Guillermo Descalzi

La teoría del más

Nací por la ribera del Rímac, un río con piedras que arrastra desde sus primeras quebradas a cinco kilómetros de altura. Lima viene de ‘Limac’, Rímac. Los conquistadores tras Pizarro llegaron por el río Virú de cuyo nombre sale ‘Perú’.

En Lima, Perú, vivimos con dos nombres quechuas castellanizados y la mayoría no lo sabe. Ignoramos mucho de aquello con lo que vivimos y no solo en el Perú, en todos lados.

Los conquistadores llegaron para saciarse de oro y nunca se satisficieron acumulando más, quedaron in-satisfechos. Todos sufrimos de alguna insatisfacción similar y nos embarcamos como los conquistadores en busca de más pensando que ‘será mejor’, una teoría en la cual el éxito, relativo como pueda ser, se consigue con más, siempre más, nunca menos y ni siquiera ‘igual’.

Los de la conquista acumularon tanto que se produjo la devaluación de 1545 en España. Una devaluación anterior, alrededor del 1300, fue la de Mansa Musa, rey de Mali, cuando llegó al Cairo con 80 camellos cargados con más de 10 toneladas métricas de oro.

¿Por qué no se saciaron los conquistadores? Porque mientras más oro tenían menos valía su oro y necesitaban más para tener igual, un contrasentido del más.

La mayoría sentimos que nuestras vidas se ‘estancarían’ si cesásemos de acumular. No nos damos cuenta que el ‘más’ es otro estanque, el estanque del más, y todos bebemos y seguimos bebiendo de su agua aunque nunca quite nuestra insatisfacción y ansiedad.

Buscamos más por percepción. Nos creemos con derecho a lo que queramos porque ‘nuestra’ realidad parece girar alrededor nuestro, un egocentrismo ‘original’.

Confundimos más y progreso. Progresar es innovar y el progreso personal está en la in-novación del ser re-novado. Para eso necesitamos darnos cuenta de nuestros privilegios, lo que tenemos, cuanto tenemos y por qué lo tenemos, y apreciarlo porque todo tiene un propósito y si no lo vemos hay que buscarlo.

También confundimos elegancia con gracia. Nuestras sociedades están en eso, unas más otras menos, elegancia por aquí y allá. Lo que necesitamos es gracia.

La gracia está en una actitud en la mirada del agradecido, porque eso es lo que quiere decir agradecer, dar gracia. Es serenidad, una serenidad alegre. Cuando la tengamos podremos decir… ¡Tuvimos éxito!

En el estanque del más nuestro dar gracia es un mero formulismo verbal, ‘muchas gracias’, y de inmediato queremos más. Dios da, necesitamos extender su dar, extendernos a los demás, servir. Si no los servimos entonces nosotros no servimos.

Rechazamos la miseria, la colgamos del cuello del pobre y su falta, su carencia, se convierte en culpa a nuestros ojos. No hay gracia en eso.

Todos queremos más, queremos progreso con más negocio, más producción y exportaciones. Lo que necesitamos es renovarnos uno por uno cada uno en lo suyo.

Mientras tanto la conquista sigue aquí y en todos lados, la conquista de más. No estaría mal si fuese para compartir pero es para fortalecer nuestras empresas, negocios, fortalecernos nosotros ¿Y el resto? Su falta es su culpa dice la teoría del más.

No se da lo que no se tiene, necesitamos conciencia de la presencia de Dios para tener la presencia de la conciencia de Dios. Eso es gracia y entonces no se necesita más.

Periodista, escritor y filósofo peruano.

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