Guillermo Descalzi

El gran cambio

Empezó la metamorfosis. Nuestra atmósfera ha cambiado sin que nos demos cuenta. Estamos en la alborada de una transformación planetaria y del género humano, algo que no deja lugar a dudas. Estamos cambiando, hoy, aquí, ahora. La cuenta se pagará mañana.

Todo afecta todo, así sea en una mínima fracción, pero el cúmulo de fracciones sumadas resulta en una totalidad tan vasta que es extraño que no la veamos, especialmente ahora, cuando esa realidad ha empezado a rodar cuesta abajo sobre nosotros.

La Tierra tiene su campo magnético. Nos defiende de la radiación solar, que ‘choca’ con ese campo ‘arriba’ de la atmósfera y lo ‘esquiva’. Sin eso estaríamos fritos, tostados. Hoy tenemos un nuevo campo electromagnético, esta vez en la atmósfera ‘baja’ y es de nuestra creación.

La red iniciada a fines del siglo XIX por Guillermo Marconi nos está convirtiendo en seres pan-planetarios, y poli-raciales, interconectados por ondas electromagnéticas que se cruzan por millones. Vivimos inmersos en esta nueva red y no sabemos su efecto a mediano y largo plazo. Que va a tener consecuencias, las tendrá. Ya se han iniciado.

Se habla de cambio climático. Debiésemos hablar de cambio atmosférico. Es el cambio atmosférico el que está produciendo el cambio climático que a su vez está causando el gran deshielo del siglo XXI. Sus efectos son dramáticos. Para ejemplo vayamos al río Amazonas. Empieza con gotitas a 5,500 metros de altura en las nieves del Mismi, al oeste del Titicaca. Al acabar en el Atlántico, 64,370 km después, su delta tiene 240 km de ancho. Acarrea el 20% del agua de todos los ríos del mundo y sostiene una selva que produce 20% del oxígeno atmosférico. La selva existe desde hace 50 millones de años, y en los últimos 50 hemos deforestado un área del tamaño de España y Francia. Los estudios indican su probable reducción a 15% de lo que es. Imagínense 10%, digamos, de menos oxígeno en la atmósfera.

Las nieves que dan lugar al Amazonas están desapareciendo. Como si fuera poco, uno de sus grandes tributarios, el Mantaro, se seca en las alturas 5 meses al año aproximadamente por acción de la represa de Tablachaca, que desvía su agua a una central hidroeléctrica donde se produce 40% de la energía de Lima. Es un progreso, pero un progreso con efectos insospechados cuando se hizo. Estamos ante una posible desertificación de gran parte de la Amazonia, de un Sahara sudamericano.

La capa polar antártica ha empezado a fracturarse y el deshielo del norte, interrumpido hace 10 mil años, se ha reiniciado. Ese deshielo elevó el nivel del mar de cien a doscientos pies, dependiendo donde, irrumpiendo por Gibraltar sobre una planicie en el fondo del Mediterráneo. En el Antártico hay suficiente hielo para elevar el nivel del mar otros 100 a 200 pies.

Nuestra percepción depende de nuestra vida interior, que cambia a pasos agigantados con la nueva red. No lo percibimos. Es más, nadie percibe la realidad pura. Lo que percibimos es un punto focal entre nosotros y lo que hay, el punto donde la proyección de nuestros esquemas (porque vemos todo en esquemas) se encuentra con la realidad. Esa es ‘nuestra’ realidad percibida. El resto queda afuera.

El tiempo enmarca nuestra percepción, es vital en nuestra esquematización. Ahora, todo es instantáneo pero no percibimos el instante. Tampoco percibimos el cambio lento. El deshielo no lo vemos por lento e instantáneo al mismo tiempo. Es en el instante, atravesado por miles y millones de ondas electromagnéticas, donde se produce el cambio. Sí se ha estudiado el efecto del CO2 y el metano del fondo marino, y el de los celulares en el ser humano, pero… ¿en la atmósfera y el hielo?

Cada centímetro cúbico de los primeros 200 metros sobre la superficie está cruzado por ondas que dan la vuelta a la tierra 7 veces y media en un segundo. No hemos analizado esta infestación, su efecto y consecuencias. Hemos convertido nuestra atmósfera baja en una inmensa zona de microondas.

La atmósfera está cambiando y el hielo también. Para neutralizar esto tendríamos que anular el avance tecnológico del siglo XIX para acá, y eso no va a ocurrir. Lo que debemos hacer es prepararnos, pero no lo hacemos porque no percibimos lo que ocurre. Seguimos sin ver lo que viene. Va a desaparecer una de cada seis especies animales en la tierra. En Florida se siguen construyendo torres con departamentos de millones a la orilla del mar. En el Amazonas se sigue talando madera, en las alturas y los polos las nieves y el hielo siguen derritiéndose, mientras nuestra red va en aumento sin que nos percatemos.

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