Guillermo Descalzi

Hillary, encrucijada demócrata

Encrucijada viene de cruz. De allí se deriva ‘cruce’. Un cruce eléctrico produce cortocircuitos. ¿Podrá Hillary provocar uno? Las primarias demócratas se perfilan con una candidatura única, monopolar, en la que toda la electricidad, positiva y negativa, acaba en ella. Si esto no produce un cortocircuito será por que habrán inventado algo nuevo.

La candidata monopolar no tiene un solo contendor. Llega como si este fuese el momento de su ahora o nunca, y el partido entero parece querer cederle el paso en lo que sería el reclamo de su herencia.

Hillary necesita retadores, contendores reales. El partido también. El otro heredero del momento, Jeb Bush, sí tiene contendores. Hillary sin competidores parece estar en una calma casi soporífera, quizás porque no tiene razón alguna para correr. La ausencia de competidores amenaza con dejarla in-competente. Ella y el partido necesitan enfrentar esa realidad. Si no la resuelven se les hará fácil a los republicanos resolverla a ella. Tiene que sacudirse el polvo acumulado en sus años de espera y mostrar la verdad, cualquiera que sea, de su candidatura. Le será difícil hacerlo en primarias sin rivales, de autenticidad forzada, pro forma, huecas.

Los demócratas necesitan inyectarle pasión, promoverle rivales, y ella necesita demostrar que es real. Tiene tres obstáculos auto impuestos, su monopolaridad, el compás de su campaña con el aire y manerismos de su persona, y el discurso que maneja. Lo siguiente lo dijo en un town meeting de CNN el año pasado. Le preguntaron sobre la distensión con Irán ahora que está cerca a nuestros intereses en la lucha con Isis. La respuesta de Clinton: I am not prepared to say that we go in with Iran right now until we have a better idea what we’re getting ourselves into. ‘No estoy preparada para decir que nos metamos con Irán por ahora hasta tener más idea de en qué nos estamos metiendo’. Es tan cautelosa que sus respuestas contestan poco y sus tomas de posición no la posicionan con solidez ni claridad. Le falta arrojo, audacia, atrevimiento. Que tome una lección de Jeb cuando le dijo al conservadorismo que el país necesita una reforma migratoria. La gente busca autenticidad y ella es una candidata estudiada, monopolar y hereditaria.

Los demócratas son el partido del pueblo, con un símbolo de cuando el pueblo montaba en burro. El partido, sin embargo, parece empeñado en darnos una heredera de fortuna electoral. Una fortuna en burro es algo… incongruente. Ella necesita desmontarse, caminar en el llano, competir, tratar de llegar primero. Es lo que le dará legitimidad, pero sigue sobre el burro ante el aplauso de quienes ya invirtieron en ella.

El reto demócrata está en montar un desafío a Hillary en las primarias. ¿Quién le pone el cascabel a la gata? El liderazgo necesita convencerse, y convencerla a ella y al partido de la necesidad de un desafío. ¿Será posible? A sus posibles contendores les falta algo. Quizás sean demasiado gentiles y no quieran estropearle su fiesta.

La Sra. Rodham Clinton llega como viento del destino pero quizás acabe como soplo que pasó. Su campaña tiene dos lados. Vean estos números:

Hillary Diane Rodham Clinton

Favorable: 47.2% Desfavorable: 45.5% Indecisos: 0% encuesta de Huff Post

John Ellis Bush (Jeb)

Favorable: 23% Desfavorable: 34% Indecisos: 43% encuesta de NBC/WSJ

Ella tiene más a favor que en contra, él más en contra que a favor, pero vean:

Indecisos

Hillary: 0% , John. E. Bush (J.E.B): 43%. Huff-NBC

Hillary no tiene espacio para crecer, los republicanos sí, pero:

Democrats See No Choice but Hillary Clinton in 2016 NYT

El titular es que los demócratas no ven alternativa a Hillary, lo que tiene una consecuencia mayor: Su necesidad de explicar las in-consecuencias del discurso y la campaña Clinton, por pequeñas o absurdas que sean. Es porque no ven alternativa. No es que no la haya, es que no la ven, y no hay gran diferencia entre no verla y no haberla.

La oposición republicana está abanicando las brazas de sus inconsecuencias y el asombro que generan. Los golpes que le den quizás no sean grandes pero serán tantos como inconsecuencias tenga. El final puede bien ser su neutralización, algo como lo que le hizo Obama en el 2008. Hoy, quizás por no querer otro Obamazo, no tiene competidores. A eso se enfrentan los demócratas y no les será fácil, si lo llegaran a necesitar, reemplazar a Hillary Clinton. Se han atado de manos.

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