Guillermo Descalzi

El corazón de la oscuridad

Akemi Vargas, de 8 años, llora durante una protesta en Phoenix, el 18 de junio, al contar que las autoridades de inmigración la separaron de su padre.
Akemi Vargas, de 8 años, llora durante una protesta en Phoenix, el 18 de junio, al contar que las autoridades de inmigración la separaron de su padre. AP

Es el título de una novela de Joseph Korzeniowsky, un polaco que escribía en inglés bajo el nombre de Joseph Conrad. Ocurre en el entonces Congo Belga, es sobre la maldad en su colonia. Hoy es aplicable a los Estados Unidos en la frontera sur.

El Procurador General de Justicia, Jeff Sessions, reafirmó a comienzos de mayo la tolerancia cero del gobierno con la inmigración ilegal. “Si haces pasar a un niño ilegalmente, te perseguiremos, y ese niño será separado de ti, como lo establece la ley”, declaró.

Esa dureza, ese corazón, resulta en campos de internamiento para niños traídos por la frontera sur. ¿Y si fueran niños canadienses cruzando por la frontera norte? ¿Les harían ‘eso’? No hay lugar a duda del tinte racial y xenofóbico de esta práctica, la de un Herodes bíblico con la ley del talión, la de ojo por ojo. Si un niño te hace peligrar, entonces que los maten a todos. Aquí se trata de ‘confiscar’ todo niño del indocumentado que entre por la frontera sur. Es para evitar la ‘marronización’ del país porque de eso se trata. De lo que se trata, tras toda excusa y toda razón, es de evitar el cambio del color promedio en el país, la destronización del blanco.

Lo que hace el gobierno va más allá de lo que cualquiera alcanzase a pensar. Steven Wagner, del Departamento de Salud y Servicios Sociales, estima que en el año fiscal 2017 confiscaron más de 40,000 mil niños.

Los menores son pasados por ICE a la Office of Refugee Resettlement, oficina de reasentamiento de refugiados, que a su vez los coloca con ‘sponsors’, auspiciadores presuntamente escogidos por su idoneidad.

Entre octubre y diciembre pasados la oficina de Wagner buscó a 7,635 de los niños ‘confiscados’ y dados a ‘auspiciadores’. No pudo ubicar a 1,475 de ellos, no tiene la menor idea de que les sucedió, han ‘perdido’ casi el 20% de los que buscaron y, extrapolando la cifra a los 40,000 separados en el 2017, los perdidos de ese año podrían sumar más de 8,000… Y sigue la confiscación.

El país entero se alzaría si la mafia quitase a los niños de quienes no quieran su protección. Aquí se trata de la protección del gobierno a la ley, eso dice, pero la confiscación de niños no es ley y así lo fuera, proteger la ley confiscando niños es un horror.

La captura y separación de niños está a cargo del Departamento del Interior, Homeland Security. Kirstjen Nielsen, su secretaria, insiste en que cualquiera que ingrese con ellos los perderá. Los padres, dice la secretaria, “tienen la sencilla opción de no traer a sus hijos”, y mejor aún, de no venir.

Es miedo, meter miedo para frenar la inmigración indocumentada. Su oficina, dice el señor Wagner, no tiene la responsabilidad legal de su bienestar porque…

“When an unaccompanied alien child is placed with a sponsor, he or she ceases to be in the custody of the US government and all HHS-provided subsistence -- food, shelter, clothing, healthcare and education -- ends at that point...” Lo pongo en el idioma original por su desparpajo. La responsabilidad del gobierno, dice, cesa en el momento en que son entregados a sus ‘auspiciadores’, los sponsors.

Las repercusiones de la medida no acaban con esto. También hay miedo entre los nacidos aquí de padres indocumentados, unos 5 millones de niños estadounidenses.

En abril de este año Inmigración arrestó a 97 adultos en una planta de carne en Tennessee, la redada colectiva más grande de la década. “Al siguiente día”, según el Consejo Nacional de la Raza, pudimos establecer que unos 600 niños… dejaron de ir a la escuela” y no han vuelto por miedo, ciudadanos estadounidenses de padres indocumentados ocultos en su propio país para que no se los lleve ‘la migra’, y vayan a decirles que no se los van a llevar porque son estadounidenses pero eso no aliviará su miedo, el miedo no escucha razones.

Gobierno ‘bully’ con corazón de oscuridad, eso tenemos. ¿Difícil de creer? Sí, increíble pero cierto.

Periodista, escritor y filósofo peruano.

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