Guillermo Descalzi

El idilio de las armas

El atentado de Las Vegas es un crimen hecho posible por una interpretación legal pero errada y falaz de la segunda enmienda de la Constitución, adoptada en 1791… “Siendo necesaria una milicia bien regulada para la seguridad de un estado libre, el derecho del pueblo a tener y portar armas no será violado”.

Habla de un derecho regulado a armas que tomaban de 1 a 2 minutos en recargarse con una ‘baqueta’ (¿recordará alguien hoy lo que es una baqueta?) para la pólvora y plomo en el cañón, y luego había que cargar el gatillo (sí, también había que recargar el gatillo) con fulminante. Las balas de Las Vegas se cargaban automáticamente a ritmo de hasta 15 por segundo, 900 por minuto.

Si no es amor será infatuación la que hay aquí con las armas. Somos 4.5% de la población mundial y poseemos más de 50% de las pistolas y fusiles en manos de toda la población civil del planeta.

Es una infatuación ‘patriótica’. Nos indignamos por las víctimas del terrorismo, es patriótico hacerlo, pero el lobby de las armas se indigna por la indignación, valga la redundancia, por las armas usadas para matar el promedio de sus 92 víctimas diarias en el país.

Aquí en el 2014 hubo 32 muertos por terrorismo, el mismo año en que murieron 33,599 con armas de fuego. Dicen los infatuados que quienes claman su indignación por esas 33 mil víctimas promedio al año buscan un estado controlador, socialista, inconstitucional.

Ajustar las regulaciones tras un atentado, dicen, ‘sería aprovechar el atentado’.

¿Aprovecharlo? Ha habido más de 1,500 asesinatos masivos en el país desde el 2012, con ‘masivo’ definido como un incidente en el que mueren 4 o más. Las armas de hoy ayudan a efectuarlos.

La regulación de armas en la Segunda Enmienda debe ser “bien regulada”. ¿Puede alguien creer que este derecho esté bien regulado en la actualidad?

Es pasmosa la capacidad del lobby de armas para torcer la realidad, pero más pasmosa aún es la incapacidad de nuestros políticos para enfrentar lo que ocurre. La Asociación Nacional del Rifle (NRA) dona millones para sus campañas cada año, y sus beneficiarios promueven la defensa de sus intereses. Estaría bien, para eso está la democracia, pero no se detienen allí y suelen ‘ajustar’ la realidad a los fines de la NRA.

Sus víctimas eclipsan las de todas las guerras americanas. Unos siete (7) niños y adolescentes al día mueren por ellas, y 50 mujeres al mes, como promedio, son víctimas de armas en manos de sus parejas.

El lobby de la asociación monta una falacia sobre la que promueve un engaño: Que necesitamos armas para protegernos del estado. Sí, hay que protegerse del estado, pero las armas para eso hoy son la jurisprudencia, ciencia y tecnología, cultura, industria y finanzas, banca y mercados, valores y creencias, esas son las armas de la segunda enmienda el día de hoy. Las armas manuales son una farsa cuando se trata de defendernos de la tecnología moderna.

La tasa de homicidios en Estados Unidos es 25 veces mayor que en cualquier país de similar estándar.

Otra falacia es que los ‘buenos’ las necesiten para protegerse de los ‘malos’. Los estados con más armas tienen más muertos y más policías mueren en los estados mejor armados.

La única protección posible en Las Vegas hubiese sido una regulación para impedir la conversión de armas civiles en armas de guerra, como los rifles del asesino que se convertían en ametralladoras mediante la adición de un aditamento legal. La Asociación Nacional del Rifle, sorprendentemente, ha salido a favor de su prohibición. En buena hora, oponerse a una regulación en base a interpretaciones falaces de la segunda enmienda es cuando menos inmoral y cuando más criminal.

Periodista, escritor y filósofo peruano.

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