Guillermo Descalzi

GUILLERMO DESCALZI: El sí de Obama

Leandro Fernández de Moratín nunca anticipó, cuando estrenó El sí de las niñas en enero de 1806, que la Inquisición fuese a condenar su labor y su obra, pero así fue, y era tan solo una comedia. Es que en ciertos temas tanto el como el no pueden causar escandalo sin importar la forma de su expresión. Eso pasa con Obama y su reforma migratoria, ofrecida vez tras vez tras vez. ¿Para qué se compromete si no la hará efectiva, al menos no por el momento? En su último ofertorio migratorio Obama, a fines de junio, anunció acciones ejecutivas para instalar la reforma a pedacitos antes del fin del verano, y ya están cayendo las primeras nieves en el norte.

De Ethelred the Unready, rey de Inglaterra tras la muerte de su medio hermano en el año 978, se dice que nunca estuvo listo para nada. ¿Qué se dirá mañana de Obama? ¿Qué sobrenombre merecerá? ¿El Incumplido? ¿El Dudoso? Duda, duda y duda hasta decir lo que va a hacer solo para después dar marcha atrás y luego... vacilar. También podría llamársele El Vacilante.

Obama busca ser justo mientras hace lo conveniente, pero la justicia y la conveniencia no siempre son compatibles. Lo justo sería cumplir su promesa de reformas en la ley de inmigración. Lo conveniente es evitarse problemas con la oposición republicana y allí, entre lo justo y lo conveniente, están atrapados más de 11 millones de indocumentados.

Unos 757,434 residentes se hicieron ciudadanos en el 2012, la mayoría hispanos, especialmente mexicanos y centroamericanos. Una encuesta mostró que 49% de ellos se identifican como demócratas, 14% republicanos. Entre los aún indocumentados no existe una estadística creíble de cómo votarían más de cinco años después de legalizarse, habiéndose ya vuelto ciudadanos. En opinión de este reportero, dada la oposición republicana a cualquier legalización, 80% bien podría resultar demócrata.

Los republicanos, que no son nadita tontos, saben que 80% de 11 millones le darían una ventaja abrumadora a los demócratas. Esa es la verdad de por qué se resisten a la reforma. No es por principio moral, tampoco por pegados a la ley, ni siquiera por culturalismo anglosajón. Es por politiquería, nada más y nada menos que por cálculo de conveniencia, y en eso se parecen a Obama que también, en esto, obra por conveniencia.

Los republicanos ven los números y saben que cinco años después de una legalización podría haber una avalancha de 8 millones 800 mil nuevos demócratas. Para ellos a fin de cuentas, reforma quizás, regularización jamás.

En el léxico político de Obama corrección parece conveniencia. Es así que poco después de junio de este año, cuando prometió su acción ejecutiva, determinó que esta generaría una ola de rechazo republicano. Mejor, habrá pensado, hacerlo tras las elecciones del 4 de noviembre, cuando el tema no tenga importancia electoral inmediata. Es un cálculo erróneo. Puede ocurrir como en Siria, donde prometió intervenir, después se tiró para atrás y luego, cuando finalmente intervino, el problema ya había hecho metástasis en Irak. Su vacilar en Siria está saliendo caro, mil millones en tan solo la primera semana de bombardeos. ¿Cuánto irá a costar? ¿Quiénes y de qué forma tendrán que pagar por su vacilar en inmigración? Ahora dice que actuará entre el 4 de noviembre y el fin del año. ¿Osaremos creerle? Podría serle aún más difícil entonces, por el 60% de posibilidades de que los republicanos arrebaten el control del Senado a los demócratas.

Obama suele actuar tarde, dar marcha atrás, tardar más y volver a actuar más tarde aún, como si en letra chiquita bajo cada decisión dijera ‘sujeto a demora’. Quizás en un futuro distante sea conocido como… ¿El Demorón?

En la actualidad somos 17% de la población. Es nuestro peso político, 17%, pero cualquiera que haya caminado las calles de Los Ángeles, Miami, San Antonio y otras grandes urbes hispanas del país, sabe que hay lugares donde somos más del 50%. Eso exacerba la oposición republicana a cualquier reforma porque nuestra concentración en ciudades y estados puede voltear el panorama político del país entero.

Es una pena que sea cálculo, conveniencia política y no corrección lo que decida la suerte de millones, y quizás al final de todo Obama acabe como ‘El Bien-Intencionado y Pobre-Resultado’. Espero equivocarme. Quisiera equivocarme, pero el sí de Obama puede resultar más veleidoso que el de las niñas en la obra de Fernández de Moratín, y eso que aquí no hay inquisición a la cual temerle. Lo que hay es el Tea Party, que no será el Tribunal del Santo Oficio, pero bien podría serlo por la euforia del celo religioso que motiva a muchos de sus adherentes.

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