Guillermo Descalzi

GUILLERMO DESCALZI: Cabeza y corazón

El sistema que nos dio nuestra abundancia y libertad también nos da crisis periódicas, inflación permanente, mañas en Wall Street, océanos de deudas, ahorros que se esfuman, un congreso disfuncional, guerras sin fin, victorias derrotadas, derrotas ignoradas, y aún así seguimos en la lucha. Uno se pregunta por qué seguimos adelante. Debiese haber más frustración pero predomina la esperanza, y no es por fe en el sistema. Nuestra esperanza se centra en la vida porque en algún lugar del alma mantenemos siempre una chispa de fe en el amor y la verdad… ¿Y qué es Dios sino amor y verdad?

Tenemos la alternativa de ser verdaderos y amar o querer y satisfacernos. Nuestra cabeza, el lado intelectual del ser, busca lo verdadero para ser reales y servir o lo útil para poseer y satisfacernos. Nuestro lado emocional, el corazón, o ama y da o quiere y toma. Es asunto de cabeza y corazón.

Confundimos amar con querer, ser con tener, la verdad con lo que nos satisface. Republicanos y demócratas se rechazan y anulan por lo que quieren. Imagínenlos buscando la verdad para servir.

Let Go and Let God, deja ir, suelta todo y dáselo a Dios allá. Esto no es para todos. Muchos queremos entregar solo las partes que menos nos gustan en nuestras vidas, sus penurias y preocupaciones. Debiésemos ser más generosos pero en todo caso debemos siempre entregarle algo, así sea solo nuestro dolor. Si no damos en vida no entregaremos al final.

Vivimos con pensamientos y sentimientos que se excluyen. Podremos querer entregarnos pero en los casos de exclusión el pensamiento o el sentimiento se oponen a hacerlo.

Toda entrega requiere unión de cabeza y corazón. Solo en su unión hay entrega verdadera, y es que cuando la cabeza dice lo que el corazón siente, entonces, y solo entonces, hay verdad y amor. No se dan uno sin el otro.

A Dios rogando con el mazo dando supone compromiso, co-promiso, co-promesa, colaboración en Sus promesas acá, en el mundo. Pide a Dios, dale tus pre-ocupaciones y trabaja en tus ocupaciones. No es ‘ruégale y descansa’.

El ‘deja ir, suelta todo y dáselo a Dios’ conduce a una vida de retiro. La llevaron los anacoretas. Viene del griego ànakouro, retirarse. Se retiraban en lugares de soledad insegura, sin apoyo ni redes de contención, en cuevas, desiertos y montañas. Hay anacoretas modernos en lugares de soledad segura, con apoyo y redes de contención grupal en órdenes y conventos.

Si sientes la necesidad de retirarte, entregarle tu vida, dejarlo todo, estás en el camino del ànakouro tradicional. Yo me fui. Sentí me voy y me fui con mis virtudes, mis vicios y mi fe que nunca me faltó. El anacoreta tradicional se va como es y está, embarcándose en un trapecio de gran altura sin red de contención. Cambié, renací y volví. Si sientes ese llamado, entonces estás aproximándote a algo como el trapecio de Kayla en una vida que acabó de anacoreta en Siria. Es de pocos. Bendiciones. Para dejar todo, vivir sin nada, necesitamos fe en Dios, confianza emocional en Él. Eso es fe.

El ‘a Dios rogando, con el mazo dando’ conduce a una vida de compromisoen el mundo, compromiso de verdad y amor en obra. Es camino para muchos. ¿Donde están? Falta gente de verdad y amor. Muchos desconfían de ‘otros’, los que no son ‘ellos’, y como Dios en el mundo está en otros, entonces no deben confiar mucho en Dios. ¿No?

Ànakouro implica unión exclusiva con Dios, Koimonía implica unión común, comunión, ambos en griego clásico. Si lo tuyo es ‘A Dios rogando, con el mazo dando’, eres koimonios. Si es ‘Suelta todo y dáselo a Dios’, eres anakouros. Nuestra unión y entrega suele darse en algún lugar entre anacoreta y comulgante, pero la mayoría no se entrega a Dios ni allá ni acá, y muchos pasamos grandes periodos en-nosotros-mismos, en-si-mismados.

Dándote a otros te das a Dios acá, en el mundo, eres el hijo para el padre. Cristo fue koimonios, Juan Bautista anakouros. Jesús tuvo su periodo de anacoreta en el desierto pero su vida fue mayormente de comunión.

Se empieza uniendo cabeza y corazón. Se pasa a unión con otros y para algunos llega después el momento de comulgar con todos, incluso con quienes no comulgan con nadie. Nosotros nos comulgamos con ellos.

El anacoreta entrega su vida a trabajar el amor. El comulgante entrega su amor a trabajar la vida. Unifícate, hazte uno en cabeza y corazón. Sea como sea, sé real, vive tu verdad, ama, entrega tu amor.

  Comentarios