Fabiola Santiago

Dos legisladores de Miami-Dade no pensaron al votar en la salud de sus electores

Un manifestante sostiene un letrero en contra del plan de salud republicano, llamándolo ‘Trumpcare’, en una protesta en Nueva York, el 4 de mayo.
Un manifestante sostiene un letrero en contra del plan de salud republicano, llamándolo ‘Trumpcare’, en una protesta en Nueva York, el 4 de mayo. Bloomberg

No hay ningún tema ante el Congreso más crucial que el derecho a la atención médica.

Entonces, ¿por qué dos legisladores de Miami-Dade, cuyos votantes dependen fuertemente de la asequibilidad de Obamacare para su seguro médico, votaron para derogar la Ley de Atención Médica Asequible?

Politiquería de partido, ambición, y tal vez negociación de votos y posiciones. Ciertamente, la razón no fue su devoción al servicio público.

El desastroso proyecto de ley de Trumpcare aprobado la semana pasada por la Cámara de Representantes fue un proyecto de vanidad para el multimillonario presidente cuya agenda social no fue más que una estratagema de campaña para asegurarse el voto de los pobres anglosajones con distracciones tribales populistas. De la misma manera, para los republicanos que pasaron el mandato de ocho años del presidente Barack Obama en modo de obstruccionismo, “derogar y reemplazar” se convirtió en una obsesión y un asunto de orgullo conservador, sin que importaran las consecuencias para el gran público estadounidense.

El proyecto de ley, apresurado y torpe, necesitaba 216 votos para ser aprobado, y lo fue con 217 contra 213. Veinte republicanos votaron en su contra, pero lo inconcebible es que los representantes del sur de la Florida Carlos Curbelo y Mario Díaz-Balart votaron a favor de derogar Obamacare y reemplazarla con la Ley Estadounidense de Atención Médica, una opción mucho peor.


Su votación hace del embarazo una condición preexistente, elimina fondos para el control de la natalidad y hace el acceso a la atención médica más difícil para las mujeres. Su votación hace que las personas que sufren de padecimientos serios como las enfermedades cardíacas, el cáncer y el VIH y el sida no puedan tener seguro. Donde Obamacare establecía un límite a cuánto podían cobrar las aseguradoras a las personas con estas condiciones, bajo la indiferencia de Trumpcare a las embarazadas y los enfermos se les puede cobrar primas estratosféricas. Como estas personas no pueden pagarlas, la ley hace en esencia que millones no puedan tener seguro. Al mismo tiempo, no hay expansión del Medicaid, de modo que ¿quién va a pagar por las personas sin seguro cuando necesiten servicios médicos o se encuentren en condiciones graves?

Pero, bueno, por lo menos nuestros representantes no andan sermoneándonos, como hacen otros republicanos, sobre si Jesús sabía que no se podía curar a todos los enfermos, o que lo único que tienen que hacer los pobres y los enfermos es rezar con mucha fe para mejorarse. Curbelo dice que trabajo muchísimo en el tema de la salud e hizo muchos exámenes de conciencia antes de votar. Se supone que eso nos haga sentir mejor pues como mínimo tres representantes republicanos que votaron a favor de Trumpcare admitieron ni haber leído el proyecto de ley.

Republicanos electos en el bastión demócrata de Miami-Dade por la gracia del "gerrymandeo" (manipulación de distritos para favorecer a un partido), el reconocimiento de sus nombres, y un Partido Demócrata que sigue sin saber cómo llegar a la gente, Curbelo y Diaz-Balart deberían haber seguido el ejemplo de la representante Ileana Ros-Lehtinen y votar “no” en nombre de sus constituyentes.

"Yo no voy a respaldar un proyecto de ley que tiene el potencial de causar graves daños a la salud y las vidas de las personas en el sur de la Florida", dijo Ros-Lehtinen.


Y, a pesar de la presión de los republicanos, ella no cambió su posición ni un ápice. Eso se llama liderazgo.

En el sur de la Florida, Curbelo y Diaz-Balart se hacen pasar por republicanos moderados a favor del bipartidismo. Nunca van a escucharlos soltando la retórica racista de sus vecinos norteños. Trabajan para conseguir financiamiento federal de proyectos locales y no pierden una oportunidad de salir al bate a favor de la causa de la democracia en Cuba y Venezuela. Ellos persisten al mismo tiempo que Trump parece estar descartando el papel de vigilante internacional por los derechos humanos de Estados Unidos.

Curbelo se ha declarado consciente de los cambios climáticos y da constante publicidad a sus esfuerzos por sensibilizar a los demás sobre el tema. Es difícil evitar tener conciencia de eso cuando se puede ver a simple vista el aumento del nivel del mar en todo su distrito, que se extiende hasta Cayo Hueso. Y Diaz-Balart, quien representa a secciones del Doral, Hialeah, Miami Lakes, el área al oeste de los Everglades y al norte hasta Clewiston, se ganó los galones de moderado por su apoyo a las reforma de inmigración y un camino a la ciudadanía para los muchachos de la ley DREAM.

Pero, en el Congreso, Curbelo y Diaz-Balart votan a favor de la agenda de los republicanos aunque perjudique a sus constituyentes. Es hora de que los votantes dejen de verlos como "moderados". Estos dos podían haber hecho la diferencia en el tema de la atención médica y no lo hicieron. Puede que Obamacare no fuera perfecta, pero le faltaba mucho para colapsarse. Los republicanos podrían haberse apuntado una victoria mejorándola sin renunciar al principio de que el acceso a la atención médica debería ser para todos, y no sólo para los ricos, los sanos y los asegurables.


Ahora el proyecto de ley se ha llevado al Senado, y algunos esperan que otro republicano de Miami, ultraconservador y enemigo de Obama, el senador Marco Rubio, salga en defensa de los floridanos.

Buena suerte si se creen que van a conseguir ese voto.

Fabiola Santiago: fsantiago@miamiherald.com, @fabiolasantiago

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