Guillermo Descalzi

La buena vida

MCT

Esto es para darnos cuenta, elevar nuestro nivel de percepción, abrir las puertas a lo que llamamos consciencia, ser conscientes. Todo el que lo es sabe, se da cuenta de su interdependencia con los demás, que uno afecta a todos y todos afectan a uno. Somos como los mosqueteros de D’Artagnan.

Darnos cuenta, la toma de consciencia, es indispensable para sobreponernos a nuestras circunstancias individuales tanto como sociales e, incluso, nacionales. Nuestra circunstancia sin embargo suele padecer de aflicciones con las que somos nuestros propios peores enemigos.

La toma de consciencia abre la puerta a la naturaleza espiritual de nuestras vidas, a eso volveremos al final. Mientras tanto lo que se debe buscar, a lo que todos estamos llamados a llegar es a darnos cuenta, a vidas conscientes.

El nivel en que vivimos la mayor parte del tiempo suele no ser consciente, es ‘sintiente’, y sentimos y reaccionamos para avanzar, progresar… y ganar.

Hay maneras de progresar, una es adelante, otra arriba, y hay una tercera, adentro, a la que nos dirigiremos después.

El objetivo de las vidas hacia ‘adelante’ es avanzar al frente de otros, ganar en servicio y provecho propio, un objetivo cuando más ‘neutral’. El objetivo de las vidas hacia ‘arriba’ es nuestro ser consciente en servicio de todos, allí empieza el bien.

El bien se alza sobre tres pilares. Del primero ya hemos hablado, el ‘darnos cuenta’, comprender, ser conscientes.

El segundo pilar del bien es la aceptación, aceptación de todo aquello de lo que nos damos cuenta, que comprendemos así sea ‘malo’ y es que el bien obra con aceptación incluso del mal que incorpora, transforma y sublima.

El bien es inclusivo, el mal obra con rechazo y exclusión, ese es su método. Hay quienes aspiran a vidas exclusivas, son la mayoría. Otros obran por la unión común, la comunión de todos, para lo cual debemos encontrar algo como el ‘mínimo común denominador’ en matemáticas, a Dios en todos los demás.

El método del bien, la inclusión y aceptación, nos eleva, nos lleva ‘arriba’.

El tercer pilar del bien es el entendimiento. Todo entender, por definición, incluye ser comprensivo, por eso al entender sublime se le llama comprensión.

El bien y el mal los ‘fabricamos’ nosotros para cada uno de nosotros aquí, en la existencia, cada cual en su vida.

La aceptación, inclusión y comprensión están –deben también estar– en la base de toda religión. De esa inclusión viene la palabra religión, de re ligare en latín, volver a unir, reunirnos. Desafortunadamente lo que solemos hacer es excluir a quienes no comulgan o no les permitimos comulgar con nosotros. Las religiones también necesitan darse cuenta, tomar consciencia de como operan y como son.

Hay una tercera y última dirección de avance y progreso, hacia ‘adentro’. A Dios, al bien supremo, se llega dentro de cada uno, allí espera a que le abramos la puerta, nuestra puerta interior para entrar en nosotros. Así lo concebimos y se vuelve el Dios de nuestra concepción, el Dios de cada uno según su concepción.

Con el tercer progreso, con Dios vivo en nosotros… se vive bien. Esa es la buena vida, una en la cual hay algo como en ese brindis de “arriba, adentro, al centro y adentro”, una vida en la que se pasa del progreso ‘adelante’ en servicio propio, al de ‘arriba’ en servicio de todos y finalmente ‘adentro’, Dios concebido en nosotros.

Periodista, escritor y filósofo peruano.

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