Guillermo Descalzi

GUILLERMO DESCALZI: Guerra islámica

Un hombre abraza a un anciano de la secta cristiana yazidi tras ser liberado por militantes islámicos en el norte de Irak, el pasado enero.
Un hombre abraza a un anciano de la secta cristiana yazidi tras ser liberado por militantes islámicos en el norte de Irak, el pasado enero. AP

Hay histeria y belicosidad hacia el Islam, exhalaciones de guerra, voces y encuestas preparándonos para combatir en tierra. Quieren que Obama entre con todo para salvarnos de Isis y ‘corregir’ al mundo islámico. Son metas irreales. Las personas y sociedades necesitan corregirse por sí mismas, incluso cuando se les enseña, entrena y apoya como pretendemos hacer. En cuanto a Isis, necesitamos ver su realidad. Obama niega que sea un grupo extremista islámico. ¿Importa que no sea real? Sí, importa. El terrorismo de Isis es islámico y debe ser enfrentado y tratado como es.

Cada cual, cada cultura, cada sociedad, vive –quiéralo o no– su realidad. Nosotros tenemos nuestra realidad y nuestros amigos árabe-islámicos necesitan ser reales con la suya. No les será fácil con la realidad de la Casa Blanca, menos aún con su fantasía. Las facciones del Islam tienen que resolverse entre ellas. Nosotros no somos su solución.

En eso de ‘de qué se trata’ este conflicto, la Casa Blanca difunde su visión con bombo y platillo. Fantasea, y las fantasías no prevalecen. Cada facción en este conflicto lucha por su interpretación islámica, lo que lo hace un conflicto islámico. No lo será para nosotros pero así es para los que no queremos aceptar como enemigos islámicos quizás para no ofender a los amigos para quienes esta guerra también es islámica. Nosotros somos los únicos engañados, auto-engañados.

Pretendemos ‘hacerlos cambiar’, que cambie el ejercito iraquí, que chiitas y sunitas dejen de odiarse, que el islam sea como queremos, y todo esto que ya es problemático… no es el problema. El problema es que o cambian ellos o no los cambia nadie, pero creemos que podremos cambiarlos por un ‘síndrome de instantaneidad’ que nos hace creer que somos de cualquier lado, que cualquier lado está ‘casi’ acá y que el mundo entero es ‘casi’ nuestro porque ‘lo tenemos’ a nuestro alcance.

Las ondas electromagnéticas pueden darle la vuelta al mundo 7 veces en un segundo. Una acción en Siria o donde sea puede estar casi instantáneamente en nuestras pantallas. La instantaneidad ‘acerca’ el mundo a nosotros, pero ese acercamiento no es real y distorsiona nuestra perspectiva. Ellos, por más instantáneamente que los veamos aquí, no están acá y nosotros por más instantáneamente que los veamos allí, no estamos allá.

Necesitamos un Cordon Sanitaire como los creados para contener la peste negra y aislar al Káiser en la guerra de 1914. Ahora, el Cordon los contendrá pero ellos exportan su odio. Hay un ángulo para eso: Cordón Sanitario allá y cirugía acá: dos lados, un ángulo. Se necesitan tres.

General en griego clásico es Ángelon, como en ó hippoi ángelon, el caballo del general. Los generales determinaban el ángulo de la batalla y preferían de arriba hacia abajo, de tierra alta, posición de altura, y de lo ancho a lo delgado, del frente a la esquina, arrinconar en ángulo.

El primer ángulo en este caso cuenta con nuestros bombardeos y apoyo en el Cordón, pero detengámonos antes de meternos como griegos en las Termópilas, el segundo ángulo. El problema actual viene de esa época. Es una trenza de conflictos. El del Este versus Oeste es muy antiguo. Seguimos como los 300 espartanos de Leónidas, enfrentando a Xerxes. A ese conflicto, iniciado hace 2,500 años, se añadió 1,400 años atrás el de las facciones del Islam, y luego está el que empezó hará 1,000 en las cruzadas. Es una trenza muy antigua y en esta era con su síndrome de instantaneidad necesitamos adaptar nuestra perspectiva porque esto no es inmediato.

Las Termópilas son una advertencia: No entremos. Necesitamos resistir las voces, encuestas y expertos que aconsejan entrar con todo, y no debemos ingresar a pie. Termo-Pilæ: puerta-caliente. No nos metamos al infierno. El presidente de Egipto, Al Sissi, está promoviendo el tercer ángulo, una fuerza pan-islámica-árabe para combates irrestrictos, pero el Islam está tan dividido que hasta en su pan-arabismo armado, si se da, se cuidarán unos de otros.

Los musulmanes necesitan resolver la embriaguez religiosa de sus extremos, y no nos creamos muy superiores. Nosotros también estuvimos embriagados en las cruzadas, la inquisición, matando judíos y ‘brujas’, etc.

¿Arreglarlos? Imposible. O se arreglan ellos o no los arregla nadie. Esto viene de atrás y estará aquí mucho más. Necesitamos cirugía acá, Cordon allá y pan-arabismo en tierra, tres ángulos. Toda realidad es verdadera y toda verdad tiene tres ángulos: el mío, el tuyo y el que es. Hay que conectarlos, sin apuros, porque en esto ni hay inmediatez real ni instantaneidad posible. Este fuego ha durado miles de años y continuará mucho más. Hay que calmar nuestra urgencia.

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