Guillermo Descalzi

Clinton-Trump: El debate

La candidata demócrata Hillary Clinton y el candidato republicano Donald Trump concluyen el debate presidencial en la Universidad de Hofstra, en Hempstead, Nueva York, el lunes.
La candidata demócrata Hillary Clinton y el candidato republicano Donald Trump concluyen el debate presidencial en la Universidad de Hofstra, en Hempstead, Nueva York, el lunes. AP

Hillary interrumpió su avance. Él fue más agresivo al inicio pero luego ella lo puso a la defensiva, se le vio más en control, como alguien que le tiraba carne a un lobo hambriento y él se prendía de ella. Hillary claramente lo movió, él no, y se le vio calmada al punto de a veces parecer débil.

Trump perdió el control del debate tras el inicio y Hillary lo manejó con tal sutileza que aparentemente creyó que ganaba con la fuerza de su estilo… pero su falta de respuestas lo llevó a mostrarse irrespetuoso, como cuando Hillary lo acusó de referirse a algunas mujeres como pigs, cerdas, y él empezó a atacar a Rosie O’Donnell. Defendió haberla llamado cerda “I think you would agree she deserved it, and nobody feels sorry for her.” Estarán de acuerdo, dijo, con que se merece ese apelativo, y nadie la compadece.

Las llagas, Hillary estudió sus llagas y las usó para sacarlo de sus cabales. Allí se vio la preparación de ella y su falta en él, que tiene un problema de concentración y reacciona mal ante cualquier tipo de provocación, una debilidad que Clinton explotó.

Trump fue Trump y serlo no fue bueno para él. Hubo preguntas que pudo haber contestado mucho más efectivamente pero pareció perder el hilo cuando, por ejemplo, se le preguntó sobre los juicios contra él por discriminación en vivienda. Debió haber dicho que él nunca discriminó pero lo que dijo fue en cambio que negoció un acuerdo sin declararse culpable…otro ejemplo de falta de preparación, no hizo su tarea en casa.

Su defensa sobre su apoyo a la guerra en Irak y sus dudas sobre la ciudadanía de Obama fueron inefectivas, hasta ridículas. Dijo que su oposición a la guerra la conoce el comentarista Sean Hannity y por qué no le preguntamos a él, y que Patty Solís Doyle, de la campana Clinton en el 2007, envió gente a Kenia a buscar el certificado de nacimiento de Obama, cosa que ella desmintió.

Trump pareció aceptar que nunca había pagado un centavo en impuestos federales, como insinuando que eso demuestra su habilidad en los negocios, que él aprovecha el sistema, las leyes y sus debilidades… y que eso lo hace ‘smart’, inteligente.

¿Por qué no suelta sus declaraciones de impuestos? Ella: “maybe he is not as rich and charitative as he claims or maybe he doesn’t want people to know he didn’t pay a cent in income taxes, or who he owes money to.”

Ella: que él quizás no las publique porque no es tan rico ni caritativo como dice, que no quiere que la gente sepa que no ha pagado un solo centavo en impuestos federales, y a quienes les debe dinero…

Luego: “it must be something terrible he is trying to hide.” que debe haber algo terrible que esconde. Trump no respondió, hizo mutis al respecto.

Llegamos a este primer debate con un personaje de tintes fascistas con poca preparación en el gobierno y poco control de sus impulsos, y una mujer entrenada en el lenguaje burocrático y a hablar con ambigüedad. Los dejamos convencidos de las fallas de Trump y un tanto reconfortados por la claridad en los argumentos de ella.

Hay más perlas que resaltar. Él, por ejemplo, se cree gran director de escena pero el público se rió cuando dijo que “I have much better judgment than her, and I know how to win. I also have much better temperament”, que él tiene más juicio que ella y su temperamento es mejor, mucho mejor. Si de algo se acusa a Hillary es de su excesivo control y falta de espontaneidad pero él asegura… haberla visto desencajada.

Por su lado ella: “the thousands of people you have stiffed, don’t they deserve your excuse?” las miles de personas que usted dejó colgadas… ¿no se merecen que usted les pida perdón?

Ahora habrá que esperar a las encuestas. Me imagino, a ojo de buen cubero, que más de la mitad estará por ella, un 30% por él y 10% indeciso. Esto va a destrabar la contienda… pero no es el final. Aún quedan dos debates y habrá que ver cómo van. Mi apuesta: empezó a caerse el castillo de naipes de Donald Trump.

Periodista, escritor y filósofo peruano.

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