Guillermo Descalzi

Humala y el robo presidencial peruano

Una marcha contra la corrupción recorre las calles de Lima el pasado febrero, con un cartel que pide el encarcelamiento de tres ex presidentes: (desde la izq.) Alan García, Alejandro Toledo y Ollanta Humala.
Una marcha contra la corrupción recorre las calles de Lima el pasado febrero, con un cartel que pide el encarcelamiento de tres ex presidentes: (desde la izq.) Alan García, Alejandro Toledo y Ollanta Humala. AP

El Perú, experto en el arte del robo presidencial, ha dado un paso adelante para recuperar la dignidad de su gobierno.

Ollanta Humala y su ‘copresidenta’, Nadine Heredia, están en prisión mientras otra pareja presidencial, la de Alejandro Toledo y Eliane Karp, les manifiesta sentir “…profundamente la injusticia de la prisión preventiva… como si fueran nuestras vidas”. Y claro, si están prófugos él y su esposa, por eso la prisión preventiva habiendo causa.

El robo presidencial peruano se remonta al conquistador Pizarro, que mató al Inca Atahualpa y se quedó con su rescate. Allí empieza ese mal peculiarmente nuestro, el del robo presidencial pulido y refinado de entonces al caso Odebrecht de corrupción humana aprovechada con los sobornos de la constructora brasilera.

Los gobernantes del Perú a partir de la dictadura militar que los precedió, todos hasta Humala han robado.

Ollanta Humala es el primer encarcelado de ellos, 3 ex-presidentes en la lista de Odebrecht. Humala también es, en su prisión preventiva de 18 meses, el primer gobernante latinoamericano bajo arresto por su relación con la empresa brasilera.

Humala aprovechó tanto la izquierda como la derecha, les dio igualdad de trato. Llegó a la presidencia fingiendo ser izquierdista y así salió de una visita suya a la embajada de Chávez con por lo menos una maleta cargada de dólares. Luego demostraría su derechismo, torcido como fue, recibiendo 3 millones de dólares declarados por Marcelo Odebrecht, presidente de la compañía.

Alejandro Toledo, prófugo en California, llegó al poder como abanderado contra la corrupción y hoy es procesado en torno a manejos, propiedades y dineros mal habidos, hasta 20 millones de dólares pagados por Odebrecht en coimas durante su gobierno. Eliane Karp, la esposa y antropóloga belga que ‘hablaba quechua’, estuvo a cargo de millones más para las comunidades indígenas, millones que… ¿a dónde fueron a parar? Karp no está siendo procesada.

Los Toledo han escapado a más de una situación concluyente. El primer presidente indígena del Perú y su doble señora (se casaron dos veces) es una pareja de Houdinis paseándose con lo que se llevaron. El Poder Judicial le ordenó dos periodos de 18 meses de prisión preventiva, pero sigue prófugo, lo que atestigua la poca competencia del gobierno en Lima para lograr su extradición en este caso.

Alan García también es investigado por sobornos de la constructora para ganar la concesión de la línea del metro de Lima por el que ya están encarcelados diversos funcionarios de su segundo gobierno. García se llevó y destruyó tanto como el Fujimorismo, pero Fujimori al menos hizo algo, pacificó el territorio, curó la economía y, gracias, está en la cárcel por sus crímenes y el auto golpe que dio… pero esas son instancias comunes en el país por lo que debe haber algo más que lo mantiene en prisión. Recuerdo la frase de ‘ningún chino gobernará el Perú’, quizás por allí vaya el resto de la historia.

El primer gobierno de Alan García entre 1985 y 1990 dejó un Perú hambreado, asediado por Sendero Luminoso y el MRTA, con una inflación acumulada de 2,178 %. ‘Alan’ le dijo en una ocasión a Jaime Bayly que no se preocupase por el dinero, “yo llamo a tu mami, le pido cinco millones, me quedo con uno y te doy cuatro”. Quizás lo dijese medio en broma, pero también le dijo con más seriedad que “la plata llega sola”, que te busca, que tiene patitas. En su segundo periodo perdonó unos tres mil narcotraficantes que pagaron millones a un comité que respondía directamente a él.

Al palacio de Pizarro, el de gobierno en Lima, llegarán más de la línea pizarrista a no ser que el poder judicial siga con decisiones claras y contundentes, y también se espera compasión con ese expresidente viejo y con cáncer, cuya continua prisión huele mal, Alberto Fujimori que con todo el robo en su gobierno también pacificó el Perú.

El arte del Robo Presidencial Peruano ha sido escandalosamente fructífero. El encarcelamiento de Humala es un buen comienzo para frenarlo pero no basta. Hace falta que la acción judicial continúe con los que necesitan ya estar en prisión.

Periodista, escritor y filósofo peruano.

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