Guillermo Descalzi

GUILLERMO DESCALZI: La frontera de nuestra evolución

Resulta extraño lo difícil que es cambiar la manera de nuestro tránsito por la existencia. Nuestros antecesores se movían por ramas de árboles en junglas salvajes. Los Sapiens-Sapiens lo hacemos por ramas de culturas y civilizaciones en junglas de poder, deseo y pasión. Ahora empezamos a movernos por ramas de luz en junglas de luz, por ramas y junglas hoy como ayer… y mañana también.

Varias especies humanas nacieron y murieron a lo largo de tres millones de años. Homo Sapiens llegó unos 500 mil años atrás. Nosotros, Sapiens-Sapiens, llegamos hace 200 mil. Hoy somos la única especie humana, el mar en el que las demás vertieron sus ríos. Su caudal está en nosotros. Australopiteco, Homo Erecto, Ergaster, Sapiens-Neandertal, todos están en Sapiens-Sapiens.

La desembocadura de las otras especies humanas en nosotros tomó mucho tiempo. La última, Neandertal, empezó a plegarse hará 70,000 años, cuando ocurrió un evento mayor muy extraño y no sabemos en qué consistió, solo sabemos que ocurrió. De toda la humanidad en todas sus variedades en ese tiempo, sobrevivió el código genético de solo dos personas en una banda de cazadores y recolectores en la quebrada de Olduvai, en la hoy Etiopía. La humanidad entera anterior al evento pasó por un embudo muy estrecho, al otro lado del cual salieron únicamente los descendientes de un hombre y una mujer de esa banda en esa época. Esa es la conclusión de décadas de estudios trazando el origen del genoma humano. Adán y Eva fueron más reales de lo que podríamos imaginar.

Doscientos mil años después de nuestra llegada al planeta, setenta mil después de Olduvai, está empezando otro evento mayor. Un observador distante habrá visto su inicio al iluminarse la atmósfera de la tierra. Un enorme salto tecnológico está dando nacimiento a una nueva especie humana surgida de nosotros, y no es exageración decirlo así.

Estamos integrando luz en nuestras vidas, una integración externa, mecánica, física, de luz tecnológica a nivel Especie. Hay otra luz, interior, del espíritu y conciencia, de dominio inverso. La tecnológica es colectiva. La interior es individual. Iluminar nuestro interior, encender nuestro espíritu y conciencia, siempre será tarea individual.

Pocos buscamos iluminar los laberintos de nuestro interior. Es más, fabricamos su oscuridad para ocultar lo que no nos gusta. Lo hacemos tan bien que la mayoría no conocemos nuestro ser, recluido casi como cavernícola de lo poco que lo acogemos, cuidamos y cultivamos. Necesitamos iluminarlo con la luz de la verdad en nuestras conciencias, y del amor en nuestros espíritus.

El fenómeno no deja lugar a dudas. La iluminación de nuestra atmósfera es una realidad hecha por el hombre. Somos, por libre albedrío que Dios nos dio, co-creadores de nuestra existencia. Estamos co-creando una nueva humanidad en un segundo proceso evolutivo. El primero, común a todas las especies, es de transformación por mutación y exclusión. Hoy somos la única especie planetaria en embarcarse en el segundo proceso, de transformación por integración y unificación. La mutación no es requisito en este modelo evolutivo. Puede no darse o darse después del cambio, y puede hasta ser manipulada.

Hemos iniciado este salto posibilitando el acceso instantáneo de todos a todo el conocimiento habido. Más complicado y problemático será facilitar la integración de nuestros modos y modelos sociales, religiosos, espirituales, económicos y políticos, pero esa integración se dará así tome mil años. No será fácil porque libramos guerras por dominancia.

¿Por qué ahora? Por tecnología y masa crítica. La humanidad por primera vez tiene la tecnología y masa, con siete mil millones de personas, para su fusión. Seremos pan-planetarios, poli-raciales y trans-terrestres, interconectados en la red electrónica iniciada por Guglielmo Marconi a fines del siglo XIX. Él desarrolló un método para generar, transmitir y recibir unas ondas descritas por James Clerk Maxwell en 1861 y demostradas por Heinrich Hertz en 1888. Las llamó ‘ondas del éter’. Son ondas electromagnéticas. Marconi posibilitó más que su producción, transmisión y recepción. Posibilitó la red electromagnética mundial en la que se está moldeando la nueva humanidad.

Se están modificando, tras al menos 70 mil años, nuestros procesos cerebrales, físicos y espirituales. Nos integraremos, a nivel celular, con nuestra tecnología. Ya existe el oído biónico para sordos, llamado implante de cóclea. Estamos trabajando en visión biónica para los ciegos, implante de mácula. Integraremos chips en nosotros, con enormes bancos de conocimiento, y aprenderemos a usarlos. Esto, por increíble que parezca, será más fácil que unir nuestros conceptos, creencias, costumbres, procesos y esquemas de vida, pero allí vamos.

¿Cuáles serán los parámetros morales de la nueva humanidad? ¿Qué dirá la religión? Tendremos que revisar conceptos básicos empezando por lo que quiere decir vivir en la voluntad de Dios, porque tanto arriba como acá, abajo, siempre se esperará al retorno del hijo pródigo.

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