Guillermo Descalzi

GUILLERMO DESCALZI: El gran Satán o el gran confundido

O quizás seamos los grandes moralistas mientras surge una amenaza de carrera nuclear en el Golfo Pérsico. La anuncia Arabia Saudita, nuestro mejor amigo allí, para asustarnos. Tiene una línea abierta al poder nuclear. Financió el desarrollo de armas atómicas en Pakistán, que tiene el suficiente conocimiento para ayudarlos con su bomba saudita. También tiene suficiente solidaridad para darle una de sus bombas, si no se la ha dado ya.

En 1990, cuando caía la Unión Soviética, un funcionario cubano me dijo que seguirían sacando lo que pudiesen de los rusos y después “que se larguen”. Los sauditas pueden estar haciendo lo mismo con nosotros. Su rey boicoteó la reciente conferencia de países del Golfo Pérsico en Camp David al mismo tiempo que sus herederos designados le comunicaban a Obama que van a desarrollar la misma capacidad nuclear que desarrolle Irán. Es una amenaza de carrera nuclear para detener el acercamiento entre Washington y Teherán, demostrando una vez más que Arabia Saudita no es tan amiga como pretende, y su rey menos aún. Salmán, en esto, está del lado de su odiado Benjamín Netanyahu. Extraños compañeros.

El boicot saudita se extendió. Solo dos jefes de estado acudieron a la conferencia de Obama, el de Kuwait, que debe mucho a Washington, y el de Qatar, con mucho que tapar. Mientras tanto, Turki bin Faisal, prominente miembro de la familia real, anda diciendo “Fuimos el mejor amigo de Estados Unidos entre los árabes”, fuimos en tiempo pasado.

Arabia Saudita está uniendo al Golfo en oposición al giro estadounidense hacia Irán, y mientras vivimos nuestra normalidad en casa, en el Golfo se gesta una competencia nuclear que no podremos parar.

Obama quiere su tratado con Teherán. Los países del Golfo, si lo hace, van a revertir acuerdos con Estados Unidos, y si no… Israel puede tomarlo como luz verde para bombardear las instalaciones nucleares de los ayatolas. Estamos entre Israel y Arabia Saudita, la espada y la pared respecto a Irán.

Isis nos provoca para llevarnos a una guerra en tierra. Nuestra prensa nos satura con acciones verdaderamente dramáticas, ¡matamos un comandante!, y evita la más aburrida visión de nuestro dilema mientras Isis aguijonea a Riad para que despierte a la naturaleza de nuestra ‘neutralidad’ entre sunitas y chiitas. Las cartas no favorecen nuestra mano oculta.

El rey tiene sus simpatías no en otro lado pero tampoco en Estados Unidos, no precisamente. Desconfía mientras creemos que todo se arreglará si ‘mantenemos el curso’, ese que nos gana la animadversión de los sectores religiosos del área en esta guerra que insistimos que no es religiosa mientras unos nos creen El Gran Satán y otros El Gran Confundido. No ven nuestro sacrificio, ven nuestra imagen.

Nos engañamos si pensamos que Egipto y Jordania estarán con nosotros en una disputa con Arabia Saudita. Esa es la calidad de su alianza, y esa es la calidad que los sauditas sienten en nuestra alianza. Somos un carro enarenado en el desierto y queremos ‘mantener el curso’. ¿Qué curso si no vamos a ningún lado?

La disputa chiita-sunita vive entre Arabia Saudita e Irán. La Casa Blanca no puede hacer mucho allí y ambos lados tienen su ‘patrono’, Irán y los chiitas de Irak y Siria están con Rusia, los sunitas y Arabia Saudita más o menos con nosotros. Washington quiere ser ‘justo y equitativo’ con sunitas y chiitas para ‘integrarlos en paz’ fuera de Irán. ¿Será fantasía?

Estamos en disputa con Rusia a través de Irán, los chiitas y Assad mientras los sauditas resienten nuestro ‘patrocinio equitativo’ de chiitas en Irak y Siria, y nuestro acercamiento a los de Irán entre otras cosas porque ayudan a la ‘causa’ contra Isis. ¿Cuál causa? La que respaldamos, la nacional, no existe. Ellos pelean la causa religiosa que nosotros pretendemos que no existe.

En Afganistán tenemos la misma dificultad que Rusia en su manifestación soviética, y es difícil exagerar el impacto de su desastre afgano en Yeltsin, Gorbachov y la URSS. Queremos evitarlo yéndonos pero quedándonos en apoyo a ‘nuestro lado’, una contradicción inexplicable.

‘Ayudamos’ en Irak y Siria mientras Isis hace el trabajo de los sauditas con los chiitas allí, a la vez que presiona la monarquía en el reino. ¿Qué hacemos? Vacilar, pretender ganar sin que nadie pierda salvo Isis y Al Qaeda. No somos realistas ni donde debiéramos intervenir con más fuerza: la Cuestión Palestina, vía para un acuerdo regional. Nuestra vacilación, algunos la llaman otras cosas, está matando nuestros soldados. Mostramos el horror allá mientras vivimos nuestra normalidad acá. ¿Dónde está el sacrificio en casa? No se necesita, esta es una guerra a crédito. Con razón andamos así.

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