Fabiola Santiago

Si los venezolanos quieren democracia, deben quedarse en casa y luchar por ella

Una mujer lleva una bandera de Venezuela durante una jornada de huelga nacional en Caracas.
Una mujer lleva una bandera de Venezuela durante una jornada de huelga nacional en Caracas. Bloomberg

No hay ninguna duda de que los venezolanos con la suficiente suerte para llegar a Estados Unidos cumplen los requisitos para un estatus temporal de protección, en momentos de gran agitación y peligro en su país.

El TPS, como se le conoce comúnmente, permite quedarse a personas que están en el país con diferentes tipos de visas, como de visitante, estudiante, inversionista, personas con calificaciones extraordinarias y otros. Con el TPS, los que se han quedado en Estados Unidos más tiempo del que les permite su visa, pueden quedarse sin temor a la deportación hasta que el país en cuestión recupere la estabilidad y la seguridad suficientes para regresar.

Es un estatus especial que se otorga solamente a personas de países donde imperan condiciones excepcionalmente difíciles, ya sea un desastre natural como el catastrófico terremoto del 2010 en Haití o la implacable violencia pandillera que impera desde hace años en países como El Salvador, Guatemala y Honduras.

Ahora les toca el turno a los venezolanos, y se merecen lo que constituye un asilo general a corto plazo.

Pero la protección del TPS es una espada de doble filo.

Los venezolanos tienen una oportunidad real de detener la consolidación de la dictadura de Nicolás Maduro, si la oposición no huye del país. Venezolanos valientes y osados ya han dado la vida tomando las calles en manifestaciones masivas contra el gobierno, rompiendo así el patrón de los cubanos que han escogido huir en masa en vez de luchar en cada momento crítico de las seis décadas del régimen de los hermanos Castro.

Si los venezolanos abandonan su valiente intento de tener un lugar en el escenario político nacional, y siguen yéndose a Miami, Madrid o cualquier otro lugar en busca de refugio, se acabó.

Maduro quedará así sin una oposición significativa y poderosa, que es lo que el gobierno de Caracas, que implementa al pie de la letra las enseñanzas de los hermanos Castro, espera en este momento. Venezolanos, no le den el gusto a Maduro, a menos que estén preparados para abrir una puerta hacia una situación de la que no hay regreso al país que conocieron y amaron.

Al principio uno mismo se dice que el exilio es temporal, pero muy pronto, y con mucha facilidad, se convierte en algo permanente. Uno se acomoda a la idea de lo irrevocable, pero la nostalgia y el mirar atrás nunca pasan. Lo peor de todo, pasado este tiempo ya uno se quiere quedar tras enfrentar la prolongada y dura batalla jurídica por la residencia permanente en Estados Unidos. ¿Por qué creen que los haitianos y los centroamericanos claman porque les prorroguen el TPS? Poco ha cambiado en sus sus países, y el sur de la Florida se ha convertido en el hogar de ellos y de sus hijos.

Los cubanos les dirán que el punto de no retorno es ese mismo acto de “cruzar el charco”, dejar su país, cruzar un mar que para los venezolanos es incluso mayor.

Les puedo asegurar que luchar por la patria desde el exilio, y ganar, no es posible. No se engañen. Si se asientan en este país absorbente, pueden convertirse en miembro de una causa que se convierte en una industria local y tema de campañas políticas locales y discusiones en los medios, pero eso nunca conseguirá la libertad de Venezuela.

Dejar atrás el país cambia también las cosas para los que se van y los que se quedan. Los que se van lo pierden todo, incluida la identidad, y eso es importante. La pueden traer en la maleta, como dijo conmovedoramente Willy Chirino en una canción, pero esa identidad tiene fecha de vencimiento. Prepárense para vivir en un país que, no importa cómo expresen su gratitud, les dice constantemente que no es suyo. Prepárense para envejecer rodeados de nietos y bisnietos que no hablan español y que no tienen idea de esa tristeza permanente que llevan en el alma.

El TPS es una asistencia útil para las víctimas de situaciones extraordinarias y debe ofrecerse a los venezolanos que están en Estados Unidos mientras Maduro se aferra tercamente al poder y genera más caos. Pero si el TPS provoca una estampida, esa protección cortará como un cuchillo afilado algo mucho más valioso.

Abandonar el campo de batalla es regalarlo al opresor. Si lo que los venezolanos quieren es democracia, deben quedarse en Venezuela y luchar por ella.

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