Daniel Shoer Roth

Gloria por un exilio unido

No se había bañado ni comido un bocado desde el sábado 20 de marzo.

Aquel día, irritado y frustrado, Sergio Rodríguez Lorenzo se vistió de blanco, subió un catre a su camioneta Silverado 98, y le pidió a su hijo que lo dejara frente al Monumento a la Brigada 2506, en la Calle Ocho.

Allí abrió su catre, se acostó bajo las estrellas y, sin hacer ruido, comenzó una huelga de hambre en solidaridad con Guillermo Fariñas, antiguo compañero suyo de la disidencia en Cuba, y las Damas de Blanco.

Un grupo de exiliados que lo vieron adormecido al día siguiente montó una carpa improvisada. Trajeron banderas de Cuba y carteles con la imagen del prisionero político Orlando Zapata Tamayo, quien falleció en una huelga de hambre el mes pasado. En el interior, colgaron una pintura de una flor solitaria que deja caer lágrimas en una noche tenebrosa.

"La huelga ha sido fructífera'', afirmó el jueves Rodríguez Lorenzo, un handyman de 46 años que estuvo en prisión durante la Primavera Negra del 2003, aunque no formó parte de la causa de los 75. "Miles de personas han pasado por aquí, la prensa me ha entrevistado y los turistas bajan de los autobuses a sacarme fotos''.

Iniciativas como su huelga y otras de mayor envergadura como la marcha por la libertad convocada por Gloria Estefan, han florecido en el sur de la Florida durante las últimas semanas, aprovechando el inusual concierto internacional de respaldo a la causa de la democratización en Cuba. El viernes también se realizó un ayuno ecuménico en la Ermita de la Caridad, al que se han sumado numerosas vigilias y servicios de oración.

No es inusual que la comunidad exiliada se manifieste para protestar por la violación de derechos humanos en la isla y la inexistencia de libertad ciudadana. Pero esta vez, sectores y grupos que suelen pugnar entre sí por defender su punto de vista sobre cómo lograr la democracia en la isla, se han unido bajo una voz. Es la voz del amor a la patria y del nunca darse por vencidos.

"Es muy difícil la unidad entre nosotros [. . .] pero sí hay puntos en los que coincidimos como este de los presos y la actitud tan valiente de las Damas de Blanco., porque hay que ser corajudas para aguantar la presión de la chusma alrededor de ellas'', me escribió por email Marta Beatriz Roque, una prestigiosa figura de la oposición en Cuba. "Hay que mostrar al mundo que la nación cubana, ya esté dentro o fuera de la isla, está necesitada de libertad''.

Roque dio la bienvenida a las inciativas en el exilio. "Las apoyamos y sobre todo si vienen de personas como el matrimonio Estefan que tienen el cariño y la consideración de los cubanos'', continuó. "Hace falta que sea un éxito y que además impulse otras acciones de apoyo a los que desde aquí dentro tratamos de dar nuestros esfuerzos y algunos la vida''.

La impresionante manifestación de la Calle Ocho ha despertado iniciativas similares en Nueva York, Los Angeles y ciudades europeas.

Durante la marcha, caminé junto al grupo Exilio Unido Ya, creado hace cuatro meses en Facebook. La agrupación, que apoyó a Rodríguez Lorenzo durante la huelga recién culminada, cuenta con más de 600 miembros. No hay que tener un criterio ideológico ni pertenecer a una organización política para ser parte.

Uno de los fundadores es Vicente Díaz, de 35 años, quien se exiló en el 2000. Su meta era movilizar a los jóvenes --y a los no tan jóvenes-- en una sola corriente.

"El exilio está pasando por una etapa transitoria de desorganización'', opinó Díaz, quien llevaba puesto un brazalete de la Sala de Maternidad del Baptist. Su hijo recién nacido estaba internado allí y Diaz salió por un momento del hospital porque la marcha le parecía un hito histórico.

"Todas las organizaciones halan para sus intereses y eso a veces debilita la lucha contra el real enemigo'', agregó, al subrayar que, para él, no existen diferencias entre la nueva generación y el llamado exilio histórico.

Ambos son exilios políticos, no económicos, enfatizó Díaz, quien no pisará Cuba hasta que el régimen castrista "sea barrido completamente''.

Me despedí de él para acercarme a Nancy Rodríguez, de 70 años, quien gritaba con euforia "estamos unidos'', mientras que lloraba inconsolablemente.

"Hacía falta esto'', aseveró. "Hace tiempo no veía tanto sentimiento junto''.

Sentimiento. . . eso es precisamente lo que más se sintió.

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