Guillermo Descalzi

GUILLERMO DESCALZI: Desastre en Israel

El primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, vota en las elecciones parlamentarias del pasado 17 de marzo en Jerusalén.
El primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, vota en las elecciones parlamentarias del pasado 17 de marzo en Jerusalén. AP

Netanyahu sigue desplegándose como abanico a ritmo de castañuelas. Asegura que lo que aseguró no lo aseguró. Aseguró, para la elección, que no permitirá un estado palestino durante su mandato. Luego aseguró que su verdadera posición es a favor del estado palestino y lo último de hecho revierte su posición una vez más, o sea, que ahora su nueva verdaderaverdadera’ posición de facto es en contra de lo que dijo estar a favor para no estar en contra de lo que dijo estar en contra. ¿Enredado? Lo que se enreda se cae. Se trata de su alianza con Naftalí Bennet.

Netanyahu para seguir en su puesto tuvo que aliarse con el jefe de Hogar Judío, un partido entre otras cosas anti-independencia palestina. Es un desastre. Israel tiene ahora el gobierno más antioccidental de su historia. Quién sabe qué le haya prometido Netanyahu, o a qué se habrá comprometido para formar un gobierno de mayoría mínima, de uno, con 61 de los 120 puestos del Knesset. Isaac Herzog, de la Unión Zionista, lo ha llamado un gobierno ‘de fracaso nacional’.

Bennet y Hogar Judío quieren más asentamientos, ‘judeizar’ las tierras ocupadas, o partes al menos, a lo cual se opone Occidente. No es que Bennet haya tenido mucho que imponerle a Netanyahu, Likud ya estaba controlado por ultras opuestos a cualquier noción de independencia palestina.

‘Bibi’, con ese nombre de inocencia juvenil ha perdido toda credibilidad en Occidente pero los ultras y sus conciliadores en nuestro Congreso parecen ciegos a lo que ocurre. La verdad de su nueva coalición y gobierno es que se están montando con engaño tras engaño para retener el poder. Al Departamento de Estado y la Casa Blanca les será difícil apoyar un gobierno así, y esa es la realidad aunque la nieguen.

Es irónico, pero debemos hacer lo posible por salvar a Israel de la percepción de fascismo en el trato que su gobierno les da a los palestinos.

Quiero ser claro: Amo al pueblo judío. No soy antisemita. No ser antisemita no significa ser antipalestino. Lo mejor que podemos hacer por Israel es ayudarlo a resolver su Cuestión Palestina, especialmente porque no solo es su cuestión, también es nuestra y de Occidente. Lo que vemos en el Medio Oriente es consecuencia del derrame de la Cuestión Palestina. Es de esperar que al menos por una vez tengamos la valentía de hablar y actuar con claridad, pero seguimos con posiciones de palabra nada más, y con el caño abierto sin condiciones para la defensa de Israel. Ayudamos a su defensa, y está bien, pero los palestinos necesitan que también defendamos su humanidad.

Netanyahu ha cruzado su Rubicón a territorio prohibido. Ahora nos compete ser verdaderos, no vaya a ser que pretenda también controlar la nueva Roma en Washington, DC. Es un peligro. Si Likud y Hogar Judío se salen con la suya, entonces podemos ya decir adiós al Medio Oriente, y olvidémonos de Siria, Irak y lo demás.

¿Seremos tan incompetentes de no actuar contra el antipalestinismo del nuevo gobierno israelí? Quizás, pero no por incompetentes sino por el poder de su lobby en Estados Unidos. No nos atrevemos a poner condiciones efectivas al nuevo gobierno.

Israel es, todavía, el refugio dado a los judíos por nosotros y Occidente tras el holocausto, a pesar de que los sionistas se jacten de que fueron Theodor Herzl y ellos quienes lo consiguieron. La verdad es que lo consiguieron ambos, Occidente y el sionismo. Ahora es tiempo de lograr el estado palestino. Mientras no lo tengan no se arreglará el Oriente Medio y Estados Unidos continuará enarenado en la disputa árabe-islámica.

Dos males no hacen un bien. Netanyahu, Likud, Bennet y Hogar Judío van a alzar la bandera del extremismo islámico, muy real, para justificar su propio extremismo. Que Washington, por esta vez al menos, sea claro y verdadero. Claros y verdaderos porque claros lo somos, pero… ¿verdaderos?

Hay 30 millones de desplazados en el Medio Oriente. Occidente compartirá la responsabilidad de su destino si no frena la insensatez del gobierno israelí. “Ya es tiempo” dice Saeb Erekat, principal negociador palestino, “que la comunidad internacional se dé cuenta de la realidad y responsabilice a Israel de lo que ocurre”. Sí, de acuerdo en general, pero sin responsabilizar a Israel. Al que hay que responsabilizar es a su gobierno, y será difícil hacerlo sin afectar al pueblo judío. También serán afectados los precandidatos del Partido Republicano que se sientan obligados a defender a Netanyahu, y la Casa Blanca va a tener que hilar fino porque la van a atacar por emplazar a la nueva coalición.

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