Daniel Shoer Roth

Parroquia de Kendall renace de sus cenizas

Los fieles celebran los 40 años de la parroquia Santa Catalina de Siena, en Kendall.
Los fieles celebran los 40 años de la parroquia Santa Catalina de Siena, en Kendall. The Miami Herald

El capítulo 27 del Libro de los Hechos de los Apóstoles incluye una interesante narración de una calamidad que se cierne sobre el apóstol Pablo en el Mar Adriático, cuando la embarcación en la que viaja naufraga entre vientos huracanados. Por 14 noches es arrastrada a la deriva, pero ninguna de las 276 personas a bordo pierde la vida.

El texto bíblico enseña que de la tormenta emanó algo positivo: en la travesía, Pablo afianzó su liderazgo como apóstol de la Iglesia.

El paso de los siglos no ha olvidado esa moraleja. Los feligreses de la parroquia Santa Catalina de Siena, en Kendall, tienen la prueba. Esta es su historia.

Por décadas, la parroquia se ha dedicado a su labor evangelizadora, predicando la palabra y administrando los sacramentos. Bajo el lema "Uno en la fe'', cobija a fieles de comunidades diversas, superando barreras culturales, socieconómicas y lingüísticas.

De hecho, en 40 años, cumplidos en octubre, Santa Catalina de Siena cuadruplicó su afiliación a 4,000 familias. Como el edificio de la iglesia en el 9200 SW 107 avenida quedó pequeño, la congregación esbozó planes de construir otro, dejando el actual como capilla, pese a la resistencia de un grupo de fieles que no veía la necesidad del proyecto.

Al igual que en otras comunidades parroquiales, los feligreses se habituaron a un ritmo litúrgico durante el año, y como es natural con las costumbres, para muchos de ellos los asuetos religiosos se convirtieron en rutina.

Hasta que el 14 de marzo de este año la comunidad entera fue sacudida súbitamente.

En la víspera de la Semana Santa, dos adolescentes provocaron con premeditación un incendio en la Capilla de las Devociones que se propagó por gran parte de la iglesia, clausurada desde entonces por la fragilidad de su estructura.

"Fue un dolor muy grande. La gente sintió que se había perdido su espacio sagrado'', relata el párroco Juan Sosa.

Ornamentado con coloridos vitrales que exhibían escenas del Antiguo y Nuevo Testamentos, ése era el templo que se había integrado a la vida de los feligreses, quienes a través de los años, habían bautizado a sus hijos, celebrado su Primera Comunión, contraído nupcias frente a su altar, y donde observaron los ritos fúnebres tras la muerte de sus padres y abuelos.

Pero de pronto, el proceso de luto destelló luces de resurrección. El fuego se tornó en un símbolo purificador.

"El incendio nos sacó de la rutina; algunas personas lo interpretaron como la mano de Dios para renovarnos por dentro'', comenta Sosa.

"Nos obligó no sólo a hacer una iglesia, sino a ser iglesia'', subraya el reverendo.

En principio, la tragedia no ensombrecería la bendición de los ramos del Domingo de Pasión ni la procesión del Viernes Santo. Aunque las llamas devoraron íconos y lámparas, la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe misteriosamente había sobrevivido. En la procesión, el cuadro salvado sustituyó a la tradicional Virgen Dolorosa y se interpretó como una señal de esperanza.

Desde la tragedia, los servicios se realizan en lo que antes era el salón parroquial y la plaza adyacente.

El cambio de actitud comienza a notarse cuando se desvanecen las diferencias entre los parroquianos. Ya no es cuestión de construir una iglesia de $8 millones para dar cabida a más personas, sino de la urgencia por rescatar un lugar divino. Al presentarse los nuevos planes de reconstrucción y ampliación de la estructura actual, toda la feligresía se entusiasma y colabora.

"La necesidad se palpa por todas partes'', afirma María Esperanza Aróstegui, quien a raíz del incendio se integró a los grupos de oración y de estudios bíblicos, y a un programa recién creado para iniciar en la espiritualidad a los nuevos miembros de la parroquia.

Otra feligresa, Mabel Cifuentes, que solía ir a misa los domingos a orar ante la Dolorosa --pues perdió a su hijo de 42 años en el 2007-- se sintió desolada al ver que la imagen de su virgen estaba echa cenizas. Ante su ausencia, el apoyo moral, se dijo, tendría que venir de la misma congregación.

"Me acerqué mucho a la iglesia y he recibido mucha fortaleza'', confiesa.

El incendio coincide con el cuadragésimo aniversario de esta comunidad parroquial. Para conmemorar la efeméride, los fieles colocaron 40 ladrillos creando una cruz y situaron flores sobre ella. Además, una delegación peregrinó a Tierra Santa y trajo una roca del Mar de Galilea que formará parte de la futura iglesia.

Y ahora más que nunca se han esmerado por rendir tributo al lema "Uno en la fe''. En vez de dividirse en varias fiestas navideñas como antes, organizaron un festejo único el sábado por la noche, en el que se representó el misterio de la natividad entre platos caseros y aguinaldos.

Los feligreses también elevan una plegaria especial por el nuevo templo durante su liturgia dominical: "Danos ánimos de fuego y entusiasmo inagotable para que las paredes muy pronto se puedan empinar hacia lo alto como signo de ese abrazo compartido''.

Una calamidad que esta congregación sufre se transforma en una magnífica oportunidad para que se manifiesten el amor, la paz, la gracia y la misericordia de Dios.

dshoer@elnuevoherald.com

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