Guillermo Descalzi

El enemigo errado, el amigo equivocado

Trump visitó la sede de la Organización del Tratado del Atlántico Norte, formada para contrarrestar el desafío soviético en la postguerra, y causó alarma por las abundantes señales que dio de confiar más en Rusia, que no es amiga, que en nuestros amigos aliados de la OTAN. Busca cambiar su enfoque de la contención de Moscú a la derrota del “terrorismo con inmigración”, una mezcla de lo más extraña que presentó en su discurso de llegada a Bruselas el jueves pasado.

También para alarmar está lo que trató de hacer Jared Kushner, su yerno/ministro de todo, entablar un canal secreto de comunicaciones con Moscú manejado por la embajada rusa a espaldas de nuestros servicios de inteligencia, algo que huele muy mal.

Estamos por enviar miles de soldados a Afganistán, Siria e Irak para añadirlos a nuestra tropa de combate y ganar la guerra. No estaría mal ganar la guerra pero lo que necesitamos allí es ganar la paz. La guerra no la ganaremos a no ser que matemos a todos como hacían en la antigüedad.

El discurso de Trump en Riad, Arabia Saudita, pintó a los extremistas islámicos y palestinos como seres de otro planeta. “Drive them out of this earth” saquémoslos del planeta tierra, dijo sin tener en cuenta su cultura, historia y condiciones de vida… Esa es la verdadera contienda.

Nuestras sociedades han querido aniquilarse por imponer sus culturas… y lo hacen en nombre de Dios, pero somos tan ciegos que no vemos lo absurdo de esto: la tratamos como guerra y es una contienda de modos y maneras de vivir, de estructuras sociales y papeles del hombre y la mujer.

Nuestras culturas son enemigas por base religiosa desde 1095 cuando el papa Urbano II llamó a la guerra santa, un concepto iniciado por ‘nosotros’ y no ‘ellos’. ¿No será tiempo de cambiar el método del ‘encuentro’? Hoy necesitamos respetar su religión y ellos las nuestras incluyendo la judía.

Trump fue mejor recibido en Arabia Saudita que en la OTAN y el G-7 al que acudió después, y es que en Europa saben que el enemigo número uno sigue siendo Rusia, ese país con un gobierno que Trump parece creer amigo.

Con respecto al ‘terrorismo con inmigración’, como lo pone, no importa cuantos soldados añadamos para derrotar a Isis, Al Qaeda y los talibanes, el antagonismo de la cultura que les dio vida es alimentado por la guerra.

Nos equivocamos si pensamos que El Cairo, Riad y Amán son ejemplos de occidentalización exitosa porque el irrespeto sigue vivo allí y acá.

Nunca ‘vencimos’ a la China y somos ‘amigos’. ¿Qué hicimos para ‘ganar’? Los hindúes y los ingleses ahora son ‘amigos’. ¿Qué hicieron? Un ejemplo más reciente, el de Vietnam, ahora allí aceptan nuestra cultura occidental. Algo así debemos buscar en el Medio Oriente, entrelazar nuestras culturas, algo más fácil dicho que hecho porque para eso se necesita respeto y voluntad política en ambos lados.

Estamos en un mundo post-industrial donde el petróleo del Medio Oriente ya no tiene la importancia estratégica de antes. ‘Perderlo’ no nos matará pero seguimos portándonos en esa zona como si nuestra vida dependiera de ella.

Los árabes y la religión musulmana no son nuestros enemigos, ni Rusia es nuestra amiga, pero tratamos de imponer nuestra cultura a un enemigo que no lo es y abrirle nuestro país a un amigo que tampoco es, pero la Casa Blanca insiste en ello, y esto se hará real si republicanos y demócratas no despiertan –y rápido– a lo que ocurre.

Se necesita voluntad política para cambiar y para eso se necesita honradez. ¿Qué pasa en Washington que parece no haber ni lo uno ni lo otro? El país sigue vital pero nuestro gobierno parece una vergüenza.

Periodista, escritor y filósofo peruano.

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