el Departamento de Estado. Pero Obama y sus asesores optaron por ignorarlo. O decidieron hacerles caso a asesores, cubanos y no cubanos, que no dominan a fondo la problemática de la isla ni entienden que esa problemática empezó y debe terminar entre cubanos. El resultado es que, tal vez sin proponérselo, aceptaron la falsa premisa castrista de que los problemas de la isla se deben solo a las diferencias con Estados Unidos.

Para que Cuba alguna vez se mueva hacia la libertad, la democracia y el respeto esencial a los derechos humanos, los representantes de la dictadura tendrán que sentarse a dialogar con líderes de la oposición interna sobre la mejor forma de desmantelarla. Así han terminado siempre las tiranías, inclusive las más estructuradas, herméticas y longevas como la soviética. Otras naciones influyentes pueden servir de garantes en ese diálogo deseable. Pero hasta ahí debería llegar su intervención. La semana pasada unos 300 opositores, activistas de derechos humanos e intelectuales cubanos les exigieron a La Habana y Washington, mediante una hoja de ruta, que incluyan a la oposición en las negociaciones. “Quienes vivimos día a día las violaciones del régimen cubano y quienes desde el exilio han sufrido y sufren el totalitarismo en su país de origen”, escribieron, “somos actores indispensables de un proceso de transición”.

Legisladores demócratas que Obama envió a Cuba se reunieron con opositores cubanos el domingo. Y Roberta Jacobson, la subsecretaria de Estado para Asuntos del Hemisferio Occidental, quien encabeza las negociaciones con Cuba, invitó a dirigentes de oposición a un desayuno en La Habana. Pero estos gestos sin duda encomiables no deberían confundirse con la conveniencia de que Estados Unidos le exija al régimen de los Castro que acepte como interlocutores principales a miembros de la oposición. Las dificultades naturales de seleccionar a un grupo representativo de opositores no deberían servir de excusa para ignorar a quienes, mediante grandes sacrificios personales, se han convertido en los genuinos representantes de los valores democráticos en la isla.

El cambio de la política norteamericana hacia Cuba ha nacido lastrado por serios desaciertos que a mi juicio denotan una enorme improvisación y un profundo desconocimiento por parte del gobierno del presidente Obama de la historia del castrismo y de la actual realidad de Cuba. Algunos de esos desaciertos podría enmendarlos el Congreso. Pero el propio gobierno tiene la posibilidad de rectificar otros, como es el caso de la lamentable exclusión de los opositores cubanos del diálogo hoy en marcha.

www.twitter.com/dmorca

  Comentarios