Daniel Morcate

Unidos en el racismo

El gobernador de Maine, Paul LePage, es un firme partidario del candidato republicano Donald Trump. LePage ha sido criticado por comentarios de carácter racista y acusado de abuso de poder.
El gobernador de Maine, Paul LePage, es un firme partidario del candidato republicano Donald Trump. LePage ha sido criticado por comentarios de carácter racista y acusado de abuso de poder. AP

Lo bueno de la era de Donald Trump es que está sacando a muchos racistas del armario. Me refiero a gente que de pronto da rienda suelta a sus prejuicios étnicos y raciales en público porque comprueba el éxito aparente que ha cosechado el empresario neoyorquino ostentando una actitud similar. Cree que ese éxito provisional de Trump reivindica sus propios recelos. Personajes bien conocidos como la gobernadora de Arizona, Jan Brewer, y Joe Arpaio, el alguacil del condado de Maricopa, quienes en estos días hacen la ronda de los programas de televisión para ofrecerle su respaldo a Trump. Y otros no tan conocidos, como el gobernador de Maine, Paul LePage, entusiasta partidario del candidato presidencial republicano, sobre quien diré más en breve. Dios los cría y el racismo los junta. Pero al menos nos muestran sus cartas con candor, como para que entendamos que, al menor descuido nuestro, estarían dispuestos a colgarnos de cualquier mata.

Prácticamente nadie al sur de Maine había oído hablar de LePage hasta que el otro día le dejó un insultante mensaje telefónico a un legislador liberal de ese estado que lo había tildado de racista. Como la prueba de sus insultos era irrefutable, LePage ofreció una disculpa peor que las ofensas originales. “Cuando uno va a la guerra”, dijo a periodistas a quienes convocó a su mansión, “le dispara al enemigo. Trata de identificar al enemigo. Y en este momento el enemigo, la abrumadora mayoría de la gente que está viniendo (a Maine) son personas de color o gente de origen hispano”. LePage se refería a traficantes que están llevando heroína a su estado. Remató la barbaridad diciendo que esa “gente de color” se marcha luego de Maine dejando atrás “a alguna muchacha blanca embarazada”.

LePage es de la misma escuela de Trump. Energúmenos que le llaman “hablar sin tapujos” a proferir indecencias e insultos personales a sus rivales políticos, a sus críticos y a las minorías. Pero lo que debería estar bien claro es que no habrían llegado a los puestos de autoridad y responsabilidad que ocupan de no haber sido por el apoyo incondicional que les ofrecen muchas personas que se les parecen, que son, moralmente hablando, iguales o peores que ellos. LePage, por ejemplo, ha ganado dos veces las elecciones a la gobernación a pesar de haber dejado una estela de declaraciones racistas. O precisamente por eso. A la NAACP, la famosa organización de derechos civiles, le dijo que le besara el trasero. Al presidente Obama lo mandó al infierno. Recientemente acusó a inmigrantes que solicitan asilo de haber traído “la mosquita ziki [sic]” al país. Y calificó de farsante a Khzir Khan, el padre del soldado musulmán que se inmoló para salvar vidas de compañeros de armas en Irak. Khan ha criticado la propuesta de Trump de vetar de Estados Unidos a visitantes musulmanes.

Al igual que Trump, LePage es un síntoma evidente de la grave enfermedad de ignorancia, extremismo e intolerancia que aqueja al Partido Republicano. No todos sus líderes y militantes, desde luego, son como ellos. Puede incluso que los exaltados sean una minoría, como sostienen los moderados del GOP. Pero es obvio que hoy por hoy los radicales dominan al partido, como demuestra la selección de Trump como candidato republicano a la presidencia; y la obstinada renuencia del liderazgo partidista a desautorizarlo.

Las más recientes barbaridades de LePage motivaron una elocuente disculpa del diario Press-Herald, de Portland, a todo el país por la elección de tan lamentable personaje. “Estimados Estados Unidos, aquí Maine”, dice el editorial. “Por favor, perdónennos – cometimos un terrible error. Elegimos y reelegimos a un gobernador que está incapacitado para un alto cargo…Viéndolo desde un ángulo más positivo, LePage no podrá ser gobernador para siempre… hasta entonces, por favor acepten nuestra disculpa. Trataremos de no hacerlo de nuevo”. El comentario tiene una fuerte dosis de ironía e hilaridad. Pero también contiene una sutil advertencia a todos los votantes norteamericanos de que aún están a tiempo de frenar al candidato presidencial que promueven los LePage de este mundo. Porque es bastante obvio que Dios los cría y un peligroso racismo los junta.

Periodista cubano.

Siga a Daniel Morcate en Twitter: @dmorca

  Comentarios