Guillermo Descalzi

La esperma occidental

La calidad de la esperma humana se cuantifica por el número de espermatozoides en el semen. El número, la cantidad total de espermatozoides por eyaculación en Norteamérica y Europa ha disminuido 59.3% según un estudio realizado a lo largo de 40 años, y su concentración por mililitro se ha rebajado 52.4%. En pocas décadas, de seguir sin determinarse y atajarse la causa, puede haber una epidemia de infertilidad masculina.

El estudio efectuado por el Dr. Hagai Levine de la Universidad Hebrea en Jerusalén fue un meta análisis de la calidad de la esperma mundial en 185 investigaciones, con 42,935 participantes en los cinco continentes proveyendo semen entre 1973 y el 2011.

Se encontró que el declive ha sido constante, de 1.6% por año hasta totalizar el 59.3% arriba mencionado, y esto ocurre casi exclusivamente en Estados Unidos, Canadá, toda Europa, Australia y Nueva Zelanda, las primeras sociedades de consumo industrial. Esto no se dio entre africanos, asiáticos y latinoamericanos cuya esperma continúa ‘OK’… por el momento.

“Nuestras acciones determinarán si y cuándo el declive de la fertilidad humana acabe amenazando la existencia de nuestra especie", dice el Dr. y añade que “es muy difícil creer (lo que ocurre), a mí mismo me cuesta aceptarlo”.

Las razones de la reducción son todavía especulativas, pero dice Levine que puede deberse a que “estamos expuestos a productos químicos a los que nunca antes estuvimos expuestos”.

Los agentes químicos de la familia de los Ftalatos, para dar un solo ejemplo, se hallan en el linóleo, llantas, pintura, jabón, productos de belleza, tuberías, botellas, bolsas y envases plásticos, y se ‘sueltan’ en todo lo que llevan o tocan… y consumimos. Los Ftalatos, usados para ‘suavizar’ plásticos, interfieren con el funcionamiento de las glándulas endocrinas como las gónadas que producen los espermatozoides. No son el único agente químico que nos afecta, pero sabemos poco de sus consecuencias por el ‘corto’ tiempo que han estado en uso.

Otro factor conocido en la reducción de la cantidad de espermatozoides es el cambio climático: los cambios de temperatura afectan la cuenta. ¿Podríamos estar entre las especies en peligro de extinción? ¿Las poblaciones ‘primitivas’ aventajarán a las ‘avanzadas’? Son buenas preguntas que no tienen, por el momento, respuesta.

La expectativa de vida en los Estados Unidos aumentó un total de 25 años durante el siglo XX, lo que sumado a la condición de la esperma occidental apunta a un envejecimiento de la población y una disminución de la proporción de niños en el país, al menos en la población nacida aquí. La tasa de nacimientos se mantiene igual entre los latinos llegados del sur; llegamos con una tasa de reproducción más alta y estamos hispanizando el país. Entre los menores de cinco años la mitad son de minoría étnica mientras que entre los mayores de 80 años el 80% es blanco europeo.

Luego está el factor emocional. Este es el país del estrés moderno y sabemos, para dar otro ejemplo, que la recesión del 2008 produjo gran ansiedad. Pues el número de nacimientos declinó notablemente tras el 2008 y recién está volviendo a su “normalidad”, anormal como es.

No sabemos lo que esto quiera decir para el futuro. Puede ser parte del lado negativo de nuestro adelanto… ¿O será una de las maneras con que la naturaleza, ayudada por nosotros, pone rienda a la explosión poblacional como amenaza a la estabilidad de la biósfera?

Fuimos 2 mil millones de seres humanos al fin de la segunda guerra mundial en 1945. En el 2016, tras 70 años, llegamos a 7 mil 500 millones. En 34 años seremos 10 mil millones… y si seguimos así en el 2100 seremos por lo menos 20 mil millones.

A la humanidad le tomó 2 mil años desde el nacimiento de Cristo para llegar a dos mil millones… y luego nos triplicamos en tan solo 70 años. Para el 2100, de seguir así, la población de 1945 se habrá multiplicado por diez, veinte mil millones de seres humanos. ¿Podrá la tierra sostener esa población? Por último: “Nuestras acciones determinarán si y cuándo el declive de la fertilidad humana acabará amenazando la existencia de nuestra especie”, dijo el doctor Hagai Levine.

Hay veinte mil preguntas para el mañana y, como en la canción de Doris Day (la recordarán los mayores de 50) “lo que será será, el futuro no puedes ver…” No, no lo podremos ver pero lo podemos intuir y la intuición nos dice que el resto del siglo traerá grandes desafíos a nuestra vida planetaria.

Periodista, escritor y filósofo peruano.

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