Guillermo Descalzi

GUILLERMO DESCALZI: La sabiduría

Guillermo Descalzi

Fui una persona a la que le costó darse cuenta cómo es la vida. Viví años que mi madre llamó oscuros. Pasó el tiempo. Llegaba a los sesenta de edad cuando me dijo sorprendida: “te has vuelto sabio”.

La sabiduría no se enseña, no hay nada que enseñar. Vive en uno, y entre nuestros mayores emprendimientos está el llegar a descubrirla. Me costó. Me sentía poca cosa y me ocultaba con humos y vapores. Toqué fondo. Dicen que necesitamos fondo para descubrirnos.

Des-cubrirse no es encontrar algo nuevo, es quitarle la cubierta a lo que está tapado, es des-cubrir las capas de oscuridad sumadas en nosotros en año tras año de emociones, resentimiento, amargura, complejos, vergüenzas, excesos, carencias, teorías y hechos, doctrinas, falsedades y realidades torcidas en su oscuridad oculta. Eso y más tuve que descubrir.

Fui un profesional de brillo pero un ser humano oscuro. Es que la luz ni llega ni sale de quienes están cubiertos. Me acerqué a la luz en la medida en que me fui descubriendo, pero antes busqué la oscuridad. Es un oscurecer que generalmente va en aumento a lo largo de la vida.

Tenemos dos fuentes de luz en nosotros: nuestra verdad y nuestro amor. Hay que quitarles las cubiertas, ser transparentes a nosotros y los demás. Si los demás no nos ven, que no sea porque nos cubrimos.

Me sorprendió lo retorcido que estuve. Mi descubrir fue público, así aprendí de la vida. Sabiduría es saber de vida. Ni se almacena ni se recopila. Es viva, activa, cambia. No se alma-cena. Su alma-cenamiento se come tu alma.

Conocimiento es cultura, datos, esquemas, procedimientos, y sí se almacena. Hubo épocas cuando los grandes sabios tuvieron muy poco conocimiento. Yo tuve mucho, y poca sabiduría. Mi conocimiento me llevó a Ginebra con Reagan y Gorbachov, al Kremlin con Clinton y Yeltsin, recorrí capitales y palacios. Fui acomplejado y altanero a la vez. Mi madre me decía: “Eres muy inteligente, tienes un gran corazón, y eres un gran idiota”. Tenía razón, hasta que llegó el momento ese en que me dijo “te has vuelto sabio”.

El conocimiento, como la sabiduría, tampoco se enseña. Se muestra. Eso es a lo que llamamos ‘enseñar’. Aprender es cosa tuya. El conocimiento se aprende, la sabiduría se descubre. La sabiduría es del ser y el espíritu, el conocimiento de la persona y su intelecto. El conocimiento aprecia, el saber valora. Hay quienes conocen el precio de todo sin saber el valor de nada.

Nuestra civilización encumbra a los que más tienen. El bien ni encumbra ni rechaza. El rechazo es método del mal; el bien acepta, incorpora y transforma. El encumbramiento separa.

Hoy me siento ‘igual’. Antes me sentía por encima o debajo de todos. Hoy me siento igual a los demás, todos los demás, cultos e incultos, ricos y pobres, sanos y enfermos, agraciados y desgraciados. Es una bendición.

Hay gente culta sin idea de la vida, ese era yo, y hay cultos en cultos de lo o-culto. Ni los cultos ni la cultura descubren lo oculto.

Todo saber está en nosotros pero nos creemos pequeños y rechazamos nuestra pequeñez. Preferimos no verla. Yo hacía cualquier cosa por no ver mi realidad. Necesité valor. Me valoré a medida que me descubrí. Empecé a vivir mi realidad en la calle y no me pasó nada… nada más que descubrir mis fuentes de luz ligadas al gran consciente transpersonal de la eternidad.

Todos tenemos destellos del pasado, momentos reflejados en el presente, deja vu. También ocurre al revés: El tiempo podrá no cambiar de dirección pero la luz sí, y la luz de mi presente alumbra mi pasado. Así cambié su significado, reflejando-le luz del presente en re-flexión. Se puede… si nos hemos descubierto. A veces también nos llegan destellos del futuro. Los llamamos premoniciones.

La sabiduría y la serenidad van de la mano. Nada altera a quien se ha descubierto y se acepta como es, con sus logros y fracasos, atributos y defectos, vicios y virtudes. A esa constancia la llamamos ser-enidad, unión del ser y la eternidad. A esa inamovilidad llegué en la calle. Es increíble, pero allí encontré serenidad. De cuando en cuando la pierdo, pero menos.

Busqué felicidad. La felicidad es fugaz, la serenidad es tranquila. Abarca la felicidad, la adversidad, el dolor, el aburrimiento, asedio y paz. Abarca todo,incluso el placer. Llegamos a la serenidad al igual que a la sabiduría, descubriéndonos. Descubrámonos. ¿Queremos viajes, aventuras, ser heroicos, conocer, amar y más? Descubrámonos, seamos reales, eso y mucho más hay en nosotros. Emprendamos el viaje interior.

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