Guillermo Descalzi

GUILLERMO DESCALZI: EEUU y la impotencia armada

Dónde nos equivocamos? ¿En qué momento nos desviamos del camino? ¿Por qué la fuerza armada más poderosa del mundo pierde guerras repetidamente? El secretario de defensa dice que Estados Unidos necesita mantener su superioridad militar. ¿Superioridad, unas fuerzas armadas que no han ganado uno solo de nuestros últimos conflictos?

Debe haber algo que aprender en lo que Reagan, Oliver North y Elliot Abrams hicieron con la contra a los sandinistas. Fue un interludio nicaragüense en una sucesión de cataratas bélicas que por un momento devolvió el país a civiles que luego empezaron, nuevamente, a degenerar hasta culminar con el regreso electoral de los sandinistas, y allí siguen. Con esa excepción, y dos episodios ‘folklóricos’, Granada y Panamá, el resto ha sido empate o fracaso. Nuestra intervención en Bosnia llegó tarde, como parte de las Naciones Unidas y la OTAN, tras más de cien mil muertes en una ‘limpieza étnica’ que continuó mientras Bill Clinton se resistía a intervenir. Obama debe haber tomado esa lección para Siria.

Nuestra superioridad militar nos ha llevado a perder guerras de envergadura. ‘Medio perdimos’ Corea, perdimos totalmente Vietnam, estamos perdiendo Afganistán a medias o por entero, y estamos tratando de ‘des-perder’ Irak. Llegamos a esos conflictos con indiscutible superioridad en tecnología de guerra y perdimos o, como al Pentágono le gustan los eufemismos, ‘no ganamos’. Hay algo equívoco en nuestra superioridad.

En Corea fuimos mantenidos a raya por un ejército cuya comida se agotó a inicios de 1952. En Vietnam nos ganó un país cuya fuerza aérea empezó en 1964 con un solo avión de ‘combate’, un T 28 de entrenamiento cuyo piloto, un desertor de Laos, llegó con su avión a Hanoi. En Afganistán estamos semiparalizados por gente cuyas armas más efectivas son sus guerrilleros talibanes, y no solo no tienen aviación, ni siquiera tienen ejército y están listos para destrozar lo que dejemos. Más aún, nuestros amigos nos llevan a la derrota, gente como Maliki en Irak y Karzai en Afganistán que monopolizaron el poder y se pusieron a desperdiciar lo que logramos con nuestro sacrificio. Ni los que apoyamos los escogemos bien en el Levante.

En su libro sobre encuentros militares, Carl von Clausewitz dedica parte de un capítulo a distinguir La Ciencia de la Guerra del Arte de la Guerra. Si hubiese sido contemporáneo quizás hubiese incluido otro concepto, La Tecnología de Guerra. No hay duda que nuestras fuerzas armadas están adelante en ciencia y tecnología, lo que dice que debemos haber retrocedido en el arte de la guerra. “Saber no es hacer”, escribe Clausewitz. Somos campeones del saber bélico, la ciencia de la guerra, pero somos bastante incapaces en el hacer bélico, el arte de la guerra.

Hay cosas conocidas por los antiguos centuriones romanos y transmitidas a nosotros en dichos como “Aquila Non Capit Musca”, las águilas no cazan moscas. Hay que tener proporcionalidad. No se erradica talibanes desde aviones F16 a 165 millones con todos sus chiches y bombas de un millón de dólares, y eso hicimos en Tora Bora, donde se dijo que ‘había’ una súper-fortaleza talibán y donde al fin no hubo más que cuevas que bombardeamos tres semanas, incluyendo 72 horas seguidas con proyectiles crucero y bombas inteligentes. Lleva a preguntarnos qué habrá pasado con nuestros servicios de inteligencia, los de las armas de destrucción masiva en Irak.

Ni una mosca tiene mucha dificultad en evadir un águila, ni un talibán en escapar de un F16. ¿Y escapar de un drone? Hay que pensar en lo que implica esa tecnología de guerra a control remoto. Quizás contribuya a nuestra pérdida de habilidad en la guerra ‘en persona’. Eisenhower al retirarse de la presidencia advirtió sobre los peligros de dejarnos llevar por el “complejo militar-industrial”. Lo hemos tomado como admonición al rol de las corporaciones en la eterna carrera armamentista, más lucrativa con cada avance de la ciencia y tecnología bélica. Se nos hace imposible decir ‘no’ a un nuevo avión porque las corporaciones prácticamente compran votos beneficiando estados o distritos, y así acabamos con una fuerza aérea de águilas cazando moscas. Cuídense del complejo militar-industrial tiene también otro sentido. Aprendan, dice, a pelear sin depender de su tecnología porque puede incapacitarnos en el combate personal.

Nuestras fuerzas cuentan con bombas atómicas, submarinos nucleares, proyectiles, cohetes, misiles, portaviones, satélites, instrumentos espaciales, capacidad computacional, visión nocturna, detectores de explosivos, hasta carpas con aire acondicionado, y vez tras vez nos vencen bandas que no tienen nada de eso, nada. Necesitamos volver a los principios básicos del arte militar, siendo adecuados, sin águilas para cazar moscas, con más énfasis en nuestros combatientes, sus armas y su valor, pero la estrategia de Obama es al revés. Quiere águilas y solo águilas cazando moscas en el Levante… y ni uno de nosotros en tierra peleando.

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