Guillermo Descalzi

El nuevo partido del trabajador americano

Trump busca una prensa servil y cree que la logrará con cosas como que somos ‘el enemigo del pueblo’, excluyendo a los que no quiere, como recientemente hizo con CNN y otros medios, y con colaboradores en el Congreso y distorsiones repetidas ad infinitum para darles visos de realidad.

¿Se dará cuenta de que la exclusión de CNN ya lo hizo Maduro en Venezuela? ¿Se dará cuenta de la ironía? Quizás no le importe porque él crea conflictos para ser vehículos de su mensaje.

Otra ironía: ha declarado que en adelante el Partido Republicano será el del trabajador americano, el partido del American Worker. El Partido Comunista se presenta de la misma manera, y la idea de un Partido Republicano de los trabajadores es inquietante pero no ilógica porque hay un punto de encuentro entre el comunismo y el Trumpismo: está en el socialismo.

El comunismo es de izquierda socialista y el Trumpismo de derecha también socialista, el nacional socialismo.

El nacional socialismo tiene tres componentes: un gobierno totalitario-democrático (electo), una élite monopólica que controla la economía, producción y mercado y, tercero, una clase trabajadora (‘clase’ como en ‘socialismo’) en el partido del trabajador americano, lo que debiese despertarnos a la realidad a la que apunta el gobierno de Trump.

No será fácil cambiarlo, modificarlo o controlarlo, y no se puede hacer de manera partidista. ¿Tendrán los legisladores republicanos que sufrir en carne propia para plegarse al cambio? Quizás, porque el ser humano suele cambiar solo in extremis, cuando no le queda más remedio.

Es difícil creer pero Trump está en vías de ser un dictador como de república bananera, pero este es Estados Unidos y lo permitimos por una trampa, la ‘Trump-Trampa’ de una dictadura democráticamente electa: ¡Ha sido electo, es la voluntad del pueblo!

Se necesitará un pacifismo creativo, una no-violencia activa en la que cada uno trabaje en lo que le toque. Para los hispanos están sus niños.

Los niños tienen derecho a sus padres, un derecho humano.

A Guadalupe García Rayos la deportaron dejando atrás dos hijos nacidos aquí, Jacqueline de 14 y Ángel de 16 que han perdido su derecho a su madre, el estado se los ha quitado.

Los niños de indocumentados son 9% de los nacidos aquí, 4.5 millones de menores americanos con padres sujetos a deportación, cuatro millones y medio en riesgo de que les destruyan la vida llevándose a sus padres.

También hay otro movimiento para acabar con los anchor babies, ‘bebés ancla’, anclas porque ‘anclan’ a sus progenitores al suelo donde nacen. Es un movimiento contra un derecho ancestral, Jus sanguis y Jus solis, derecho de sangre y suelo que determina la ciudadanía del recién nacido.

Un nacido en Tombuctú de padres americanos es americano por sanguis, sangre, un hijo de indocumentados nacido en Nueva York es americano por solis, suelo. Por allí circula la idea de acabar con el jus solis para el hijo del indocumentado.

La solución a la coyuntura actual debe ser legal, necesita tribunales, la Corte Suprema con toda certeza, y necesita una comunidad que reclame por la justicia de su causa.

La ley permite que un nacido aquí pida a sus padres tras cumplir 21 años de edad. ¿Y los niños? ¿Y el derecho a sus padres cuando los botan?

Acuso a las organizaciones hispanas y de derechos civiles que no se movilicen en su defensa y a quienes defiendan la deportación, todos, de padres indocumentados de menores americanos.

La oposición a esta dictadura legal en ciernes necesita también ser legal, y real en temas concretos como el de los niños hispanoamericanos, con más de cuatro millones de nuestros hijos cuyos padres están en riesgo de deportación…

Hay que moverse, de lo contrario preparémonos para la cimentación del nuevo Partido del Trabajador Americano… que quién sabe a donde nos lleve, y no solo a nosotros, a todos… incluyendo el mundo entero porque como va Estados Unidos, así va el mundo. ¿Partido del Trabajador Americano? Prepárense.

Periodista, escritor y filósofo peruano.

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