Guillermo Descalzi

El paso Trump, uno pa’ delante, otro pa’ trás

El presidente Donald Trump, junto al vicepresidente Mike Pence (izq.), firma este lunes una orden ejecutiva retirando a Estados Unidos del Acuerdo Transpacífico (TPP).
El presidente Donald Trump, junto al vicepresidente Mike Pence (izq.), firma este lunes una orden ejecutiva retirando a Estados Unidos del Acuerdo Transpacífico (TPP). Getty Images

Algo de nuestro futuro está en el pasado… eso sale de again, una vez más, como en Make America Great Again, hacernos grandes de nuevo… como fue. Fue en 1829, con la inauguración de Andrew Jackson, que se inició lo más aproximado al proyecto de Trump, con el poder absoluto del presidente de entonces en la administración de su llamada Jacksonian Democracy. ¿Irá esta a ser una ‘Democracia Trumpiana’?

Este gobierno se inicia con rechazo por disputas triviales elevadas en tono por mentiras del propio presidente, su búsqueda de culpables y la paranoia de una personalidad patológica. Su patología: Kellyanne Conway, su consejera, dice que Trump maneja alternative facts, hechos alternativos, inventos por no decir mentiras de otra realidad.

El autoritarismo de Jackson fue posibilitado por una transformación del mercado, la llegada de la gran industria a un país agrícola. Las instituciones de entonces no supieron manejar el cambio. Hoy es la tecnología la que está cambiando al mercado, llevándolo de los márgenes nacionales al escenario global. Las instituciones de hoy tampoco han sabido manejarlo. Llega entonces Trump con su ultranacionalismo y promete arreglar todo en un lugar que “floreció pero la gente no compartió sus frutos, la capital se protegió a sí misma pero no a los ciudadanos”. Tiene razón en eso, ese es su secreto, por eso le creen, es el grano de verdad que crece en el descontento de su base.

Jackson presidió sobre un boom europeo-americano pero fue un desastre para los mexicanos que perdieron sus tierras y los indígenas que murieron. Las matanzas y expulsiones fueron indiscriminadas. Hoy el hispano de ancestro indígena en el oeste México-Americano se enfrenta a algo similar en una nueva ola de in-discriminación que pone a todos en el mismo bote.

Trump llega sin censura ni amarre a la normalidad, rompiendo protocolos, desafiando la moral y ética convencionales y agresivo a la par que predica arreglos, deals. Su discurso inaugural fue una esencia del populismo nacionalista y aislacionista que predicó, en frasco chico de solo 16 minutos de contenido en la alocución más radical de inauguración alguna.

Esta perla sale de allí: “Por demasiado tiempo hemos defendido a otros sin defendernos nosotros, y gastado trillones en el extranjero”. La implicación es clara, a world adrift, un mundo a la deriva. Que cada país, dice, busque su interés como nosotros buscaremos el nuestro.

Donald J. Trump está cambiando la presidencia. Sus predecesores la describieron como una institución a la que tuvieron que amoldarse. Trump la está amoldando a él… pero él no tiene molde y su presidencia puede fácilmente desparramarse. Lo peor es que siendo este Estados Unidos su desparrame va a caer sobre el mundo entero.

Andrew Jackson, old hickory, el viejo palo de nuez dura como se le llamaba, abrió la Casa Blanca a la multitud en su fiesta inaugural, con barriles de cerveza, vino y licor en sus habitaciones. Quedó con tales destrozos que la presidencia tuvo que mudarse a un hotel durante los meses que duró su reparación. El exceso fue tal que se cuenta que Jackson tuvo que escapar por una ventana, así fue su populismo.

El populismo de Trump pinta un país de sueños muertos donde él es la promesa que llega. Habló de una carnicería en las calles, una imagen que se reflejó en su inauguración con el estallido de granadas de percusión (flash bang) y más de 200 arrestos antes de iniciarse el desfile. Ese es ‘un lado’ de su populismo. Se debe haber referido a otro lado al decir que “el poder hoy no se transfiere de un partido a otro, hoy se lo damos al pueblo”. ¿Estarán escuchando los líderes republicanos –verdaderamente escuchando– lo que dice? Han sido advertidos pero no hay más ciego que el que no quiere ver.

Más de su panorama: “El crimen y las pandillas aterrorizan las ciudades. Esta masacre americana (carnage) termina aquí ahora”. Evoca la frase bíblica de “entre los ríos de Babilonia lloramos”. En Washington entre Maryland y Virginia se lloró por gas pimienta (pepper spray) en su inauguración, y lleva a recordar las líneas de Bécquer en su ‘Volverán las oscuras golondrinas sus nidos a colgar’. Volverá la tranquilidad, es inevitable, todo es cíclico, pero continuando con Bécquer… ‘Pero aquellas que aprendieron nuestros nombres, esas no volverán’.

¿Estarán nuestros nombres escritos en su libro de ganadores? Lo pregunto porque para él hay dos tipos de gente: “Que los demás se cuiden que nosotros nos cuidaremos nosotros”. ¿Estaremos entre ‘los demás’ o entre ‘nosotros’? ¿De qué lado quedaremos? Quiero desearle lo mejor pero, sabiendo como una cosa lleva a otra, lo que tengo es preocupación.

Periodista, escritor y filósofo peruano.

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