Guillermo Descalzi

El otro día descubrí que soy negro

El otro día descubrí que yo, Guillermo Descalzi, soy negro… y también indio americano. Sucedió cuando recibí un análisis de mi identidad genética. Había enviado, con el respectivo dinero, una muestra de mi tejido bucal al proyecto genoma de National Geographic. Encontraron que mi linaje viene de un valle en Etiopía hace setenta mil años, donde vivió un grupo de gente indudablemente… descalza. Mi tía Julieta Descalzi, de Guayaquil, admiradora de Hitler y Mussolini, se moriría si supiera eso. Lo único que la salva es que ya murió, hace tiempo, a una edad muy avanzada. Mi hermana Carmen hizo lo mismo que yo. A mí me analizaron el ADN patrilineal, a mi hermana le investigaron el matrilineal y por él venimos de una indígena americana, 25% de nuestro genoma matrilineal es indígena de hace no mucho. ¿Qué dirían si les dijera que ustedes también son negros e indígenas, a más de orientales, blancos y tibetanos a la vez?

Cada uno de nosotros nace de dos personas, la siguiente generación para atrás nace de 4, la 3era de 8, 4ta de 16, 5ta de 32. Seis generaciones para atrás desciendes de 64 personas. En veinte generaciones, 400 años, desciendes de 1,048,576 personas que tuvieron que copular para que tú nazcas, tanta gente que se vuelve imposible decir por donde va ‘tú’ línea.

A 20 años por generación, en 500 años desciendes de 33,554,432 personas, unos 33 millones, la mitad de la población europea del siglo XV, así es que si tienes piel blanca entonces desciendes de un francés o francesa, inglesa, alemana y húngara a la vez, a más de negra y todo porque en 600 años desciendes de 1,073,741,824, unos mil setenta y tres millones, más que la humanidad entera de esa época, y nuestra base genética empieza a achicarse de allí para atrás porque no había tanta gente en el planeta.

Todos los de hoy descendemos de todos los habitantes de la Tierra antes del 14000, todos estamos emparentados por varias vías con Juana de Arco, Tamerlán, Calígula, Atila, Enrique el Navegante, Confucio, el negro Patricio, nobles, sabios, ladrones y prostitutas, etc. Todos somos verdaderamente hermanos… y andamos peleando por quítame estas pajas porque aparte de la larga ascendencia genética que nos une también tenemos otra mucho más corta, caracterológica, que nos ‘des-une’.

Venimos de un proceso biológico y otro caracterológico, y es por el caracterológico que creemos no tener nada que ver con los esquimales, bantúes del África y shipibos del Amazonas.

Gran parte de nuestro carácter viene de nuestros familiares en los últimos ochenta años. Yo heredé algo del carácter de mis padres que a su vez heredaron rasgos de mis abuelos, que lo heredaron de mis bisabuelos y tatarabuelos. Dice mi padre que le recuerdo a mi tío abuelo Atilio Descalzi, que murió por el 1940.

Llevamos el carácter de las cuatro generaciones que nos precedieron, cinco con la nuestra. Ese es el origen del requinto, cinco generaciones unidas en un destino, eso es ‘requintar’, pasar un carácter negativo (una ‘mala’ característica) por cinco generaciones.

Somos vertientes de 32 historias que confluyen en nosotros en los 80 años antes de nuestro nacimiento en el cálculo generacional antiguo porque desde 1960 las generaciones en el mundo desarrollado tardan más en reproducirse.

Nací el 24 de abril de 1947. Llevo el carácter de mis antecesores desde 1866, de mi tío bisabuelo, el héroe peruano Andrés Avelino Cáceres, que crió a mi abuela (el carácter es parte genético pero más de crianza, así que los hijos adoptivos son tus hijos), de mi abuelo, Héctor Luigi Descalzi, etc.

Nos creemos diferentes pero si nos diéramos cuenta veríamos que el sufrimiento de los niños en los bombardeos de Alepo tocará nuestra descendencia biológica. Tu futuro, árabe musulmán de Alepo, es mi futuro, blanco peruano estadounidense.

“Tu carácter es tu destino”, dijo un sabio de ayer, Heráclito, y todo lo que ‘seamos’ llegará a la descendencia de todos, así vamos formando un carácter modal para la humanidad de mañana. Si tuviésemos convencimiento de esto quizás actuáramos un poco distinto, quizás hubiera un poco menos de soledad en el mundo y un poco más de amor en todos… quizás.

Periodista, escritor y filósofo peruano.

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