Daniel Morcate

Obama y los ‘drones’

Partidarios del Consejo de Defensa de Pakistán, una coalición de partidos islámicos, protestan el pasado junio en Islamabad contra los ataques norteamericanos con drones o aviones no tripulados.
Partidarios del Consejo de Defensa de Pakistán, una coalición de partidos islámicos, protestan el pasado junio en Islamabad contra los ataques norteamericanos con drones o aviones no tripulados. AP

Unos cuantos años después, el gobierno del presidente Obama por fin nos tiró unos mendrugos sobre los ataques con aviones no tripulados o drones. Me refiero a la estrategia mediante la cual secretamente mata a terroristas en diversos países y de paso se lleva en la golilla a civiles inocentes. Daño colateral les llama. No es coincidencia que Washington haya levantado ligeramente el velo que la cubría en momentos en que una sangrienta ola terrorista nos mantiene a todos sobre ascuas. La gente, aun la más pacífica y buenaza, comprensiblemente tiene sed de justicia y de venganza. Y el que más y el que menos quiere tener la ilusión de que nuestras autoridades hacen algo para protegernos. Para darles matica de café a los terroristas antes que ellos nos vuelen en una discoteca, un cine o un juego de pelota.

¿Pero exactamente qué reveló el gobierno? No mucho, la verdad. Y lo que reveló nos dejó con más preguntas que respuestas. El mismo día en que arrancaba el feriado de la Independencia, Washington anunció que sus ataques con drones habían matado entre 64 y 116 “no combatientes” en países que no incluyen los más asolados por la guerra, es decir, Afganistán, Irak y Siria. Al parecer, los datos sobre civiles abatidos en esas tierras permanecen estrictamente clasificados. De hecho, los funcionarios del gobierno rehusaron identificar por sus nombres a los países a los que se referían los datos, aunque expertos aseguran que uno de ellos es Pakistán, esa guarida de santones nihilistas que matan hasta por ver caer a la gente. Otros serían Libia, Somalia y Yemen.

La primera noticia que tuvimos de los atentados con drones se la debemos a un whistleblower o soplón del propio gobierno. Eso da la medida de la falta de transparencia que ha rodeado a esta estrategia controversial. Las recientes revelaciones oficiales no remedian su opacidad y de cierto modo la agudizan. Cuando el soplón derramó los frijoles hace unos años, el presidente Obama asumió la responsabilidad, dijo que él tenía la última palabra sobre los ataques y aseguró que estos eran tan precisos que apenas causaban víctimas civiles. Lo que nunca explicó es qué le da el derecho a un gobernante democrático como él a matar en secreto a nombre de los gobernados. Incluso la mayoría de nuestros congresistas se enteraron de la existencia del programa gracias al soplón. Las nuevas revelaciones volvieron a dejar esta pregunta clave sin respuesta.

Pero hay otras igualmente importantes. Una es qué pruebas concretas tiene el gobierno sobre la efectividad de estos atentados para prevenir terrorismo. En definitiva, el Estado Islámico, Al Qaeda y otros grupos terroristas llevan a cabo con éxito una escabechina de inocentes a pesar de los ataques teledirigidos contra sus líderes. Activistas humanitarios creen que el uso de los drones de hecho alimenta el círculo vicioso de la violencia en países del Oriente Medio y Lejano y de África. También cuestionan las cifras oficiales de civiles muertos. Tres organizaciones independientes, el Long War Journal, New America y el Bureau of Investigative Journalism fijan en centenares las bajas de personas inocentes desde que el presidente Obama asumió el poder.

El escueto parte de guerra tampoco respondió a la preocupación de que las bandas terroristas están invocando las muertes civiles que causan los drones para reclutar. Ni a las denuncias de que diversos gobiernos, algunos de ellos autoritarios, están desarrollando sus propios programas de aviones no tripulados para aniquilar a sus enemigos. Se dice que el presidente Obama dio el sorpresivo paso de divulgar datos sobre el programa secreto para sentar un precedente. Supuestamente le preocupa que algún sucesor irresponsable pueda abusar de él. Un Donald Trump presidente, ¿atacaría secretamente con drones al Washington Post, al New York Times o a Univisión? se habrá preguntado Obama.

Sea como fuera, es evidente que el mandatario cree que el programa de aviones no tripulados se prolongará más allá de su presidencia. Por eso sintió la necesidad de justificarlo con las revelaciones que hicieron sus representantes. Lamentablemente, lo revelado nos dejó con las mismas dudas de antes. Y con idéntico deseo de escuchar una justificación coherente.

Periodista cubano.

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