Daniel Shoer Roth

El día de la entrevista

Anoche soñé con Thomas Jefferson. Le prometía ser leal a Estados Unidos. El nombre del himno nacional, The Star-Spangled Banner, estaba colgado en la pared. Me preguntaba: ¿Qué hace el Poder Judicial? ¿Por qué los colonos batallaron contra los británicos? ¿Cuándo fue escrita la Constitución?

En 1787, respondí.

¿Qué había sucedido entonces el 4 de julio de 1776?

Fue adoptada la Declaración de Independencia. No te confundas con las fechas, me dije. ¡Qué sueño! Lógicamente, antes de dormir, estuve leyendo, una y otra vez, las 100 preguntas del examen para la ciudadanía que tomaré la próxima semana. La verdad, estoy un poco nervioso. Razón sobra: es una de esas entrevistas que marcan el rumbo de tu vida.

Si bien le tenemos reservas por el miedo, los inmigrantes en este país anhelamos que algún día llegue "el día de la entrevista''.

Hace ya dos meses y medio que envié la solicitud para naturalizarme. El proceso ha sido expedito. De hecho, a una colega que aprobó el examen recientemente la citaron para la ceremonia una semana después. Ya es ciudadana norteamericana. ¡Qué alegría!

Por supuesto, no todo ha fluido impecablemente. Nunca me llegó la notificación del Servicio de Inmigración y Ciudadanía (USCIS) con la cita para sacarme las huellas dactilares que el Buró Federal de Investigaciones (FBI) usó para revisar mi pasado. Menos mal que la oficina del abogado recibió una copia, de lo contrario hubiera faltado. Acudí a la nueva sede de USCIS en Miami, donde me trataron de maravilla. Todo fue muy ordenado y en menos de una hora estaba listo. Cero quejas.

Hace un mes, encontré en el correo la cita para la entrevista. ¿Qué puedo decir? He procrastinado. Recién esta semana asistí al English Center, una escuela para adultos del Distrito Escolar del Condado Miami-Dade, donde ofrecen cursos gratis de preparación para el examen de la ciudadanía.

En un aula decorada con imágenes patrióticas -- una gigantesca bandera hecha con tapas de botellas y cartones de huevo, un cartel con el Juramento de Fidelidad, una narrativa en dibujos sobre la vida de Martin Luther King -- Marlene Ramírez, la maestra, hacía el papel de funcionaria de inmigración. La entrevistada: María Ulloa, de 68, quien presenta el examen el lunes.

"Es un reto, indudablemente'', admitió Ulloa, quien llegó de Cuba en el 2003 y ha pasado el último nivel de inglés en esta escuela. "No es fácil aprenderse estas preguntas a los 68 años. Pero con constancia todo se supera''.

Las 100 preguntas cívicas -- de historia y gobierno -- son parte de una prueba oral. De 10 preguntas que nos hacen, hay que responder seis bien. Además, hay que escribir una oración dictada y leer una pregunta. En la entrevista también se repasará, en inglés, la información personal escrita en el formulario N-400 de la solicitud de naturalización.

El año pasado, el examen de la ciudadanía fue cambiado. Las autoridades de inmigración argumentan que las nuevas preguntas estimulan el significado y la comprensión de datos más que la memorización. Sin embargo, los grupos que defienden a los inmigrantes se quejan de que la prueba es más complicada.

Ledyn Díaz, de 30 años, falló dos veces en el 2003. "De los nervios, no me salían las palabras en inglés'', recordó. Está estudiando de nuevo. "Le estoy echando ganas'', agregó Díaz, una hondureña que inmigró hace 12 años. "Esta es la patria de mis hijas y viene siendo mi patria''.

Más difícil o menos difícil, lo cierto es que gracias a este examen, los nuevos norteamericanos conocemos la Constitución y los valores de los patriarcas de esta gran nación tan bien -- o a veces hasta mejor -- que los nativos.

En una de las paredes del aula del English Center, un cartel brillante invitaba la mirada.

"Esta es un área de pensamiento positivo'', proclamaba en inglés.

Actitud ésta que ciertamente tendré presente cuando jure decir la verdad ante los descendientes de Jefferson.

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