Guillermo Descalzi

GUILLERMO DESCALZI: La opción republicana

La ultra es reaccionaria. Reacciona a los ‘desvíos’ de una república que se salió del camino trazado por los padres de la patria. Parece no importarle que la realidad haya cambiado, que los caminos ya no sean las sendas de tierra de las trece colonias. Quiere volver a una política, economía, sociedad, moral y religión enraizadas en la Revolución Americana, omitiendo los problemas que muchos de los ‘desvíos’ corrigieron. No ven o no quieren ver que también son respuestas a retos y realidades que no existieron cuando se fundó la república. Quieren la presidencia para darle la vuelta al país, ‘enderezarlo’… e imponer la visión de Netanyahu en el Medio Oriente, la fuente de la política árabe-islámica de la ultraderecha. Barry Goldwater, el contendor de Johnson en 1964, fue un moderado en comparación.

El problema republicano en la elección venidera es más que simplemente político. Es casi religioso. El partido maneja algo como una Inquisición Puritana de ultraderecha, embarcada en una cacería de brujas para quemarlas acá y bombardearlas allá. Son un obstáculo mayor al acuerdo con Irán, el abanderado de los chiitas en Irak, Siria y el resto del mundo islámico. Cualquier solución a su conflicto pan-regional necesita incluir a los ayatolas. De eso se encargó Bush II, destruyendo el Irak que los ‘balanceaba’, empoderándolos en su segunda guerra del Golfo. Nuestra ultraderecha, quizás por eso, comparte metas con los Inquisidores Islámicos de ISIS en su guerra con Irán. Yo estuve en la primera guerra del Golfo y vi la sabiduría de Bush padre al dejar intacto el gobierno de Saddam.

Netanyahu, el aliado de nuestra ultraderecha, ve ‘una amenaza a Israel’ en el acuerdo en ciernes con Irán. Quiere impedirlo y está tensionando la unión israelí-americana. Israel será amigo nuestro pero Netanyahu es casi un ultra republicano más, antagonista de esta administración, no precisamente su enemigo pero de ninguna manera su amigo.

El acuerdo, quizás nuestra única acción razonable en el conflicto civil-religioso árabe-islámico, está produciendo una extraña coincidencia entre Netanyahu, la inquisición islámica de ISIS y la puritana de acá: estarían felices si pasa lo que McCain risueñamente mencionó en su campaña 2008, bomb, bomb, bomb, bomb Iran. En Irak lo razonable es su partición pero la Casa Blanca, Irán aparte, parece incapaz de ser razonable allí. Así opino.

El Partido Republicano espera que ‘la situación’ dure lo que quede de esta administración. Luego, calculan, el gobierno será suyo. ¿Será? Quien a mal árbol se arrima mala sombra lo cobija. Ellos y Netanyahu se han pegado a lo más reaccionario del puritanismo inquisidor de la derecha americana, la que niega el cambio climático y la evolución, que deportaría 11 millones, eliminaría el Obamacare quitándole el seguro a 15 millones, pondría a los gays ‘en su sitio’ y ve a Putin como un ejemplo de acción presidencial.

Si los republicanos eligen la moderación, si Jeb es nominado, Hillary tendrá un verdadero competidor. Si su alternativa es el extremismo de la derecha el país optará por los demócratas. Todos los demás, incluyendo Ted Cruz, Rand Paul, Marco Rubio, etc., le hacen la corte a la ultra más extrema.

La mejor opción republicana está en Jeb, pero aún con un Bush III en la presidencia será difícil que la derecha se separe de Bibi, produciendo una especie de cisma en el partido. Uno de los consejeros de su campaña, James Baker, una vez prohibió a Netanyahu en su Departamento de Estado.

Noviembre del 2016 pudiese desembocar en un gobierno que deporte a millones, recorte la asistencia a millones y quite de la clase media a millones más. Así es la ultra que colabora con el nacional socialismo chino, porque eso es lo que hay en la China de hoy: nacional socialismo bajo la guisa de comunismo. La ultraderecha sigue siendo instrumental en la mezcla de su comunismo con nuestro capitalismo, el comu-talismo, el nacional socialismo del país de Mao. Los ultras colaboran en eso por centavos, porque allí pagan menos en mano de obra, dejándoles mayores ganancias. El nacional-socialismo es así, un estado duro con una plutocracia económica. Si hay nacional-socialismo en China, ¿por qué no lo puede haber acá? Si la alternativa es esa, entonces estaremos cerca de otra presidencia Clinton. Extrañas mezclas, Inquisidores-Puritanos y Nacional-Socialistas.

El liderazgo del partido no controla a sus ultras. Es víctima de su propaganda y su redistribución de distritos electorales para asegurar asientos conservadores. Si la opción republicana en noviembre del 2016 llega ligada a la ultraderecha, entonces el próximo presidente será presidenta. Así creo. No olviden lo que la ultra y Netanyahu realmente quisieran: bomb, bomb, bomb, bomb Iran. La opción ultra podría volverse una pesadilla nacional… y mundial.

  Comentarios