Guillermo Descalzi

GUILLERMO DESCALZI: De lobos y caperuzas

¡Pero abuelita, qué boca más grande tienes! ¡Es para comeeerte mejor! ¿Caperucita y el lobo? No, en este cuento la Caperucita es Eric Cantor, líder de la mayoría republicana en la Cámara de Representantes, y el lobo es David Brat, que se lo despachó en el séptimo distrito congresional de Virginia. La campaña de Cantor, con una bolsa de S5.5 millones, gastó $168,637 comiendo en Bobby Van’s Steak House. La campaña de David Brat gastó un poco menos en el mismo periodo, $122,743, pero en todo, incluyendo comida, y así presumiblemente hambrienta se comió entonces a Cantor. Fue un acto de canibalismo tea-partidario que reverbera entre los republicanos.

Cantor, quintaesencia del conservadorismo tradicional, fue derrotado por un neófito con apoyo del tea party. Las encuestas del líder le daban un margen de 32% sobre Brat. Tan confiado estaba que ni fue a su distrito el día de la elección, y perdió por 12%. Hay una evidente falla de percepción en la maquinaria republicana, la misma que proyectó la ‘victoria decisiva’ de Romney.

Nadie capta las cosas 100% como son. Es cuestión de grado. Unos ven algo muy distinto a la realidad, otros la ven solo ligeramente cambiada. Necesitamos, para entenderla, proyectar nuestros esquemas sobre ella. Es en esa proyección que se produce el desfase entre realidad y percepción, y hay veces en las que el desfase es fatal, como cuando alguien cree ver a la abuelita en vez del lobo, o viceversa.

La suerte de Cantor destapó el Síndrome de Caperucita en el partido. Afecta los centros de percepción. Lleva a los republicanos del Congreso a ver lobos en todos lados, incluso cuando son abuelitas reales y genuinas. Ahora, atención, no es un síndrome partidista. También afecta a la Casa Blanca, pero con una patología diametralmente opuesta a la republicana. Allí o no ven o evitan ver los múltiples lobos que hay, y en todo caso si los ven quizás no quieran tratarlos como lobos, a ver si así se tranquilizan y solitos se van. Es un Caperucismo de avestruz, que nos tiene ante la inminente pérdida de todo lo logrado en Irak. Tal es el Caperucismo en la Casa Blanca.

Los partidos no responden a la realidad, el demócrata porque quisiera ser optimista y actúa como si lo fuera, y el otro por pesimista. Los republicanos ven lobos en todos lados. No saben o no pueden distinguir entre los lobos reales y los ficticios que ellos mismos proyectan. ¿Gente pobre? Lobos. ¿Familias en food stamps? Lobos. ¿Welfare? Lobos. ¿Indocumentados? Lobos. ¿ Dreamers? Lobos. ¿Medicaid y Obamacare? Cosas de lobos. ¿Gays y lesbianas? Lobos y lobas. ¿Regulación de armas? Artimaña de lobos. El legislador republicano promedio ve lobos en todos lados. Los rechaza, y se opone a ellos con no y no para que… no se lo coman. Así es el Síndrome de Caperucita, versión republicana. Los lleva a la derecha de la derecha misma.

Cantor no perdió por moderado. Perdió porque se creyó estimado y seguro. Aquí conviene recordar algo de Salomón: “Vanidad de vanidades, dijo el Predicador, todo es vanidad’’. Sí, la vanidad está en todos. Incluso los asustados son vanos, y más porque el susto los lleva a compensar con apariencias.

La Casa Blanca no ve la realidad en Siria, o no quiere o no sabe verla, y éstá se ha desparramado sobre Irak. Quizás tampoco se den cuenta que su titubeo y vacilación con Assad es parte causal en esta nueva crisis regional. Será sorprendente si no afecta también a Jordania y Turquía.

Lo de Eric Cantor está llevando a los republicanos a creer que la moderación es un vicio. Sería en todo caso un ‘vicio ficticio’ porque la moderación, por naturaleza propia, excluye el vicio. Aún así, van a evitar ese ‘vicio ficticio’ con acciones reales más allá de la extrema derecha. ¡Si a ellos también se los pueden comer!

Si hubiese una especialidad en Psiquiatría Política, ya se hubiese declarado epidemia de doble síndrome de Caperucita, Legislativo-Republicana y Ejecutivo-Demócrata. El síndrome republicano los lleva a ver lobos en todos lados, y el demócrata a no verlos, o no querer verlos ni tratarlos como lobos en lado alguno.

La ironía y la coincidencia marcan la ruta del destino. Hay ironía en un candidato apellidado lobo, Milton Wolf, un teapartidista que quiere comerse al senador Pat Roberts en la primaria republicana de Kansas el 5 de agosto. Hay coincidencia irónica en que la Casa Blanca parece no cocinar bien con arroz, ni con Condoleeza Rice, consejera de seguridad nacional de Bush cuando ‘entramos’ a Irak, ni con Susan Rice, la actual consejera de seguridad a nuestra ‘salida’ de Irak, una debacle a dos arroces que algo debe indicar. Quizás sea que el desastre es bi-partidario. Lobo… ¿estás? Esperen, Caperucitas, esperen…

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