Guillermo Descalzi

A todos

Viví con una bipolaridad severa, lo que antes llamaban manía depresiva, una afección que fracciona la personalidad… pero gracias a Dios conté con el aprecio de otros.

Hay pocas cosas que nos ayuden a integrarnos tanto como el aprecio de otros y ocuparnos en algo. El aprecio de otros me dio la autoestima necesaria en la ocupación de mi vida.

Todos sobresalimos en algo, y viceversa, las desventajas también son de todos. Conozco un joven autista que sobresale en arte. Hoy es pintor… con calidad de museo. Su arte, su ocupación, lo integra. A Stephen Hawking, el astrofísico paralizado, su ocupación lo mantiene vivo.

Mi hija Carolina nació con parálisis cerebral, se mueve en silla eléctrica y es asistente escolar en una primaria de Stockton, California. Sobresale en voluntad de vivir y espíritu de entrega y servicio. La aceptación y el aprecio que le dimos la ayudaron a ubicarse en su ocupación.

Para todos hay un camino y una ocupación en la que se ubiquen, hay bien en todos y si no lo vemos no es porque no exista. No lo vemos, generalmente, por inmadurez propia.

La mayoría carecemos de madurez en grandes porciones de nuestras vidas. Lograrla es tarea de todos, ricos y pobres, sanos y enfermos, analfabetos y cultos. Llegar a ella es una hazaña, una conquista, un logro para todos.

Creí ‘estar’ o ‘ser maduro’ porque no me veía a mí mismo. Es difícil darse cuenta de quienes somos. Nos vemos como capitanes, obreros, doctores, autistas, empleados, abogados, borrachos y más, figuras que nos tapan, nos cubren de apariencia.

La madurez se encuentra en el descubrimiento de uno, cuando dejamos de cubrirnos, cuando nos des-cubrimos. Eso se hace eliminando las distancias, las cubiertas entre lo que decimos y lo que sentimos, intelecto y emociones. Entonces empezamos a ser verdaderos, eso es madurez.

Si no vemos el bien en quienes están delante nuestro que no sea porque los cubrimos con nuestros prejuicios. Suele ocurrir de manera especial con los afectados de dolencias físicas, mentales y espirituales. Nosotros los cubrimos a ellos.

Hay tres personas en todos, persona física, persona emocional y persona intelectual. La tarea es unir la persona emocional y la intelectual en su base física, volvernos uno en trinidad humana, llegar a ser a semejanza de Dios, lo que borra todas las desventajas, las desvanece, pierden su importancia, nos acercamos al valor divino de lo humano.

Ser verdaderos, amar, darse, ofrendarse hasta en los difíciles de apreciar, especialmente en ellos, así encontramos a Dios.

Periodista, escritor y filósofo peruano.

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