Guillermo Descalzi

Cuatro de Julio: Ser uno

Es cuatro de Julio y el lema es E Pluribus Unum, de los muchos uno, un lema sin mucha realidad en la política actual, cargada como está de inseguridades y deseos en conflicto. No es de sorprender porque así ocurre en nosotros mismos.

Mis conflictos… Recuerdo como me costaba hablar en público al inicio de mi carrera. Tenía que pensar y escribir lo que diría para sentirme medianamente cómodo porque temía atracarme en su presentación, y de hecho así con preparación y todo me sentía incómodo.

La comodidad con uno mismo está ligada a su sinceridad. El ser ‘sincero’, sin-ser, vivir sin el filtro de nuestro ‘yo’ de por medio, dice que te debes sacar de la ecuación de tus apreciaciones para ver las cosas como son, y lo mismo para decir lo que es y no lo que creas, quieras o inventes, algo más fácil dicho que hecho porque estamos anclados en nuestro yo que se muere de miedo de no estar a la altura de lo que cree que es o debiese ser.

El lente con el que vemos filtra nuestra apreciación de la realidad y la vida, y la distorsiona con nuestro condicionamiento. Nuestro primer condicionamiento es formado por la satisfacción de nuestro gusto, queremos estar a gusto con la leche en el pañal.

Nuestro ‘yo’ vive invariablemente alrededor suyo siempre requiriendo más en y para sí mismo. Se siente insuficiente tal como es, relativamente pequeño y rechaza su pequeñez por temor a no que no lo satisfaga, un temor que lo lleva a establecer distancia entre ese yo y quienes realmente somos. En esa distancia –en ese vacío– vive la inseguridad que nos angustia y atraca.

Alimentamos una consciencia ilegítima, la del yo adueñado de nuestras vidas que asume la función de controlador, censor, directora, juez, actor y razón de su existencia, todo a la vez. La mayoría vivimos grandes porciones de nuestras vidas para satisfacer ese tirano.

Es en la función de tiranos que rechazamos o queremos cambiar al pequeñito que nuestro yo invariablemente ve en nosotros. No nos quiere pequeños y es su querernos grandes la que nos lleva a maquinar pensamientos y sentimientos artificiales apropiados para gente ‘grande’ como la que quisiera ser. No se da cuenta que solo lo verdadero es grande… aunque sea ‘pequeño’.

Nos volvemos grandes cuando abrazamos nuestra pequeñez. Para alzarnos debemos empezar por levantar lo más bajo de nosotros, la planta de nuestros pies. O lo último sube primero... o no sube nada.

El falso consciente acarrea percepciones filtradas por su deseo de satisfacción. Necesita darse cuenta que su satisfacción no importa al servicio de nuestro ser, que no es nuestro jefe.

La insatisfacción, rechazo y temor a nuestra percibida pequeñez nos separa de nosotros mismos, víctimas de una inseguridad nos embrutece aun cuando llegamos a finalmente creernos ‘grandes’.

La mayoría vivimos con miedo a nuestra insuficiencia, al ser poquita cosa, pero cuando aceptemos nuestra pequeñez nos daremos cuenta que en este mundo no hay gigantes, que el único gigante es el ego controlador y fuera de control montado sobre nosotros.

Una vez aceptada nuestra ‘chiquita-poqueza’ dejaremos de sentirnos chiquitos, nos habremos bajado del ego. Para no sentirse poquita cosa uno tiene que aceptar su pequeñez, y si uno se siente más o menos grande que otros… ese es su ‘yo’ hablando porque nadie es más ni menos grande que nadie… solo más o menos reales.

Nos adornamos para cubrir nuestra ‘insuficiencia y pequeñez’. El adorno para ser ‘brillantes’ es para cubrir la falta percibida en nosotros, por eso nos tapamos aunque lo llamemos ‘adorno’ o ‘arreglo’.

Cualquier cosa puede ser adorno, nuestra educación, cultura, dinero, solemos taparnos con todo. Llevar las cosas sin cubrirse con ellas es un ejercicio de toda la vida.

Seamos como somos y llegará el momento en que seremos uno, yo y nuestro ser. Seremos, habremos logrado la unidad, E Pluribus Unum en nosotros.

Periodista, escritor y filósofo peruano.

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