Daniel Shoer Roth

Feria del libro de Miami celebra 25 aniversario

Miami ha sido una suerte de paraíso a la orilla del Atlántico, una tierra de delicias y deleites que a menudo sucumbe ante la tentación, como Adán y Eva. Por eso también le dicen la Ciudad Mágica, en la que Frank Sinatra cantó New York, New York, y donde una avalancha humana se apodera religiosamente de la Calle Ocho para celebrar el Carnaval al son del grito de ¡Azúcar!.

¿Pero una avalancha humana para husmear libros, descubrir escritores y "extender la memoria y la imaginación'', como dijo Borges? ¿En Miami, donde la literatura no armonizaba ni con el Art Deco ni con Miami Vice y mucho menos con el "paraíso perdido''?

En 1984, en medio de ese desierto cultural se creó un oasis literario, la Feria Internacional del Libro de Miami, que en 25 años cumplidos esta semana, ha llenado de volúmenes los anaqueles de nuestras bibliotecas y nos ha permitido sumergir en el lago de las ideas de una constelación de autores que, como duendes, revelan la magia de su creación.

La Feria asímismo se ha consagrado como la vitrina de la literatura hispanoamericana en Estados Unidos, que además de dar a conocer autores aquí inéditos, ha promovido la industria de libros en español y ha incentivado --a la par del crecimiento de la población hispana en la nación-- a prominentes editoriales estadounidenses a crear sellos latinos o a expandirlos.

Entre las luminarias de las letras que han brillado en el Miami Dade College, anfitrión del festejo literario, se encuentran Isabel Allende, Reinaldo Arenas, Alfredo Bryce Echenique, Guillermo Cabrera Infante, Pablo Antonio Cuadra, Camilo José Cela, José Donoso, Jorge Edwards, Carlos Fuentes, Angeles Mastretta, Carlos Monsiváis, Heberto Padilla, Nicanor Parra, Octavio Paz, Elena Poniatowska, Laura Restrepo, Edgardo Rodríguez Juliá y Mario Vargas Llosa.

"La Feria de Miami es siempre interesante porque sientes crecer una tercera cultura, hija de la norte y sur americana'', expresó Restrepo, quien presentará la próxima semana su novela Olor a rosas invisibles. "En esta feria, el bilingüismo está en su salsa y eso es saludable''.

Todo esto comenzó en 1983, cuando una bibliotecaria tuvo la idea de realizar una pequeña venta de libros en Bayfront Park para atraer personas a la biblioteca municipal que estaba ubicada en el parque, y entusiasmarlas a leer.

"Tenía los recuerdos de cuando era niña en La Habana, donde había una feria en el parque central'', dijo Margarita Cano, la bibliotecaria. "Me parecía que era interesante crear un ambiente cultural en Miami''.

Cano y tres libreros locales --Raquel Roque, Mitchell Kaplan y Craig Pollock-- que participaban en la organización fueron invitados a un desayuno por Eduardo Padrón, quien presidía el Recinto Wolfson del college en el downtown y había escuchado de sus planes. Hombre de mundo, Padrón visitaba ferias literarias en Buenos Aires y Barcelona, y vislumbraba una similar para Miami, donde los autores estarían autografiando sus libros en medio del bullicio y el jolgorio.

"Cuando uno hablaba de una feria de libros en Miami, la gente se reía'', recordó Padrón, quien ideó la feria, una de las más grandes, si no la más, del país. "Ese primer año era difícil conseguir que vinieran autores''.

El resto es historia. En 1984, la primera feria: ‘‘Libros en la Bahía''. En 1989, se estrenó un programa separado en español. Luego vino el Children's Alley para los niños, la villa internacional con los pabellones, el café bohemio para la lectura de poesía, y la integración de diferentes disciplinas como las artes plásticas y el teatro.

En esta 25va. edición, los organizadores esperan 300,000 visitantes que rondarán los quioscos de 250 expositores para aventurarse en jornadas de enriquecimiento del espíritu, a la vez que podrán escuchar ponencias de 435 autores en cinco idiomas, quienes compartirán las proezas y desventuras de su proceso creativo.

"Es un caudal intelectual enorme'', afirmó Maida Watson, profesora de literatura hispanoamericana en la Universidad Internacional de la Florida.

"Quedo siempre atónita'', continuó la catedrática, ‘‘cuando veo la cantidad de literatura hispana publicada en Estados Unidos, y la crítica de esa literatura''.

Paralelamente, la feria ha sido un magnífico vehículo para que la literatura latinoamericana haga el crossover al inglés, destacó Watson. Como en el evento de una semana confluyen editores y representantes de los sellos norteamericanos, ellos se nutren de la experiencia de familiarizarse con autores latinoamericanos que, si bien pudieran ser distinguidos en sus países, son desconocidos en el mercado anglosajón.

Pero así como la feria ha sido plataforma de despegue para estos escritores hispanoamericanos, también ha sido útil para difundir la obra del talento local, que en su mayoría son autores con voces originales que no tienen editoriales que los secunden. De cierta forma, esa efervecencia literaria ha contribuido a que el sur de la Florida se transforme en una suerte de bastión de la literatura hispana Made in U.S.A.

Juan Cueto, poeta cubano que se exiló a mediados de los años 60 en Estados Unidos y quien publicó su primer libro en 1996, participó en la feria en el 2002, donde presentó un libro de relatos cortos titulado Ex-Cuetos.

Su presencia le ganó varias menciones en la prensa y al cabo de poco tiempo, notó que sus ventas empezaron a subir. "Renació el interés del público'', reconoció Cueto.

A su presentación asistieron otros autores latinos de Estados Unidos, España e Iberoamérica, con quienes forjó vínculos de amistad e intercambió libros.

Porque en última instancia, la Feria Internacional del Libro de Miami ha sido eso: un encuentro para descubrir y ser descubierto, para intercambiar ideas e inspirarse a escribir, para escuchar la voz interior del autor favorito de su boca misma.

"Es una verdadera celebración de la literatura'', asintió Daniel Halpern, presidente y editor de Ecco, un sello de HarperCollins. "Indiscutiblemente, ha puesto a Miami en el mapa del mundo literario''.

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