Guillermo Descalzi

GUILLERMO DESCALZI: El hijo de Putin

Vladimir Putin
Vladimir Putin AFP/Getty Images

¿Quién le pone el cascabel al gato? En este caso es quién le pone el cascabel a Putin. ¡Que se lo pongan, que se lo pongan! Sí, pero… ¿quién, como? Estamos al inicio de una nueva guerra fría con episodios calientes. Empezó con la invasión de Ucrania, guerra con invasión y no el separatismo con rebelión que Putin pretende que sea.

Los países bálticos, Estonia, Letonia y Lituania, junto a Bielorrusia, Ucrania, Georgia, Polonia y Rumania están cerca del límite sin retorno en el pozo gravitacional de Moscú. Volverán, si Putin se sale con la suya, a depender de Rusia como lo hicieran antes, en la era soviética. Quiere, para empezar, dejar establecido que en ‘su’ Esfera de Influencia manda él. Habla de una Nueva Rusia, “Nova Rossiya”, un engendro suyo que por ahora se restringe a partes de Ucrania. Luego lo extenderá a donde pueda en la ex esfera soviética. Es un concepto casi mesiánico que impulsa su yihad para darle realidad a lo que ve como el destino manifiesto de Rusia. La Crimea es el primer vástago de sus esfuerzos, un hijo de Putin. Quiere tener más.

Putin no se detendrá hasta que Estados Unidos, Europa Occidental y la OTAN lo detengan. La Nueva Rusia, cada vez más autoritaria, ya evoca recuerdos de los campos de detención soviéticos, algo no muy lejos de la realidad porque Putin está poniendo en prisión a quienes perciba como una afrenta personal a él o a la moralidad rusa, ya sean las Pussy Riot, algún activista gay o cualquier empresario que no se le agache. Lo que sorprende aquí es la facilidad con que dice cosas que erizan los pelos.

Por teléfono con José Manuel Barroso, presidente de la Comisión Europea, le dijo que si quisiera tomar Kiev le tomaría menos de dos semanas hacerlo. En agosto, cuando los satélites militares de Estados Unidos empezaban a documentar el ingreso de tropa, tanques, artillería y cohetería rusa a Ucrania, Putin hablaba en Yalta de “sorprender al Occidente con el desarrollo de nuestra nueva (generación de) arma(s) nuclear(es)”. Es una insinuación de battlefield nukes, bombas nucleares para uso en campos de batalla, ‘mini bombas atómicas’ con un radio de acción muy limitado.

Es poco probable que el nuevo Kremlin pierda un enfrentamiento por Europa del Este porque Putin parece dispuesto a cualquier cosa. Cuenta con que el espectro de esa ‘cualquier cosa’ arredre al Occidente.

Hay veces en que es mejor perder, y Vladimir Vladimirovich Putin apuesta a que eso es lo que decidiríamos en un enfrentamiento con él. Ve la manera en que Stalin derrotó a Hitler en Stalingrado, sin reparo por la vida en oleada tras oleada de combatientes que mandó a su muerte en una batalla que duró cinco meses, una semana y tres días. El ejército rojo tuvo allí 478,741 bajas entre muertos y desaparecidos. No le importó el costo para vencer. También ve el aguante de Rusia en 1812, quemando todo para no dejarle nada a Napoleón en su avance a Moscú. El Zar hambreó a su pueblo para hambrear a Bonaparte.

Putin confía en que la capacidad rusa para sufrir hará cualquier guerra, económica o militar, más inaguantable para Europa y el Occidente que para él y sus sueños imperiales. También confía en sus armas nucleares, de campo o lo que sea. Hay, mientras tanto, un desencuentro entre Putin con Europa Occidental, Washington y la OTAN. El ruso llega con artes marciales y los aliados le responden con ajedrez. Es como si vivieran en diferentes realidades. Lo último de los aliados ha sido aprobar una fuerza de respuesta rápida, 4,000 hombres con capacidad de actuar en 48 horas. También continúan apretándole sus sanciones. Esa es la ‘contra-jugada’ aliada al desafío de Putin. La contra contra-jugada de Putin es anunciar ejercicios militares con inclusión de su arsenal nuclear.

Hay algo más, las alianzas de Putin en el mundo islámico. Su delicadeza no es tal que le impida aliarse con Assad de Siria. No se sorprendan si después traiciona esa alianza y se va con ISIS. Acaba de traicionar la firma del Memorándum de Budapest, de 1994, comprometiendo a Rusia a respetar la integridad territorial de Ucrania. Antes estuvo el tratado Molotov-Ribbentrop de 1939, con los nazis, dividiéndose Rumania, Polonia, Lituania, Letonia, Estonia y Finlandia. Ahora parece que ‘el bien’ para el Kremlin es, igualmente, cualquier cosa que le ‘convenga’ a Rusia según Putin.

Una guerra con Rusia y otra con ISIS pueden acabar confundiéndose en un solo frente contra el Occidente, una unión de facto aunque no sea de jure. Putin e ISIS tienen un mismo enemigo común, nosotros y el Occidente. Ya pueden imaginarse como sería un nuevo orden cortesía de Vladimir Vladimirovich y el Califa Al Bagdadi. ¿Tendrá Obama capacidad para contrarrestarlos? Obama… ¿estás?

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