Guillermo Descalzi

Un nuevo ser está surgiendo en las Américas

El viejo y el nuevo mundo se mezclaron para crear un hombre nuevo que recién ahora está terminando de nacer. El 12 de octubre de 1492 selló su suerte y produjo reverberaciones que todavía hoy se sienten.

Los cálculos más aceptados de la población americana antes del descubrimiento hablan de 100 millones de personas. La población de Europa ese año se estima en 60 millones, había más americanos que europeos. Eso estaba a punto de cambiar.

Para el europeo el descubrimiento fue la mayor bonanza jamás habida en su historia. El asombroso crecimiento y fuerza de su civilización en la segunda mitad del segundo milenio se debe en gran parte a que el tamaño de su mundo se triplicó.

Un análisis rápido muestra como América cambió Europa. Todos saben que el vodka es una bebida rusa. Pues el vodka es de papa, y la papa fue llevada de América del Sur, del Imperio Inca. ¿Qué habrían tomado los rusos antes? Luego está el maíz. En la Europa anterior a 1492 los únicos granos eran trigo y cebada. El maíz y la papa fueron de los tesoros que se llevaron a Europa. También llevaron tabaco. Lo encontraron en Cuba, donde lo fumaban con el nombre de cóhiba, con acento sobre la o. De ‘cóhiba’ sale el nombre de Cuba.

Lo que más dio el descubrimiento al mundo antiguo fue un intangible. Renovó la esperanza en la humanidad.

Habíamos refinado la explotación del ser humano por el ser humano en sociedades donde no había escape al sufrimiento. El estrato inferior de la población, el 95% en Europa, era valioso más por su cuerpo que su humanidad. Proveía carga, servicio, trabajo y riqueza para el 5% restante. De pronto para ese 95% apareció una vía de escape. El descubrimiento marcó el fin de la sociedad feudal.

Los últimos han sido cinco siglos en los que la explotación del europeo por europeos fue trasladada a la explotación de indígenas por europeos.

El descubrimiento también marcó el fin de las sociedades nativas. No sobrevivieron el encuentro.

Tras la conquista el indígena cayó en desolación. Quedó sin cultura ni estructura. Entró a un infierno del cual recién ahora está terminando de salir. Se supondría que se hubiese llenado de resentimiento. No fue así, y es testimonio de la nobleza de su raza.

La danza de los siervos en la América hispana está llegando a su fin. Empezó 523 años atrás cuando los conquistadores ataron su suerte a la de los indígenas haciendo de ellos los siervos y de sí los servidos. En la América del Norte se exterminó a la mayoría de los indígenas, bueno para los blancos que se mantuvieron vitales teniendo que sobrevivir por sí solos. Fue fatal para los nativos.

El vacío cultural y de estructuras en que cayó el indígena acabó contagiando al europeo en la América Latina, cuya productividad se estancó por desuso y una ley de Indias que prohibía toda industria que fuese a competir con las de la ‘madre patria’, España.

La revaloración del indígena, del afroamericano y del mestizo también alcanza a los descendientes de Europa en los albores de un nuevo mundo en el nuevo mundo.

Han pasado 523 años y finalmente está terminando la conquista en todo el continente, Norte, Centro y Sur. Está naciendo un nuevo americano, hombre tricolor, blanco, indígena y afroamericano, con todas sus mezclas y matices, heredero de su tradición mixta que empieza a ser dueño ahora de sí mismo y su futuro. Tras 521 años está naciendo un nuevo hombre en las Américas. Feliz día, raza americana.

Periodista, escritor y filósofo peruano.

  Comentarios