Guillermo Descalzi

GUILLERMO DESCALZI: En qué se parecen Hillary y Trump

Hillary Clinton
Hillary Clinton AP

Son los dos increíbles, Hillary y Trump, asombrosos por su efecto a la vez opuesto y similar. Analicen esto y díganme al final si tengo razón o no.

Hillary es el Trump demócrata. Les quita oxígeno a sus rivales pero a pesar de eso ella no prende, no hace fuego, ni chisporrotea. Hay tanta expectativa y dinero invertido en su campaña que asombra la falta de entusiasmo que genera. Quizás sea por su paso de princesa en procesión, más lenta que el mismísimo burro demócrata. El partido quisiera más entusiasmo, que levante polvo, dé coces, haga algo, pero no quiere hacer aspavientos. Quisieran una burrita movida y tienen una Hillary que no parte porque cree que ya llegó.

Trump, el Hillary republicano, también les quita el aire a sus contendores pero él sí prende fuego, y demasiado. Es un auto estilado Paul Revere que corre anunciando que llegan los ilegales y otros espantos más. Muchos de los ‘del té’ sueñan con él pero, como aquellos que no se atreven a salir con una mujer indiscreta, ellos tampoco se atreven todavía a irse con él por demasiado aspaventoso. Quisieran un príncipe pero tienen un Trump.

Parecen opuestos y lo son en filosofía, temple y carácter, pero sus partidos también son opuestos y eso hace de cada uno de ellos algo igualmente desastroso para los suyos.

Hillary desempeña un rol como de princesa excesivamente discreta. Con su cabeza alzada y mirada al frente, ella no corre pero deja a sus competidores corriendo tras ella, una paradoja que debiese tener consternado al partido.

Trump, un natural de boca abierta, cabello absurdo y gestos de vendedor ambulante, es el delantero que asombra su partido. No lo pueden creer.

Hillary es patética. Tiene los mejores jockeys para la carrera y ni siquiera sale del corral. Quieren que trote y sigue parada.

Trump desconcierta. Entra con polvo y tosquedad a salas del té donde grita lo que quieren oír, sí, pero a ojo cerrado por los modales que no quieren ver.

Hillary debe creer que actúa ‘presidencial’. Le falta atrevimiento, perder el miedo a ser quien fue, ser menos cuidadosa, meter fuego en sus presentaciones. ¿Podrá hacerlo? No lo creo, no está en su naturaleza. No puede dejar de ser ella.

Trump debe creerse ‘ungido’ por su don populachero pero le falta finura, controlar sus instintos, ser más cuidadoso con lo que dice y empezar al menos a cortejar el liderazgo republicano. ¿Podrá hacerlo? No lo creo, no está en su carácter. No puede dejar de ser Trump.

La última encuesta Quinnipiac muestra más rechazo que apego a Hillary en tres estados clave: Colorado, donde solo 35% la ve con buenos ojos; Iowa, con 33% de aprobación, y Virginia, donde está mejor y 50% no la quiere. Es inexplicable pero sigue en la delantera con 63% versus 24% del segundo, Bernie Sanders, otro problema –por distintas razones– para el partido. No tienen reemplazo para la señora mientras los republicanos tienen… demasiados.

Trump en la última encuesta WP-ABC también tiene más rechazo que aceptación. El 54% desaprueba de él a nivel país, y también inexplicablemente va en la delantera con 24% que lo prefiere sobre Walker, Bush y Rubio, con 13, 12% y 7% respectivamente.

Entre Hillary y Trump 54% va por ella, 34% por él. Esto dice que hay más populistas que tea partidistas, y esa es la carta de Clinton, la populista impopular. Trump, el populachero de los con más clase, apuesta a tomar té.

Los republicanos tienen demasiadas opciones, necesitan tomar a Trump más en serio. ‘Divide y conquista’: Trump no necesita dividir con las 16 divisiones que ya tienen. Denigrarlo aumenta su popularidad. Debiesen conversar con él, ilustrarlo por si gane. No lo van a sacar ridiculizándolo, pero pueden maniobrarlo a un diálogo calmado donde no cuenten sus gritos.

Esto también indica el problema que los demócratas tienen con Hillary, la candidata vegetariana sin ‘beef’ ni sal que estará a la cabeza pero cualquiera con un poquito de carne y condimento le arrebata la presidencia en las finales. Es que el país se inclina más por la persona que por sus argumentos.

Son como back to the future, de igual efecto contrario cada uno en su partido. Es increíble, el populacherismo y soltura del Trump con la rigidez y aires de la Clinton. Dos partidos con dos que no quisieran tal como son. Hay veces en que la política presidencial se vuelve... surrealista. ¿Tengo razón?

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