Fabiola Santiago

Embargo a Venezuela de Trump imita el guion fallido en Cuba

John Bolton, asesor de seguridad nacional de Estados Unidos (der.), conversa con Wilbur Ross, secretario del Comercio de EEUU, durante una conferencia de naciones que apoyan al presidente interino de Venezuela, Juan Guaidó, el martes 6 de agosto de 2019, en Lima, Perú.
John Bolton, asesor de seguridad nacional de Estados Unidos (der.), conversa con Wilbur Ross, secretario del Comercio de EEUU, durante una conferencia de naciones que apoyan al presidente interino de Venezuela, Juan Guaidó, el martes 6 de agosto de 2019, en Lima, Perú. AP

Si la política de embargo entre Estados Unidos y Cuba ha demostrado algo en los últimos 60 años, es que las personas que pasan hambre no provocan el cambio de régimen.

Pero sí huyen al exilio.

Los venezolanos no solo han imitado a los cubanos al preferir emigrar en lugar de soportar penurias, sino que los han superado. En los últimos años han huido 4 millones del gobierno chavista-socialista de Nicolás Maduro, el mayor desplazamiento de personas en el hemisferio.

Entonces, ¿qué puede lograr el embargo económico total de la administración Trump con una política inútil de la década de 1960 que falló en Cuba en su momento y sigue siendo impotente hoy?

Un embargo de Trump a Venezuela —o un “bloqueo” como lo llaman Maduro y sus asesores cubanos para unir a su pueblo contra Estados Unidos— solo continuará matando de hambre a los venezolanos.

Si la historia predice el comportamiento futuro, conducirá a más de lo que las familias separadas en el exilio ya están haciendo: enviar ayuda. Buscar una salida para los que quedan atrás.

Nadie dejará que sus padres ancianos, sus hermanos y hermanas, sus hijos e hijas, sus tíos y tías que permanecen en Venezuela se queden sin medicamentos, alimentos y productos básicos.

Surgirá una industria —en particular, una clandestina para evitar el embargo— en Miami, Doral, Weston y en todos los lugares de la Florida y Estados Unidos donde los venezolanos se han establecido legalmente con estatus, o sin él, como Trump mantiene a los más vulnerables bajo una idea retorcida de estrategia política.


Con el embargo establecido, el próximo éxodo se está tramando ahora mismo, y como Fidel y Raúl Castro lo hicieron en el pasado, el dictador venezolano lo promoverá como la válvula de escape que necesita para la adversidad y el descontento.

La historia es una sabia maestra, pero el gobierno de Estados Unidos no ha tomado buenos apuntes, no ha prestado atención a las lecciones de coyuntura de América Latina y no ha abordado el meollo de los problemas de pobreza, desigualdad de oportunidades y corrupción.

El comportamiento pasado es el mejor pronosticador del comportamiento futuro, dicen los psicólogos.

Sin embargo, los estrategas de la administración Trump, liderados por el viejo guerrerista asesor de Seguridad Nacional de Estados Unidos, John Bolton, no meten ni una pizca de creatividad o sorpresa en la ecuación.

No han logrado entender, ni han podido involucrar a la izquierda de América Latina cuya principal queja, y el tema con el cual ha ganado adeptos, ha sido históricamente el dominio de Estados Unidos en el hemisferio y la arrogancia que este conlleva.

Esta administración cree que lanzar más de lo que no ha funcionado solucionará las cosas.

“En este hemisferio, es nuestro imperativo moral defender a nuestros vecinos contra cualquier amenaza, interna o externa, que socava la paz, la seguridad y la prosperidad”, dijo Bolton el 6 de agosto en una reunión de líderes extranjeros en Lima. “Maduro esperaba que el mundo simplemente lo dejara golpetear, golpetear, golpetear a la oposición, mientras él continuaba oprimiendo, robando y matando para su beneficio particular. Pero Maduro está llegando a su fin”.

¿Sabes cuántas veces hemos escuchado versiones anteriores de esta fórmula política sobre Cuba, Venezuela y Nicaragua con un único resultado?

La promesa y la autoridad moral. El vaticinio de que el dictador caerá. Los aplausos de la oposición.

“Todo lo que tenga que ver con la compra de alimentos, medicinas, ayuda humanitaria y empresa privada está exento de esta sanción”, tuiteó el líder opositor y presidente de la Asamblea Nacional, Juan Guaidó, en la única gracia salvadora de las noticias.

Pero a solo días del embargo, Guaidó ya estaba alertando que la respuesta que prepara Maduro: disolver el parlamento elegido democráticamente.

Lo que crece con la lucha económica, y el descontento es más oleadas de inmigración.

Quienes se quedan porque apoyan al régimen no desarrollan una nueva conciencia social de inmediato. Están demasiado ocupados sobreviviendo. Están demasiado ocupados plegándose a las reglas del juego totalitario para obtener los escasos beneficios que el gobierno entrega solo a los fieles.

Cuando estén hartos de las dificultades, también buscarán una salida con mejores perspectivas de huida que la isla de Cuba, y al igual que los cubanos, con más opciones en América Latina y Europa, que los ingratos Estados Unidos de Trump. Colombia, por ejemplo, está otorgando la ciudadanía a más de 24,000 niños indocumentados de refugiados venezolanos nacidos en el país entre 2015 y 2021.

Mientras tanto, Maduro culpará cómodamente a Estados Unidos por la nueva escasez, cuando hasta ahora, el hambre y la desastrosa economía se habían contabilizado únicamente en la cuenta de Maduro.

Un embargo de Estados Unidos afirma que se trata de “sálvese quien pueda” buscando una única salida a medida que se prolonga el tire y afloje verbal con Estados Unidos: el exilio.

Twitter: @fabiolasantiago. Correo: fsantiago@miamiherald.com.

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